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    A mi abuelo le gustaba contar una fábula, de esas que pasan de generación en generación, cuando identificaba a una persona que se dejaba llevar por una ambición desmedida. Es la historia de una mariposa que, volando cerca de una cabaña, se siente atraída por el fuego de una vela que bailaba junto a una de sus ventanas. Sin tomar precauciones, el insecto se abalanza sobre la llama, quemándose un poco la punta de las alas. Se aleja un poco ante la sorpresa, pero no desiste y regresa, hasta que de pronto se encuentra en el suelo, con las alas reducidas a ceniza. 

    Esa imagen última me recuerda a un adjetivo que parece acompañar siempre al modelo económico bajo el que funcionan la mayoría de los negocios, el capitalismo, es “rampante”: demasiado ambicioso, agresivo, sin escrúpulos. Es un hambre feroz que, así como el fuego de la fábula de arriba, destruye todo a su paso, incluso a las personas que deberían tener beneficio de ella.

    Lo cierto es que las grandes empresas, esas que son dueñas de otras que también abarcan gran parte del mercado, demuestran que es la manera en que desean operar, siempre a la búsqueda de cómo obtener más ganancias sin tomar en cuenta el bienestar de la gente que trabaja en sus filas o el entorno en el que se están desarrollando.

    Sin embargo, no todas las personas en puestos de director general se sienten satisfechas sabiendo que su compañía obtiene beneficios a costa de los demás. Hace una década, más o menos, comenzó un movimiento para cambiar esto. Raj Sisodia, doctor en negocios, creó el concepto de “capitalismo consciente” junto a John Mackey, co-CEO de Whole Foods, y lo convirtieron en un manual para construir y gestionar empresas desde un punto de vista menos rampante.

    Qué es el capitalismo consciente

    No es la responsabilidad social empresarial, es el ADN de actuación de la compañía, un elemento intrínseco para el éxito. Sin embargo, además de generar valor social, cultural, físico, ecológico y bienestar para todos los implicados, las empresas conscientes obtienen excelentes resultados económicos a largo plazo.

    El capitalismo consciente parte de cuatro principios clave:

    Un propósito elevado: Aunque todas las empresas y negocios quieren obtener ganancias, ese no debería ser el propósito de su existencia, sino una de tantas consecuencias. El verdadero objetivo tiene que relacionarse con lo que puede inspirar en su contexto, la innovación que dará a sus clientes, los beneficios que obtendrán sus empleados y lo que también se conoce como valor agregado: que va más allá de lo tangible o lo práctico, sino que se enfoca en cómo mejora la vida de las personas que se relacionan con la compañía.

    Cultura y gestión conscientes: Dentro de la empresa es donde comienza a vivirse este tipo de capitalismo, en el que se le da importancia a las habilidades blandas, además de las técnicas. Eso quiere decir que se aprecia que las personas que ahí trabajan sean íntegras, empáticas y con miras de aprendizaje, lo que quiere decir que las personas en puestos de liderazgo también. Así que existe también apertura para la creatividad, flexibilidad para adaptarse al cambio y buscar maneras de impulsar el crecimiento profesional, individual y colectivo, de sus colaboradores.

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    Integración de las partes interesadas: En el capitalismo consciente importan los inversionistas, los proveedores, los empleados, los clientes y la comunidad en la que se desarrolla. Por lo tanto, existen procesos que reconocen la parte integral que cada uno de ellos juega, como si fuera una cadena de eslabones que, para seguir funcionando, no puede correr el riesgo de descuidar alguno de ellos.

    Liderazgo consciente: Que es la base para que funcione, ya que es necesario que desde la asamblea de accionistas,  su consejo de administración y equipo directivo se abrace la idea de que es más provechoso crear y buscar nuevas maneras de trabajar, más allá de lo financiero, porque a partir de ahí se logra darle la misma prioridad a cada parte de sus procesos (inversionistas, proveedores, clientes, colaboradores, comunidad etc.), garantizar que la cultura laboral refleje los ideales del capitalismo consciente que sostienen ese propósito elevado, la razón de ser de la empresa. “Los líderes conscientes están más interesados en aprender que en demostrar que tienen razón”. Skip Prichard

    ¿Se sacrifica el aspecto económico? No es lo que ha demostrado el análisis a lo largo de los años. El mismo Sisodia investigó a las marcas que comenzaron a tomar este punto de vista y, según el libro que publicó entonces, el regreso de la inversión está en más allá del 1,025%, en comparación con las que aparecen en las listas de libros como “Good to great”, que arrojan el 122 %. 

    Y todavía vivimos en una época en la que el capitalismo consciente suena más atractivo, no solo para las empresas, sino para los profesionales y los consumidores. Las personas ya no se dejan convencer tan fácilmente de las tácticas agresivas de los negocios, ni desde el punto de vista del cliente ni como colaborador de esa empresa. Desean que, por un lado, exista un compromiso para respetar las condiciones de trabajo de los colaboradores, que se utilicen métodos amigables con el ambiente, que la organización se involucre en acciones que beneficien la comunidad en la que está instalada. Y, por otro, prefieren consumir en sitios con los que comparten valores, con los que se identifican, a los que pueden recomendar de manera orgánica a sus contactos, lo que les convierte en embajadores valiosos del negocio, porque sus comentarios son honestos.

    Es decir, es un ganar-ganar.

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