El choque del Buque Escuela Cuauhtémoc en Nueva York fue porque no tuvo la propulsión necesaria y quedó a merced del viento y fuerte corriente, así como el remolcador, que es auxiliar en la maniobra, lo dejó a la deriva, consideró el presidente de la Cámara Mexicana de la Industria del Transporte Marítimo (Cameintram), José Manuel Urreta Ortega.
“El mar es un entorno dinámico, y aunque se sigan todas las reglas establecidas, hay variables como la meteorología o las condiciones del agua que pueden alterar una operación perfectamente planificada”, expresó el empresario.
Dijo que este tipo de situaciones no necesariamente indican fallas humanas o técnicas, sino que forman parte del riesgo inherente a la navegación marítima, el cual es considerado en los sistemas de seguridad y en los entrenamientos del personal.
Añadió que durante maniobras de zarpe o atraque, una corriente repentina o una racha de viento no prevista puede modificar la trayectoria de un buque, a pesar de que se sigan los procedimientos establecidos y se cuente con apoyo técnico y de personal especializado.
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Dijo que la Secretaría de Marina y la Coordinación General de Puertos y Marina Mercante supervisan que las normas se cumplan en buques nacionales y en embarcaciones extranjeras que operan en aguas del país, por lo que apoyó al mando, tripulación e instructores del buque.
Las operaciones de navegación y atraque de los buques, incluidos los cargueros, se rigen por normas internacionales y protocolos diseñados para garantizar la seguridad de las embarcaciones, su tripulación y el entorno marítimo-portuario, apuntó.
A pesar del cumplimiento de normas y protocolos internacionales, existen factores naturales que en ocasiones pueden incidir en la seguridad de las maniobras marítimas, precisó.
Señaló que las condiciones como corrientes fuertes, mareas cambiantes o ráfagas de viento pueden afectar la precisión de una maniobra de atraque o zarpe, especialmente en espacios reducidos como canales o puentes.
Estos elementos son evaluados constantemente por las autoridades portuarias, pero su comportamiento puede ser variable en cuestión de minutos, sostuvo.
El empresario comentó que entre las principales disposiciones que regulan la seguridad de los buques, están el convenio SOLAS (Safety of Life at Sea), la norma internacional más importante sobre la seguridad de los buques ya que establece requisitos sobre construcción, equipo, navegación, prevención de incendios, salvamento y protección de la vida humana en el mar.
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Además está el código ISM (International Safety Management Code), que obliga a las navieras a implementar sistemas de gestión de seguridad que aseguren operaciones seguras, prevención de accidentes y protección del medio marino.
Así como el Reglamento Internacional para Prevenir Abordajes en el Mar (COLREG), que establece las reglas de navegación que deben seguir todos los buques para evitar colisiones, incluyendo señales de maniobra, velocidad segura y derechos de paso, y el convenio MARPOL (Convenio Internacional para Prevenir la Contaminación por los Buques), que pese a estar centrado en la protección ambiental, incluye disposiciones de operación segura relacionadas con el manejo de residuos y sustancias peligrosas.
“Todas las embarcaciones, tanto comerciales como de instrucción, operan bajo un marco normativo muy claro que establece cómo deben realizarse las maniobras en puerto, en canales navegables y en aguas internacionales. Estas normas están vigentes y se aplican rigurosamente en el transporte marítimo”, expresó.
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