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    En 2024, las monedas de países de América Latina se han debilitado por factores externos como la fortaleza del dólar ante las elecciones en Estados Unidos y el creciente riesgo de aranceles comerciales, así como por factores internos, particularmente por preocupaciones fiscales, advirtió la institución financiera suiza Julius Baer.

    El resultado de las elecciones en Estados Unidos podría añadir más presión a las monedas de distintas economías de la región, según el análisis “América Latina: aumento en los niveles de deuda en 2025”.

    En temas fiscales, la institución financiera indicó que la nueva administración de México enfrenta un déficit presupuestario de 5.9%, como proporción del producto interno bruto (PIB), que necesita disminuir mientras el gobierno federal continúa apoyando programas sociales costosos.

    Colombia, añadió, también enfrenta riesgos fiscales, ya que la administración de Gustavo Petro busca aumentar el gasto, mientras que en Brasil, los activos siguen bajo presión hasta que el gobierno anuncie las muy esperadas medidas de recorte de gastos en las próximas semanas. 

    Julius Baer explicó que la caída de los precios de las materias primas, que lleva a una disminución de los ingresos gubernamentales, también está afectando a la región, y la disciplina fiscal seguirá siendo un tema importante para América Latina en 2025, ya que los esfuerzos de consolidación se ven desafiados por los todavía altos pagos de intereses, debido tanto a las altas tasas de interés, como a los elevados niveles de deuda pública.

    Recordó que el Fondo Monetario Internacional proyecta un aumento de la deuda pública/PIB a corto plazo y señala que, para estabilizar la deuda pública alrededor de los niveles de este año, se requiere un superávit primario de, aproximadamente, 0.3% del PIB y esta cifra es mucho más ambiciosa que el déficit primario histórico del 0.5% del PIB.

    En este contexto, abundó la institución suiza, las monedas más débiles y la política fiscal más laxa pueden llevar a los bancos centrales a desacelerar el ritmo de los recortes de tasas (Brasil incluso revirtió sus ciclos de flexibilización y se espera que aumente la tasa de política monetaria hasta principios de 2025) para proporcionar apoyo a la moneda y frenar las presiones inflacionarias a expensas del crecimiento de la actividad económica.

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