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    Marco Verde es un niño que viene del barrio. Así se describe mientras sonríe y sostiene en el cuello la medalla de plata. El triunfo que llegó al joven de 22 años, originario de Mazatlán, Sinaloa, el pasado 9 de agosto en los Juegos Olímpicos de París 2024, colocándolo en un lugar histórico, pues México no llegaba a una final de boxeo desde hace 40 años.

    “Soy un niño que viene de barrio, un niño con carisma, alegre, que siempre le han enseñado muchos valores y que a lo largo de los años fue creando mucho carácter y que es alguien que tiene mucha disciplina”, cuenta.

    Pero también reconoce que era un niño inquieto, que rompía todo en casa y que la escuela nunca le fue una tarea sencilla. “Siempre he batallado. Desde que tengo memoria, primaria, secundaria, preparatoria hasta la universidad. Es un caos. Eso puedo decir, que no me porto bien en la escuela, pero me va bien en el deporte”, explica.

    Debido a esto y con el fin de que ocupara toda su energía en algo, su padre, el exboxeador Manuel Verde, lo metió a hacer deporte, primero en el béisbol y luego en el box. “Siempre mi familia me dice que prefería pegarle al costal que agarrar un bat o una pelota. Yo no tengo memoria de eso. Yo creo que desde chiquito lo sabía, lo tenía en la sangre”.

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    El boxeo está en su ADN

    Siempre practicó deporte, a los seis años incursionó en el béisbol jugando como fielder, pero reconoce que tenía la habilidad de jugar en cualquier posición. “Me gustaba esa adrenalina de aventarme, pero lloraba, lloraba porque no quería jugar, creo que ese era el miedo de un niño chiquito de seis años, el conocer nuevas, nuevas experiencias, nuevas aventuras”, dice.

    Marco Verde en su participación en los juegos olímpicos de Paris, 2024. Foto: CONADE.
    Marco Verde en su participación en los juegos olímpicos de Paris, 2024. Foto: CONADE.

    Pero el boxeo lo trae en las venas. Su padre compitió en los Juegos Olímpicos de Barcelona de 1992, y para Marco fue su ejemplo a seguir. “A mi padre siempre lo veía como una inspiración, porque había ido a los Juegos Olímpicos, había sido también profesional. Él me mantuvo a raya de no irme por adicciones, alcohol o trabajos del narco. Siempre me mantuvo en la escuela, en el deporte y me puso una meta, que si la quería lograr todo dependía de mí y él siempre me apoyó”, recuerda.

    Comenzó en el boxeo a los 10 años y aunque durante tres años mezcló ambos deportes, a los 13 años tuvo que decidirse por uno. “Mi papá se sentó y me dijo, ‘¿qué vas a elegir? No puedes hacer dos deportes porque es muy pesado’. Yo quería los dos. Pues no era malo en el béisbol y no era malo en el boxeo”, explica.

    Para él la balanza se inclinó por el box debido a que, a diferencia del béisbol, no dependes de un equipo para ganar. “Me di cuenta que solamente era yo, arriba del ring soy yo, ni el banco te acompaña, nadie. Tuve esa visión de que el béisbol es un equipo, pero el boxeo es individual. Por eso me incliné también más por el boxeo”, menciona.

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    Reconoce que esta decisión también lo aisló de salidas con amigos o de fiestas y que se perdió de vivir bastantes cosas, así como también estar lejos de la familia debido a las competencias o a las concentraciones y entrenamientos. “Solo vas a desayunar, comer y cenar box y me dan ganas de vivir todo lo que me ha faltado de adolescente. Pero lo que me di cuenta es que en el deporte el tiempo se va”.

    Conquistar París

    Marco Alonso Verde Álvarez cree en Dios y en el destino. “[Creo] que todo pasa por algo, eso lo creo bastante”. Desde que llegó a París prefirió verlo como un torneo normal, “porque si lo ves de esa magnitud, los nervios, el miedo, el estrés, te consume y te come y no vas a poder hacer un buen torneo”, dice.

    Antes de cada pelea, Verde tiene un ritual: hablarle por teléfono a su papá. “Si no le hablo, ya estoy perdido porque no me siento cómodo, ya va mal la cosa. Siempre tengo que marcarle el mismo día de la pelea o un día antes. Muchos van a decir, ‘hablas de box’. Y no, no hablo de box. Lo que hablo con mi papá es, ‘¿qué estás haciendo? ¿Fue mi hermana a la casa?’ Creo que lo que hablo con él es [para] tratar de aislarme del box y eso me relaja”, explica.

    Marco Verde con su mamá Fabiola Álvarez. Foto : Angélica Escobar/Forbes México.
    Marco Verde con su mamá Fabiola Álvarez. Foto : Angélica Escobar/Forbes México.

    Mientras que arriba del ring, además de pensar en obtener el triunfo, también piensa en su familia, por todo lo que ha pasado para llegar hasta donde está y todo lo que tuvo que entrenar, “eso me da un levantón, un plus para salir a pelear porque al final de cuentas la mente arriba del ring te traiciona y ya estás perdiendo”, dice.

    Marco Verde rompió la racha de que México no llegar a una final de boxeo en Juegos Olímpicos desde 1984, en Los Ángeles, por lo que su triunfo lo posiciona como un hito histórico. Sin embargo, obtener la medalla de plata en París es algo que aún sigue dimensionando, “soy olímpico, hice historia, logré bastante, todavía no dimensiono. Hoy simplemente lo estoy disfrutando y que fluya todo”, cuenta.

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    Sobre los rumores de que no había recibido apoyo de parte de la Conade (Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte), del Comité Olímpico Mexicano, de la Federación Mexicana de Boxeo y de su estado natal, Sinaloa, él afirma que todos lo han apoyado y que no tiene quejas de nadie.

    De acuerdo con información de la Conade, Verde recibió durante el ciclo un millón 532,800 pesos por la vía de becas, premios y estímulos otorgados, así como 141,783 pesos por concepto de servicios del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR).

    Tras el triunfo en París, Marco no quiso dar a conocer los montos económicos totales que recibirá por parte de instituciones públicas y privadas. Sin embargo, recientemente la marca Mazda le obsequió un auto del año, mientras que el gobierno de Sinaloa le dio un apoyo económico de 500,000 pesos y una beca de 30,000 pesos mensuales a través del Instituto Sinaloense del Deporte (ISDE). Mientras que al entrenador, Radamés Hernández, se le otorgó un apoyo de 250,000 pesos.

    “Mi municipio, estado, universidad, Conade, comités, me han apoyado bastante a lo largo de mi carrera, por eso gané medalla, porque en el box [la pregunta es] ‘¿qué es lo que se necesita?’ [Y la respuesta es] mucho fogueo, estar peleando y en estos 12 años siento que lo tuve bastante, hubiera querido más, claro, pero aún así lo tuve y pude lograr la medalla”, cuenta.

    Sin embargo, reconoce que uno de los retos de los deportistas es el apoyo para poder ir a torneos. “Si apoyan desde aquí hasta Los Ángeles (2028) va a ser un México completamente diferente a estos Juegos Olímpicos”, afirma.

    Por ahora, Marco se enfocará en descansar, tomará unas vacaciones, se concentrará en concluir la carrera de Nutrición y mantendrá el suspenso sobre si se queda como amateur o incursionará en el profesional.

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    Para él el boxeo le ha dejado una gran lección que comparte con las generaciones que vienen detrás de él: (que) lo que hagas, lo hagas para ti y tu familia, no te enfoques en quedar bien con las personas, con los amigos. Yo he perdido bastantes veces y nadie está, y cuando gano, todos están. Hoy gané, pero yo ya sé quiénes siempre están, mi familia, mis amigos cercanos y hasta ahí.