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    Con respecto a los aspirantes, estos ejercicios democráticos les dan la oportunidad de transmitir su repertorio de habilidades, capacidades y recursos de comunicación, mensajes clave, propuestas, programas, ideas y aspiraciones; marcar distancia de sus competidores y dar respuesta a las principales demandas de la sociedad.

    Desde que Kamala Harris asumió la candidatura demócrata, el debate con Donald Trump se volvió uno de los eventos más esperados de los últimos procesos electorales en los Estados Unidos. Dado que fue precisamente un mal desempeño del presidente Biden lo que lo llevo a tomar la decisión de declinar y que quien fuera la vicepresidenta es ahora la protagonista, este será un momento clave y, sin duda, de mucho peso específico para la ciudadanía.

    Para los medios de comunicación, este acontecimiento suele llenarse de una mezcla de interés ciudadano, análisis político, noticia, prioridades de gobierno, escenarios; pero también -hay que decirlo- de buen rating ante un posible conflicto, exasperación, revelaciones, trascendidos, confidencialidades y hasta morbo sobre lo que se dirá, hará e interpretará durante el mismo.

    Los analistas revisarán a detalle propuestas, proyectos, promesas de campaña; sondeos de opinión, reacciones, mensajes, afirmaciones, contradicciones, el manejo de la escena y las interlocuciones personales entre los protagonistas. Entre lo considerado trascendente podemos destacar lo siguiente:

    1. Es la economía…

    De acuerdo con las últimas encuestas a nivel nacional, entre el 55 y el 61% de los electores consideran los temas económicos como su preocupación central y el área más relevante para decidir por quién votar. Aunque otras cuestiones como migración, derechos humanos, la guerra Israel-Hamas, tecnología y medio ambiente generan interés están lejos de estas cifras

      En palabras simples, al electorado le interesa saber que harán los candidatos para paliar los efectos de la inflación; disminuir el costo de los gastos cotidianos como la energía, el gas, la gasolina, comida, alquiler, seguros, automóvil, vivienda, insumos, artículos de consumo, salud, educación y -por supuesto- los impuestos.

      Estos tópicos ocuparan gran parte de la discusión y serán muy seguidos de cerca puesto que la gente a nivel de calle vive en una situación inédita, percibe el momento como delicado y cada día tiene que enfrentar constantes incrementos, redoblar sus esfuerzos o hacer restricciones en su calidad de vida, factores que sacuden las conciencias y mueven las motivaciones electorales.

      2. Lo que se dice, cómo se dice, cuándo y por qué se dice

      Para todo debate los nominados preparan frases contundentes, fáciles de recordar, slogans, mensajes cortos que buscan posicionar en las mentes de las audiencias. Buscan ligar su nombre con ideas, proyectos, soluciones, un concepto mejor y más eficiente que los de sus contrarios.

      En la parte verbal del debate entran en juego la estrategia, la capacidad de respuesta, improvisación, dicción, elocuencia, articulación; juegas con el sarcasmo, la contundencia, las analogías, debes administrar grandes flujos de información, seleccionarla y usarla con precisión y claridad para acotar, demeritar y provocar a tu contrario.

      Entre los espectadores influye el tono, la velocidad, el acento, las variaciones, la secuencia y el ritmo de la voz para demostrar seguridad, aumentar la credibilidad y generar confianza, puntos de los que sin duda habrá que estar atentos. 

      3. El lenguaje no verbal

      Gestos, posturas, el manejo de las manos, los movimientos, los ángulos, distancias, la vestimenta, los colores también generan percepciones favorables o negativas sobre todo en un evento televisado y en directo. Habrá que seguir de cerca como Harris puede contrapuntear los recursos histriónicos y mediáticos de Trump y sacarle jugo a su experiencia como fiscal.

      Muchas reacciones de los electores pasan desapercibidas incluso para ellos mismos, pero vienen precisamente de esos detalles mínimos que juegan parte de lo que se siente, se juzga, se critica y genera estímulos de comunicación subrepticios, instantáneos, naturales y que se combinan para criticar, evaluar y determinar si un candidato nos agrada, es congruente, empático, sincero o definitivamente todo lo contrario.

      4. El efecto contraste

      Los debates son ejercicios de contrapuntos, argumentos, respuestas y ataques. Hay que decirlo, las audiencias esperan un poco de confrontación y comparación, acuden a una contienda, esto es parte de una campaña, quieren estar con la parte ganadora y sentirse orgullosos de haber derrotado a sus competidores.

      Quienes apoyan a un candidato no cambian el sentido de su voto con los debates. Ante todo, afirman su postura y dejan salir su apasionamiento, filiación y apoyo, sin perder la oportunidad para atacar a los seguidores de otros nominados.

      Por ello, una buena parte del debate se dirigirá a los electores indecisos y se enfocará en los temas prioritarios para las regiones, estados o ciudades en disputa donde los candidatos llevan ventajas endebles o deben apuntalar su trabajo proselitista.

      Seguramente escucharemos historias, anécdotas, vivencias de campaña donde personajes de carne y hueso ilustren la sensibilidad, motivación y compromiso de los candidatos y con ello nos transporten a lo que buscan construir, las promesas concretas y los valores que los impulsan.

      Un debate para observar, criticar, tomarse el tiempo de repasar y comentar para finalmente tomar la mejor decisión. 

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