Billones de dólares circularon por las canchas y los estadios; generaron una derrama económica global y sentaron alrededor de alguna pantalla a miles de millones de aficionados. Incluso sin serlo, pocos se abstuvieron de -al menos por curiosidad- pasar un buen rato con partidos intensos, interesantes y entretenidos.
Sin estar exento de polémicas, politiquería, demagogia y mano negra, el deporte como tal se ve beneficiado de esta ola de interés, expectativa, aspiraciones, que le generó varios saltos cualitativos en la ampliación de su mercado.
Al menos unos 200 jugadores de elite vieron como sus contratos incrementaban su valor y como los clubes futbolísticos, ligas y asociaciones recibían un impulso comercial y de seguidores por todo el mundo.
Esta justa reúne, amasa, detona, sintetiza valor, transacciones, modelos de crecimiento e impulsa a millones de niños y jóvenes a buscar construir historias como las de quienes ahora se convirtieron en sus referentes de vida, modelos aspiracionales, el ejemplo a seguir o simplemente avivaron el deseo de ir por una rebanada de ese pastel multibillonario.
El deporte reaviva muchos de los las memorias de nuestras raíces antropológicas, remembranzas de batallas, la sensación de grandeza, superioridad, ganancia colectiva, no son 11 en el campo; sino millones contra millones. El perdedor cargará con la derrota mientras que el ganador pasará a la historia, habrá cumplido una misión y dará motivo a confirmar que somos mejores porque no se ganó, ganamos.
Cada gol es la afirmación de la autoestima de grupo, una victoria parcial motivo para dejar a un lado las preocupaciones, cerrarse a los problemas y meditar desde muy dentro “todo está bien”.
Casi como si fuera un exorcismo o posesión; podemos ver a los enemigos de frente, ubicarnos no al lado sino dentro de una esfera 360° donde nos adueñamos de 11 jugadores y mientras dura el partido se da esa “fusión” de ir y venir, aguantar, correr, sudar, ya no es un equipo sino millones infusionados, injertados, tatuados en cada camiseta.
En la época de la influencia y las redes sociales, había que sacar provecho de esa emotividad, dejar rienda suelta a un respaldo incondicional, hundirse en la hamaca del aliviane futbolero.
Se valió soñar, un campeonato significa que el país marcha bien, es mejor que otros y tiene motivos para que el orgullo nacionalista se desborde, se deslave e inunde todos los aspectos de la vida cotidiana.
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Entre mayor es esa necesidad de “rellenar” los faltantes de triunfo, realización, aspiraciones concretadas, (caray) de que al menos el salario alcance, mayor se vuelve esta afición intensa, al menos eso puede estar bien en la vida.
Ese efecto de sustracción, ausencia, selectiva, conformidad, paz y armonía que deja el futbol cuando se gana resulta todo lo contrario cuando se pierde, se deja de sentir y se da paso a la hazaña, el estar a “casi nada”, haberlo hecho muy bien y sin claudicar haber llegado tan lejos.
Pero así es el futbol, despegar para volar y en algún momento tendrás que aterrizar. Nada contaba en ese éxtasis, no hablar mas que de futbol permite evadirse de las malas nuevas, como va el crimen, la inseguridad, la economía, la educación, los problemas sociales, hay que hablar del campeonato.
Aun así, el ánimo continúa afirman much@s, servirá para mantener la llama encendida y salir cada día a dar el mejor y mayor esfuerzo, con todo, con determinación por el país, por los aficionados, por todos sin la menor distinción de género, raza, religión o partido político.
Seguro (ni como dudarlo) así se ha hecho siempre; de aquí a 4 años, la espera de la siguiente nos pone en otro nivel, hay tiempo para prepararse, planear, sacar los resultados, construir, formar, entrenar, limpiar el deporte, depurarlo, sacar a los corruptos que lo manejan y dar la espalda a todas las malas prácticas que no lo dejan crecer. Las jóvenes promesas están vacunadas contra todas esas patologías (si, claro).
Surgirán nuevos ídolos, y el legado quedará como el nuevo estándar de rendimiento, el siguiente paso es ir más allá, superar lo alcanzado, ahora si ir contra todo y contra todos para ocupar el lugar que el equipo y la nación se merecen.
Queda demostrado que no todo es ganar en la cancha, se triunfa de corazón, mentalidad, pasión, afición, muestras de afecto, bailes, humanidad, calidez y cantar los goles.
Sacarle raja al partido juntando a la raza con una chelas y tacos gratis para que se dejen caer y “arropen” a precandidat@s, diputad@s, senador@s, gobernador@s, echando porras a desgajo, que se vea el cariño que les tienen es un ejercicio que bien vale la pena. Total, alguien se la creerá.
Se extrañará la incidencia de los juegos en la agenda. Todo el mundo conectado a la circulación de un balón en la cancha y los días que se pasaron de forma acelerada, dándole a la rutina y la monotonía una pausa profunda.
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