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    Nuevamente representantes de todo el mundo se reunieron para discutir, hacer propuestas, llamar a la acción, presentar resultados de las investigaciones más recientes sobre los efectos de la ebullición climática, buscar consensos y solicitar fondos urgentes para emprender programas y proyectos que al menos devuelvan la esperanza de un futuro al menos viable para las próximas generaciones.

    El saldo más notorio fue -desafortunadamente- la ausencia de acuerdos trascendentales, parece incluso que el evento se vio minimizado, resultó intrascendente, fue incluso demeritado por la ausencia de muchos líderes y representantes que ayudaran a dar ese salto quántico que hace falta en materia de concientización, movilización y sentido de alarma que se requieren. 

    Las conclusiones expuestas son contundentes: para muchos científicos el daño es irreversible, aún en el mejor escenario llevaría décadas ver resultados concretos, las consecuencias están a la vista y se recrudecieron en estas semanas ofreciendo un preámbulo y contexto de advertencia sobre lo que serán los años por venir y la “nueva normalidad” que habrá de enfrentar el mundo.

    No es que se pierda la fe en que el mundo puede cambiar, que puedan lograrse y hacer efectivos grandes acuerdos políticos y que existe el potencial para que la ciencia, la tecnología, el conocimiento, pero sobre todo el trabajo organizado de la humanidad se conjugue para rescatar el planeta. 

    Aunque pareció quedar claro que esta lucha ha sido declinada. Tal vez son demasiados los problemas, quizá ya no hay recurso que alcance o los esfuerzos hechos solo presentan algunos resultados marginales, privo el desaliento y -en efecto- los escenarios que arrojan las proyecciones de los modelos más avanzados dibujan imágenes dignas del apocalipsis (esta palabra fue recurrente para describir con claridad las consecuencias de no haber actuado antes). 

    La Dana en España, los super tifones en el pacífico, incendios forestales, tornados, nevadas en pleno desierto saudí árabe; inundaciones, desbordamientos, deslaves, miles de damnificados, desparecidos, muertos, daños cuantiosos, infraestructura colapsada, millones de toneladas de basura y desechos las noticias diarias daban la razón a los expositores para demostrar en los hechos lo que ellos habían advertido hace décadas. 

    Terribles cifras de las pérdidas de bosques y selvas, especies de flora y fauna que se extinguieron, así como los acumulados de contaminantes emitidos todos los días.  

    Por si fuera poco, la contaminación en India y Pakistán le dieron el toque final de dramatismo a la reunión, miles de habitantes saturando los hospitales por los efectos de la polución del aire 30 o hasta 50 veces más allá de los limites permisibles. 

    Hablando de grandes retos, se presentaron las últimas evidencias de que los microplásticos (esas pequeñísimas partículas de apenas unas micras que nadie nota, pero están presentes en todo el planeta) pueden llegar al cerebro humano, al sistema circulatorio, a los riñones y los intestinos entre otros órganos.

    Eso solo como ejemplo de lo que sucede en las grandes urbes de casi todo el mundo, solamente que por no manifestarse tan escandalosamente nadie repara en reflexionar sobre lo riesgoso y nocivo que es vivir en un mundo en medio del desastre ecológico. 

    Para muchos el planeta ya no resiste, se convulsiona por el pésimo estado del suelo, rebosante de basura, lleno de desperdicios, desertificado, seco, estéril, enfermo, por momentos se pierde esa perspectiva objetiva e de la mentalidad científica, pero es tan brutal los reportes y análisis duelen, conmueven, la indiferencia y desanimo los redondean. 

    Aunque todavía quedan algunos resilientes optimistas, quienes no se resignan a rendirse, y se mantienen comprometidos con la causa hasta el final, sus grandes ideas parecen no tener eco por el momento en un mundo en modo de espera, en estado de shock, con las redes sociales ocupadas en otras cosas.

    Grandes ideas para capturar los gases de efecto invernadero, innovaciones tecnológicas para reciclar, tratar y desalinizar el agua; acabar con el problema del estiércol ganadero; rescatar los mares, ríos, lagunas, humedales; una cruzada para sanear los corales; remediar los incendios forestales, energías limpias, nuevos materiales. 

    La capacidad y tenacidad de emprendedores, organizaciones e instituciones siguen aportando soluciones cada vez mejores y mas accesibles. 

    Fondos, apoyos, inversión, esta cruzada debería ser la mayor prioridad para todos; nadie esta exento de los efectos de la contaminación, los desastres naturales y la alteración de los ciclos naturales a los que hemos arribado.

    Todo esto abre el debate sobre que un preocupante futuro que se encuentra cada vez más cerca. Hace apenas unos años se decía que los peores escenarios podrían llegar a final de siglo (2100), actualmente el reloj del apocalipsis climático señala al año 2050 como aquel en que probablemente será el del colapso terrible. 

    La convocatoria final solo reitera lo dicho muchas veces no hay salida, no hay plan b y no hay alternativa para desechar este planeta y cambiarlo por otro. 

    Aporta lo que te toca, menos basura, menos desperdicios, dale un poco de tiempo a compartir, participar, activarte, cambia tus hábitos y mueve a otros a hacer algo. Desde tu espacio algo puedes sumar, exige, demanda, reflexiona, infórmate, reporta, actúa.  

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