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    Por Marilú Rasso, directora ejecutiva de Espacio Mujeres para una vida digna libre de violencia

    La violencia hacia las mujeres, es una problemática social compleja que ha destruido vidas y  perpetúa desigualdades sociales. Pero un costo poco documentado y actualizado es el económico.

    De acuerdo con el Banco Mundial  se estima que la violencia de género genera un costo asociado de hasta 3.7% del Producto Interno Bruto de un país, esto es, más del doble de lo que la mayoría de los gobiernos gastan en educación primaria. Este es un precio inmenso que afecta no solo a las víctimas y sus familias, sino a toda la sociedad. En México, este problema se ha convertido en una crisis nacional que demanda una urgente respuesta desde todas las esferas de la sociedad, incluyendo la económica.

    El impacto financiero de la violencia hacia las mujeres se manifiesta en múltiples dimensiones. En primer lugar, está el costo directo relacionado con la atención médica, servicios legales, albergues y programas de apoyo, además de  los  gastos que las mismas víctimas deben de destinar para atender las consecuencias físicas y psicológicas de la violencia. Si como sociedad lograramos erradicareste grave problema, estos recursos podrían invertirse en infraestructura, educación o programas de prevención y apoyo.

    En segundo lugar, están los costos indirectos, como la pérdida de productividad laboral y el ausentismo. En 2018 Inegi estimó que anualmente cada mujer perdió 30 días de trabajo remunerado y 28 días de trabajo no remunerado a causa de la violencia por parte de su pareja, por ello muchas mujeres víctimas de violencia se ven obligadas a abandonar sus empleos, ya sea por las secuelas físicas y emocionales, por el control ejercido por sus agresores o por la falta de redes de apoyo seguras.

    Esto no solo impacta negativamente en su autonomía económica, sino que también genera pérdidas significativas para las empresas y reduce la participación femenina en la economía. Otro estudio del Banco Mundial estima que las pérdidas económicas derivadas de la violencia de género en los sectores productivos pueden llegar a representar hasta el 2% del PIB en algunos países, incluido México.

    A largo plazo, los costos sociales son igualmente alarmantes. Las niñas y niños que crecen en entornos de violencia familiar son considerados víctimas directas de la violencia y experimentan efectos en su desarrollo psicoemocional y cognitivo, ya que están sujetos a niveles de estrés altos que pueden provocar que experimenten síndrome de estrés post traumático. Además, tienen mayor probabilidad de reproducir estos patrones, perpetuando un ciclo intergeneracional que incrementa la carga económica y social del problema, frenando sus oportunidades de crecimiento con una afectación directa a su desarrollo profesional y la posibilidad de mantener empleos estables. Aunado a la falta de acceso a la educación y al empleo para las mujeres víctimas limita su capacidad de contribuir al crecimiento económico del país. En México, de acuerdo a ONU Mujeres se calcula que son víctimas de feminicidio 10 mujeres todos los días, esto es, 10 mujeres que dejan truncados sus proyectos de vida y en muchos casos dejan en la orfandad a sus hijos e hijas.

    La erradicación de la violencia hacia las mujeres no solo es una obligación ética y moral, sino también una necesidad económica. Invertir en la prevención de la violencia y en la restitución de los derechos de las mujeres no debe verse como un gasto, sino como una inversión estratégica. Ampliar la red de refugios, implementar programas educativos de sensibilización y garantizar el acceso a la justicia son medidas clave que pueden reducir significativamente los costos asociados a esta problemática.

    México no puede aspirar a un desarrollo sostenible mientras más de la mitad de su población viva bajo el riesgo constante de la violencia solo por ser mujer. Reconocer el impacto económico de esta crisis es un paso esencial para abordar sus causas de raíz y construir una sociedad más justa, equitativa y próspera para todas y todos. Además, la dificultad para obtener cifras actualizadas sobre este problema impide una medición precisa. Sin datos confiables, es imposible desarrollar soluciones efectivas que aborden la raíz del problema y reflejen su verdadera magnitud.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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