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    Por años, la métrica de éxito para un director financiero (CFO) fue simple y directa: cuidar el gasto. Sin embargo, en el complejo panorama económico actual, esa visión se ha quedado corta. El perfil del líder financiero en México ha experimentado una transformación profunda en comparación con la última década. Hoy el CFO ya no es un supervisor del dinero, sino un encargado de conectar variables financieras, fiscales, regulatorias, operativas y tecnológicas para la toma de decisiones al más alto nivel. 

    Y tiene que hacer todo eso en un entorno global en el que la fragmentación del comercio y las finanzas ya comienza a impactar en el crecimiento y en los costos. El informe “Deepening Divides: The Cost of a More Fragmented Financial System”, elaborado por el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), alerta que las políticas comerciales y financieras implementadas hasta la primera mitad de 2026 ya están generando una reducción del Producto Interno Bruto (PIB) mundial de entre 213,000 millones y 307,000 millones de dólares (mdd), así como un aumento de la inflación global de 0.2 a 0.3 puntos porcentuales.

    Luis Felipe Muñoz, Socio Líder de Impuestos y Servicios Fiscales de PwC México, asegura que el secreto de la resiliencia empresarial radica en dominar cuatro grandes dimensiones interconectadas: las “4Rs” (Riesgo, Regulación, Re-evolución y Regionalización). 

    “El director financiero de una empresa en México requiere tener un perfil distinto al de hace 5 o 10 años: pues hoy juega más el rol de un integrador estratégico que conecta información financiera, fiscal, regulatoria, operativa y tecnológica con la toma de decisiones del más alto nivel”, agrega el socio.

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    El laberinto de la liquidez y el refinanciamiento

    La primera dimensión (Riesgo), tiene que ver con el financiamiento y el costo de capital. Tras un periodo prolongado de tasas de interés elevadas, las empresas mexicanas enfrentan una presión inminente: refinanciar deudas contratadas previamente bajo condiciones favorables, un reto que se agudizará para aquellos corporativos cuyos vencimientos se concentren entre 2026 y 2028. 

    “El acceso al crédito en condiciones competitivas ya no puede darse por hecho. Depende del historial de la empresa, de su disciplina financiera, de la calidad de su información y de su perfil de riesgo”, advierte Muñoz. 

    Para los CFO, esto implica que el costo del capital ahora impacta directamente la viabilidad de los proyectos de inversión, expansión y transformación de la compañía.

    Regulación y cumplimiento como escudo

    La segunda dimensión (Regulación) es, quizás, la que se transforma a mayor velocidad. El cumplimiento normativo ha dejado de ser una meta administrativa para convertirse en el punto de partida indispensable para proteger la rentabilidad, el flujo de efectivo y la reputación de la marca. 

    Con la mirada puesta en la revisión del tratado comercial entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), los directores financieros deben vigilar con lupa la trazabilidad operativa. Los temas más sensibles en la agenda actual son: Reglas de origen y valor en aduana, así como la clasificación arancelaria y documentación de soporte.  

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    La urgencia no es menor: según datos del Global CEO Survey 2026 de PwC, el 35% de los CEO en México considera que su empresa podría enfrentar riesgos arancelarios, una preocupación que ya supera a la inflación y a la volatilidad macroeconómica; asimismo, un 46% muestra menor disposición a invertir debido al contexto geopolítico actual. 

    Si bien la relocalización de cadenas productivas (nearshoring) se mantiene como una palanca real de crecimiento para México, Luis Felipe Muñoz aclara que “ya no basta con estar cerca geográficamente. La ubicación es una ventaja; la ejecución es lo que determina el valor”.  

    Según el WEF, aunque México se puede beneficiar del nearshoring, esta fragmentación global puede hacer al país más dependiente del mercado estadounidense, de la inversión extranjera y del comercio global. Sobre todo, si el país se mantiene como una frontera de producción, pero sin agregar más valor. 

    Datos confiables por encima de la euforia por la IA

    Para PwC, el ecosistema digital no atraviesa una revolución futura, sino una evolución continua y presente: una “re-evolución” (R3). La Inteligencia Artificial (IA) está llamada a convertirse en infraestructura básica de operación, emulando el hito histórico que en su momento significó el internet. 

    A pesar del optimismo global, los datos de adopción real invitan a la prudencia. El Global CEO Survey 2026 revela que solo el 12% de los CEO en México afirma que la IA ya genera beneficios tangibles tanto en costos como en ingresos, mientras que un 56% aún no percibe un retorno financiero significativo. 

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    “Por muy poderosa que sea la IA, si la información contable, fiscal, regulatoria, operativa y comercial no se comunica entre sí, los análisis seguirán siendo fragmentados”, puntualiza Luis Felipe Muñoz. El CFO emerge como el único líder con la visibilidad transversal necesaria para orquestar esta infraestructura, sumando a ello la urgencia de la resiliencia cibernética para salvaguardar el valor del negocio. 

    La geopolítica en el Consejo de Administración

    La última dimensión, y a menudo la menos evidente, es la regionalización. En el entorno contemporáneo, las tensiones e hitos geopolíticos alteran las cadenas de suministro, los costos de insumos y los presupuestos en tiempo real. 

    La brecha de expectativas es un síntoma claro de esta dualidad: mientras que el 63% de los CEO encuestados en México espera un crecimiento de la economía global, solo el 33% anticipa un crecimiento a nivel local. 

    “Los CFO tienen acceso a información crítica para el consejo de administración. Si esa información no se integra con compras, operaciones, ventas, tecnología y asuntos públicos, la empresa corre el riesgo de administrar la incertidumbre de forma parcial”, advierte Luis Felipe Muñoz.

     

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