
Una cortina negra se abre y, de pronto, la figura de la actriz irrumpe en el espacio. El fulgor de su vestido se propaga al roce de las luces y la mirada de la protagonista se enciende. Adriana Paz esta vez no encarna un personaje, sino que se expresa a través de su propia piel.
“Si todos brillamos, es bueno para todos”, dice, en entrevista, la artista mexicana, quien, el año pasado, fue premiada junto con Karla Sofía Gascón, Selena Gómez y Zoe Saldaña por el Festival Internacional de Cine de Cannes en la categoría de Mejor Actriz, por su participación en la película Emilia Pérez.
Y es que Adriana se define como una actriz muy tenaz, muy comprometida y llena de sueños en un mundo que ella disfruta: la actuación.
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“Las caídas son importantes, porque generan el aprendizaje. Los fracasos, las equivocaciones son los que han marcado mi carrera, son los que han marcado un antes y un después, porque me llevan a reflexionar, aprender y avanzar”, dice.
De la mano de su manager por 16 años, Raúl Simancas, Adriana aprendió a decir una palabra que ha cambiado su vida y es simplemente decir “no”, pues le ha permitido abrazar los proyectos que realmente le emocionan. Ese ha sido un momento decisivo en su carrera.
El poder de las mujeres reside en la tenacidad y la fortaleza para avanzar en caminos cuesta arriba, en donde pueden ser más “necias” y sacar fuerzas de la ternura y de la capacidad de crear vínculos, expresa.
La empatía, la generosidad y el trabajo en equipo son formas de ayudar a toda aquélla persona que lo necesita. Así es como Adriana llega y sonríe a cualquier espacio, dispuesta a escuchar y ofrecer un consejo si alguien lo precisa.
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“Hubieron muchas cosas que a mí me hubiera gustado que me aconsejaran o que me dijeran que no hiciera. Si yo puedo compartir mis vivencias, mis tropezones y las cosas que me salieron bien, siempre lo voy a hacer”.
Paz sabe que las realidades de las mujeres en México son diversas y no comparten el mismo contexto que enfrentan otras personas en zonas marginadas, por ejemplo. “Hay que entender que no para todas han cambiado las cosas […] Nuestra realidad es privilegiada y el privilegio no solo es económico, sino de infraestructura, de información, de relaciones personales”, explica.
“Una de las cosas más importantes es aprender a escuchar la voz interior, porque esa no se equivoca y esa voz sabe cuándo tienes que moverte, cuando algo no está bien. Lo acabo de decir no es igual de fácil para todas, pero, en la medida de las posibilidades, hay que escucharnos a nosotras”, dice Adriana Paz.










