Los Estados Unidos habían sido siempre (o al menos así se han promovido) el referente de las oportunidades, el terreno fértil para realizar las expectativas, donde todo era posible si estabas dispuesto a poner lo mejor de ti y trabajar muy duro para lograrlo.
No solo eso; democracia, instituciones, modelo de eficiencia, economía, liderazgos, sociedad y estilo de vida constituyen los indicadores de la (auto) calificación como el mejor país del mundo.
En todas las áreas del desarrollo humano nada era imposible ni tenía limites; ciencia, deporte, negocios, familia, educación, salud, romance, familia, absolutamente todas tus metas eran alcanzables.
Por si fuera poco, contabas con las herramientas y recursos para lograrlo: libertad, tolerancia, inclusión, legalidad, valores, solidaridad, sacrificio, compromiso, heroicidad, emprendimiento, disciplina, autenticidad, integridad, el mayor terreno fértil donde el éxito era cuestión de unos años e incluso meses de intenso esfuerzo.
Las últimas semanas han puesto de cabeza la valoración objetiva de estas circunstancias, la presente administración evidencia y pone al descubierto la cruda realidad de lo que la sociedad y el pueblo americano están padeciendo.
Activismo, protestas, crítica, ansiedad, conflictos sociales, escarnio, burla, enfrentamientos, escándalos, el escenario se llena de emocionalidad e irracionalidad con los saldos del análisis de los resultados de un estilo de gobernar que contradice los pilares que hacían posible concretar el sueño americano.
Las mayorías siguen esperando ese milagro económico prometido, a nivel de calle se vive en la incertidumbre, la inestabilidad y la escasez. Los precios de las mercancías, alimentos e indispensables siguen aumentando, mientras que la preocupación y ansiedad para llegar a fin de mes y solventar renta, deudas, créditos, servicios, escuelas, salarios, medicinas y despensa continúan creciendo.
Cada vez son mayores los segmentos afectados por las guerras comerciales, los aranceles, la especulación y la falta de certeza económica y política. Lo mismo granjeros, rancheros, comerciantes, empleados, pequeños y medianos industriales, prestadores de servicios, profesionales independientes que artistas, estudiantes, maestros, científicos, deportistas y hasta los influencers a todXs les demerita este estado de tensión, exacerbación y conflicto permanente.
Los frentes de batalla abiertos abarcan disputas comerciales, negociaciones internacionales, acuerdos, leyes, instituciones e incluso las condiciones mínimas de lógica y razonamiento.
Desde la óptica del gobierno, los que protestan son disidentes, antipatriotas y perdedores; los medios, analistas o críticos son falsos, mediocres o están pagados por sus opositores; todos los migrantes son criminales o enfermos mentales; quienes exigen resultados son también detractores pusilánimes, mal agradecidos y flojos que no quieren ver los grandes resultados que se están alcanzado.
La violencia verbal intolerante fluye sin medida, sin contrapeso, sin un mínimo de sensibilidad, sin cordura ni mesura.
Los memes ponen una dosis de humor detrás de la cual se lleva a cabo una guerra propagandística que está generando oposición, unifica a otros países en contra de la figura presidencial americana, le dice adiós a la ilusión y somete a juicio mordaz esa pretensión unipolar evidenciando su crisis, deterioro y colapso
Los efectos de las guerras comerciales han logrado consolidar la resistencia, cuestionamientos y burlas a nivel macro. Si bien existen corrientes antiamericanas desde hace mucho tiempo; ahora todas se benefician y fortalecen de los desatinos y excesos de su actual gobierno.
La Unión Europea encuentra sólidos aglutinadores en los condicionamientos absolutistas, aires expansionistas, intervencionismo y altanería (hasta desprecio) mostrados. China saca buen provecho y asume sin restricciones la guerra comercial en puerta, ofrece tecnología, bienes, productos, mercancías y pone todo su inventario a la búsqueda de clientes en todo el mundo.
Una larga lista de países, organizaciones internacionales, asociaciones, fundaciones, grupos comerciales, institutos de investigación, académicos, empresas, lideres de opinión y medios de comunicación se agregan.
Hasta las universidades sufren de acoso y hostigamiento, amenazadas por los recortes fiscales. California no duda en entrar en una controversia legal por tarifas mientras que las protestas por asuntos como migración, energía, medio ambiente, inclusión, violencia, inseguridad, empleo, ingreso, feminismo, libertad de expresión, género y filiación política se extienden por todo el país.
Turismo, comercio, entretenimiento, producción, relaciones internacionales, servicios, recortes en investigación, salud, educación, vivienda y quienes dependen de estas actividades también sufren las consecuencias de los excesos presidenciales.
Las aspiraciones no pueden lograrse en medio de la visceralidad, hostigamiento, incongruencia y los arrebatos de un liderazgo personalista, impositivo, autoritario y simplemente superficial, banal y contrario a lo que se promulgaba unilateralmente como el ejemplo de nación donde el orgullo, las libertades y los derechos eran incuestionables.
Cuando las promesas incumplidas, ilusiones, demandas, deseos, éxitos y ambiciones se viven y solamente pueden alcanzarse segregadas, diferenciadas, privilegiadas todo el halo de realización plena se revierte y resulta todo lo contrario: desencanto, decepción, fracaso.
Duro es despertar a una realidad donde el imaginario aspiracional eclosiona, colapsa, se contrae y se aprieta mostrando sus fallas estructurales y omisiones.
Los cuestionamientos sobre el consumismo, la ideologización, cursilería y hasta la ridiculez de la vieja propaganda americana no cesan, ¿dónde están las leyes?, ¿el respeto a la ciudadanía? ¿la libertad, el disenso, la fiscalización? ¿se desvanece el sueño?
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