Cuando ocurre un incidente de ciberseguridad, la alta administración enfrenta una tormenta de urgencia y presión. Resolver lo que no se atendió antes, mitigar los daños inmediatos y prevenir futuros problemas se convierte en prioridad. Sin embargo, no hay una receta única para abordar estas situaciones, y las decisiones que se tomen en los días posteriores serán clave para convertir la experiencia en un catalizador de cambio o en una oportunidad perdida.
Tras un incidente, se abre una ventana de apoyo e inversión en ciberseguridad. Durante los primeros tres meses, se aprueban presupuestos, se crean comités y se implementan proyectos que antes parecían inviables. Pero este impulso tiende a desvanecerse, y las organizaciones suelen regresar a la “normalidad”. Este patrón es peligroso: las lecciones aprendidas deben convertirse en la base para una estrategia sostenible que proteja a la empresa a largo plazo.
Una de las herramientas más efectivas para capitalizar un incidente es realizar una sesión de lecciones aprendidas. Este ejercicio no debe ser una simple revisión técnica; debe involucrar a todas las áreas relevantes, desde ciberseguridad y TI hasta operaciones, finanzas y alta dirección. El objetivo es identificar qué salió mal, qué funcionó y cómo mejorar los procesos para el futuro. Estas sesiones deben abordar tanto los aspectos técnicos como organizacionales, como la efectividad de la comunicación, la toma de decisiones y la capacidad de respuesta.
Un error común es reaccionar de forma impulsiva, invirtiendo en herramientas o proyectos sin un análisis estratégico. Bajo la presión de “hacer algo”, muchas empresas recurren a implementar tecnologías costosas o retomar proyectos previos que, después del incidente, pueden no tener sentido. Si bien estas medidas son necesarias en el corto plazo, es crucial desarrollar un plan estratégico o plan director vinculado al negocio que priorice acciones de mayor impacto y asegure la resiliencia.
Otro patrón frecuente es la creación de comités o grupos de ciberseguridad. Aunque son un buen paso, su efectividad depende de su composición y propósito. Los comités que se limitan a ser sesiones informativas técnicas rara vez aportan valor. Por el contrario, los grupos que integran a líderes del negocio y alinean la ciberseguridad con los objetivos estratégicos pueden convertirse en una brújula para el futuro de la organización. Es fundamental que estos comités vayan más allá de lo técnico y se enfoquen en riesgos desde la perspectiva empresarial.
El incidente también pone sobre la mesa una pregunta importante: ¿dónde debería colocarse al responsable de ciberseguridad dentro de la organización y a quién debe reportar? En muchas empresas, el Chief Information Security Officer (CISO) reporta al área de TI, lo que puede limitar su capacidad de influir en decisiones estratégicas. Una mejor práctica es que el CISO reporte directamente al director general o al consejo de administración, asegurando que la ciberseguridad esté alineada con los riesgos y objetivos empresariales, no solo con los aspectos tecnológicos. Esto lo he mencionado en mi columna hace tiempo.
Recomendaciones para tomadores de decisiones tras un incidente
- Realizar una sesión de lecciones aprendidas: Convocar a todas las áreas involucradas para analizar el incidente de manera integral. Identificar no solo los problemas técnicos, sino también las fallas en comunicación, coordinación y estrategia.
- Desarrollar un plan estratégico de ciberseguridad: Alinear las inversiones en ciberseguridad con los objetivos del negocio. Evitar proyectos reactivos sin evaluar su impacto y priorizar acciones que reduzcan riesgos y fortalezcan la resiliencia.
- Fortalecer la gobernanza de ciberseguridad: Crear comités de ciberseguridad que incluyan tanto a líderes técnicos como de negocio. Estos grupos deben ser espacios de colaboración estratégica, no solo reuniones informativas.
- Definir la posición del CISO: Evaluar si el responsable de ciberseguridad tiene el nivel adecuado de visibilidad e influencia dentro de la organización. Considerar que reporte directamente al director general o al consejo para garantizar que la ciberseguridad sea una prioridad estratégica.
- Invertir en capacitación continua: Involucrar a toda la organización en programas de concientización y formación. La ciberseguridad no es solo responsabilidad del área técnica; cada empleado debe entender su rol en la protección de la empresa.
- Monitorear y evaluar regularmente: Implementar auditorías y simulaciones para probar la efectividad de las medidas adoptadas. La ciberseguridad debe ser un proceso continuo, no una reacción ocasional. Esto debe no solo verse técnicamente, sino inclusive considere la creación de KPI’s (indicadores) para ser mostrados a la alta administración.
- Realizar ejercicios tabletop de ciberseguridad para la alta administración: Estos ejercicios prácticos permiten simular escenarios de ataque y probar las capacidades de respuesta del liderazgo. Más allá de la preparación técnica, ayudan a fortalecer la toma de decisiones bajo presión, mejorar la coordinación entre áreas y reforzar la comprensión de los riesgos.
Un incidente puede ser la oportunidad perfecta para replantear todo: desde la forma en que se gestionan los riesgos hasta cómo se toman decisiones estratégicas. Pero esto solo será posible si se rompe el ciclo de la urgencia temporal y se convierte en una estrategia continua, proactiva y alineada con el negocio. Es una tarea compleja, pero absolutamente necesaria en un entorno donde la ciberseguridad no solo protege, sino que impulsa el éxito organizacional.
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