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    Por José Roberto Balmori*

    Desde febrero de este año, el peso mexicano ha mostrado una tendencia de fortalecimiento, pasando de cotizarse por encima de los 21 pesos por dólar a ubicarse por debajo de los 18.78 hacia finales de junio. Este comportamiento se explica principalmente por dos factores: el diferencial de tasas de interés entre el Banco de México (Banxico) y la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), y el debilitamiento del índice del dólar estadounidense. A continuación, se analizan ambos factores, así como algunas tendencias que podrían modificar esta dinámica en el corto plazo.

    El principal motor detrás de la apreciación del peso ha sido el atractivo diferencial de tasas de interés entre México y Estados Unidos. Aunque Banxico ha comenzado a recortar su tasa objetivo, está aún se mantiene en un nivel elevado de 8.00%, superior al de otras economías emergentes como Sudáfrica (7.25%), India (5.50%), Indonesia (5.50%) o Chile (5%). En contraste, la Fed mantiene su tasa de interés en un rango de entre 4.25% y 4.50%. Este diferencial ha incentivado estrategias como el carry-trade, en las que inversionistas toman préstamos en países con tasas bajas como Estados Unidos o Europa, para invertir en instrumentos de deuda en países con tasas más altas, como México. La entrada de estos capitales especulativos fortalece al peso mexicano al aumentar la demanda por activos denominados en esta moneda.

    Un segundo factor que ha contribuido a la apreciación del peso es la debilidad del índice del dólar estadounidense, que mide el valor del dólar frente a una canasta de monedas extranjeras, incluyendo el peso mexicano. Durante el primer semestre de 2025, este índice registró su peor desempeño desde 1973, con una caída del 10.8%. Este debilitamiento puede ser favorable para los esfuerzos de Estados Unidos por relocalizar industrias manufactureras, ya que encarece las importaciones y abarata las exportaciones. Sin embargo, también puede desalentar los viajes internacionales de los estadounidenses, al encarecer los costos en el extranjero.

    Ahora bien, la tendencia de fortalecimiento del peso podría revertirse si alguno de los factores mencionados pierde fuerza. Por ejemplo, si Banxico continúa recortando su tasa de interés, el diferencial con respecto a la Fed se reduciría, disminuyendo el atractivo para los inversionistas extranjeros. Además, los índices bursátiles estadounidenses están alcanzando máximos históricos, lo que podría indicar que algunos inversionistas están simplemente cubriéndose a corto plazo y podrían pronto regresar a activos denominados en dólares.

    Por ello, es probable que el peso mexicano comience a estabilizarse en estos nuevos niveles, en lugar de continuar su racha de apreciación. De hecho, al analizar su comportamiento frente al euro, se observa que el peso se ha depreciado en ese mismo periodo (-2.66%), lo que indica que su fortaleza ha sido específica frente al dólar, y no generalizada frente a otras divisas. Finalmente, las próximas negociaciones del TMEC podrían tener un impacto decisivo en la cotización del peso frente al dólar. Habrá que estar atentos y, sin dudas, no echar las campanas al vuelo porque los capitales extranjeros podrían moverse rápidamente.

    Sobre el autor:

    *Dr. José Roberto Balmori, director de los programas de licenciatura de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

    Twitter: @jrbalmori

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