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    Luis Donaldo Colosio Murrieta propuso la reforma del poder, que pasaba por ajustar las facultades presidenciales a lo que estrictamente permitía la ley, pero también de lograr elecciones legítimas, confiables.

    El 5 de marzo de 1994, ante una explanada del Monumento a la Revolución repleta de militantes expresó: “sabemos que el origen de muchos de nuestros males se encuentra en la excesiva concentración del poder.”

    En efecto, la urgencia de la transformación democrática estaba presente en las discusiones, en las movilizaciones obreras y estudiantiles, en la exigencia de una ciudadanía politizada y activa. 

    Pero, sobre todo, era la vieja maquinaria del partido dominante la que ya no funcionaba, por sus lazos, casi irrompibles con los titulares del poder ejecutivo, y porque la pluralidad política era un hecho, al que tenía que dar curso en elecciones competidas. 

    El PRI, en ese tránsito, tenía que convertirse en un partido más, cuya fuerza proviniera de las urnas.

    De ahí que Colosio Murrieta anunciara el “compromiso de reformar el poder para democratizarlo y acabar con cualquier vestigio de autoritarismo.” 

    El candidato a la presidencia de la República enlistó las iniciativas que el PRI impulsó y respaldó en el arranque de ese año complejo: debates de candidatos, acuerdos con otros partidos, revisión del listado electoral, observadores nacionales e internacionales del proceso electoral y resultados oportunos. 

    Cada una de esas piezas engranaban en lograr confiabilidad, certeza, regularidad y limpieza en las contiendas. 

    Todo ello se enmarcaba, además, en el Acuerdo por la Paz, la Justicia y la Democracia que se había signado el 24 de enero como una de las respuestas a la irrupción del Ejercito Zapatista de Liberación Nacional. 

    Colosio Murrieta fue asesinado 18 días después del discurso del Monumento a la Revolución que, con acierto, es calificado como uno de los más relevantes, por su oportunidad, pero también por su prospectiva. 

    El atentado en Lomas Taurinas, a manos de un tirador solitario, conmovió las estructuras del sistema político mexicano. Las disyuntivas en aquellas horas dramáticas eran diversas, donde voceros de lo más arcaico pedían optar por la dureza, hacer frente a la emergencia que provenía del magnicidio e inclusive de la rebelión zapatista con las herramientas que utilizaron en los años sesenta y setenta. 

    Y estaba la otra vertiente, que fue la que se impuso e impulsó el presidente Carlos Salinas de Gortari, la de abrir los cauces al profundizar la reforma política, por un lado, y de propiciar el diálogo y la negociación en Chiapas. 

    De ahí que uno de los legados más trascendentes de Colosio Murrieta sea justamente la democratización. Lo propuso como candidato a la presidencia de la República, pero se comprometió a ello desde que era dirigente nacional del PRI. 

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    Twitter: @jandradej

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