El comercio entre naciones está experimentando importantes transformaciones derivadas tanto de aspectos geopolíticos como económicos. Esta situación ha llevado al rediseño de los procesos de producción y la reorganización de las cadenas de suministro de las empresas. De igual manera, podría representar una buena oportunidad para países latinoamericanos por múltiples factores. Las decisiones correctas ayudarían a un mayor crecimiento y desarrollo económico en el mediano plazo. En esta primera parte del artículo se analizan algunos temas generales sobre la región.
Entendiendo la riqueza y diversidad de América Latina
La región cuenta con cerca de 650 millones de personas y representa alrededor del 7.5% del PIB global. Sin embargo, es importante resaltar que esta clasificación de “América Latina” es una simplificación excesiva de los países que la conforman ya que cuentan con una enorme diversidad en términos de su composición económica, disponibilidad de recursos naturales, acceso a mercados, entre muchos otros. Entender estas diferencias también ayudará a diagnosticar cuáles pueden ser las oportunidades para cada uno de ellos debido a las macrotendencias mundiales, incluyendo el nearshoring.
Nearshoring y la fragmentación de mercado
La última etapa de la globalización –que los historiadores consideran que inició a finales de la década de los 1980s– ha venido experimentando cambios muy importantes en años recientes. Los más claros se dieron entre 2017 y 2020, cuando se combinó la polarización entre Estados Unidos y China y los efectos de la pandemia por Covid-19. Esto ha ocasionado una fragmentación del mercado y un proceso de regionalización entre países aliados, incluyendo fenómenos como la relocalización de las cadenas de suministro (e.g. nearshoring). Dentro de esta fragmentación se debe comprender que los países de América Latina tienen planes estratégicos muy distintos entre sí.
Por un lado, países como Brasil y Argentina, cuya relación comercial es mucho más estrecha con China y que forman parte del grupo de los BRICS+. Por el otro, el grupo que incluye a México y algunos otros en el Caribe o Centroamérica que tienen un vínculo económico más cercano a Estados Unidos. Esta es la primera pieza del rompecabezas que nos permite entender en dónde están realmente las ventajas competitivas de cada país y cómo se incorporarán al cambio estructural que está experimentando el comercio internacional.
Existe un sinnúmero de estudios que han profundizado sobre la dinámica de la relocalización. De acuerdo con algunos documentos de Kearney y también de Deloitte, en el caso del nearshoring centrado en Estados Unidos, los países con mayores oportunidades potenciales serían México, República Dominicana, Costa Rica y Colombia, por mencionar algunos de los principales. En el caso opuesto, China ha venido construyendo un ecosistema comercial similar a la ruta de la seda bajo su programa Belt & Road (ahora en una versión 2.0), en donde algunos beneficiados podrían ser Brasil, Chile y Perú. A pesar de esta clara bifurcación global, esto no necesariamente significa que los países tengan que decantarse por completo por uno de los dos bandos.
Industria extractiva 2.0
La región se caracteriza por una enorme riqueza y diversidad en materias primas, lo cual ha ayudado a países como Chile (cobre), Brasil (soya, petróleo, mineral de hierro y maíz) y Argentina (soya, maíz y trigo) a tener un flujo constante de ingresos por la exportación de estos bienes. Sin embargo, existen algunos cambios estructurales en la economía global que resultará en la demanda de otro tipo de commodities.
La electromovilidad, la transición energética y la revolución tecnológica son solo algunos ejemplos de ello. Esto implicará una mayor demanda por tierras raras, litio, cobalto, grafito y níquel, entre otros. Brasil tiene la tercera mayor reserva de tierras raras. Bolivia, Argentina y Chile son los países con la mayor cantidad disponible de litio. En relación con el cobalto, Cuba, después de la República Democrática del Congo y Australia, tiene la mayor cantidad de reservas. Brasil es uno de los principales productores de grafito y níquel. En general, esto abona a las oportunidades de América Latina sobre los cambios de paradigma en la explotación y venta de materias primas: la Industria extractiva 2.0.
Ventajas competitivas derivadas de la demografía
América Latina cuenta con una dinámica demográfica más favorable que otras regiones del mundo (e.g. Europa), con una importante proporción de su población joven y en edad de trabajar. Casi el 70% de la población se encuentra en un rango entre 15 y 65 años, superando a países que forman parte de la OCDE o inclusive el promedio global, donde la proporción de este grupo tiende a ser más baja debido al envejecimiento poblacional. Esta pirámide demográfica más equilibrada ofrece una ventaja competitiva al potenciar la productividad, ya que una mayor proporción de la población activa puede impulsar el crecimiento económico y facilitar la innovación. Además, la presencia de una fuerza laboral más numerosa y dinámica atrae inversión extranjera directa, lo que puede generar un círculo virtuoso de crecimiento sostenido y desarrollo económico.
A pesar de contar con una población joven, América Latina enfrenta el desafío de mejorar la calidad educativa y el acceso a formación de alto nivel, lo que limita el pleno aprovechamiento de su capital humano. También requiere fortalecer la infraestructura pública básica (acceso a agua, electricidad facilidades sanitarias, vivienda, comunicaciones, etc.) y reducir los niveles de desigualdad del ingreso. El rezago en habilidades técnicas, la baja tasa de graduación en educación superior y la desigualdad en el acceso a recursos educativos son barreras que dificultan la competitividad de la región a nivel global. Para superar estos obstáculos, es crucial invertir en la formación de una fuerza laboral más calificada, lo que permitiría no solo incrementar la productividad, sino también fomentar la innovación y atraer sectores de mayor valor agregado, como la tecnología y las industrias creativas.
Algunas reflexiones preliminares
La relocalización de cadenas de suministro cerca de los principales mercados de consumo ha emergido como una oportunidad significativa para varios países de América Latina, especialmente como resultado de las tensiones comerciales, la reconfiguración de los países en bloques con mayores afinidades políticas y culturales y otras macrotendencias. También la electromovilidad, la transición energética y la revolución tecnológica, entre otros cambios de paradigmas, podrían contribuir a su potencial. A pesar de su diversidad, los países de la región se encuentran en una posición estratégica para aprovechar estas tendencias ya que ofrecen una combinación de proximidad a los mercados más grandes, costos relativamente bajos y un entorno favorable para la manufactura, la logística y la inversión extranjera.
Para maximizar los beneficios del nearshoring, los países deben abordar desafíos estructurales como el fortalecimiento del estado de derecho; asegurar la estabilidad macroeconómica, política y social; incrementar la capacitación de la fuerza laboral; y mejorar su infraestructura. Ello será clave para que puedan aprovechar su alto potencial y fortalezas en términos de ubicación y recursos. En la segunda parte abordaré algunos otros aspectos relevantes a considerar, entre ellos algunos sectores o industrias que podrían potencializarse, así como otros retos y oportunidades.
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Alejandro Padilla es Presidente de la Comisión de Política Económica del International Chamber of Commerce México y Director General Adjunto de Análisis Económico y Financiero de Grupo Financiero Banorte. Las opiniones expresadas en este documento son de exclusiva responsabilidad del autor y no representan la opinión de ICC México ni de Grupo Financiero Banorte ni sus subsidiarias o filiales.
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