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    Grupo Hema es una empresa familiar, y su CEO, Álvaro Madero Muñoz es sobrino nieto de Francisco I. Madero, una de las figuras prominentes de la historia mexicana, de esas que están muy vivas en la memoria colectiva.

    Es común sentir una inmediata curiosidad por saber si una raíz tan politizada y vinculada al origen de la Revolución Mexicana pudo haber legado actuales directivos exitosos y negocios rentables.

    Hay también una suerte de desconfianza sobre las capacidades empresariales de aquellos personajes cercanos al poder, o herederos de ellos, por las ventajas potenciales que pueden usufructuar, una desconfianza seguramente acentuada por la abundante corrupción a lo largo de la historia, aunque no la hubiere en el caso concreto.

    Si se midiera la capacidad empresarial mediante la rentabilidad sobre el capital invertido (Roic) en Grupo Hema, el resultado dice que hoy compite con los líderes mundiales de su sector, el de los llamados Conglomerados Industriales, un modelo de controladora con varias compañías de diferente actividad, por lo general escogidas con el propósito de compensar ciclos económicos desfasados en el tiempo.

    El Grupo Hema es un conglomerado fundado en 1987 por los hermanos Madero Muñoz (Álvaro, Cecilia, Evaristo, Mauricio, Gustavo, Miguel y Consuelo, hoy todos en el Consejo de Administración), que también son los únicos accionistas, con su nombre, o el de sus hijos en su lugar en algunos casos. Vende maquinaria pesada, lubricantes, opera restaurantes, manufactura textiles y desarrolla bienes raíces, principalmente.

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    La rentabilidad del grupo dirigido por Álvaro Madero es de 4.3% en el último trienio, mientras los diez conglomerados líderes mundiales por ingresos promedian 5%, según cálculos elaborados con datos de la agencia financiera S&P Capital IQ.

    La tasa de Grupo Hema es entonces un poco menor con respecto a una referencia muy relevante, es cierto, pero en la comparación individual está por encima de cinco de esos diez gigantes globales, y por debajo de los otros cinco.

    Además la empresa mexicana tiene un rendimiento similar al sector mundial en su conjunto, que es apenas inferior, 4.2% (promedio de 219 compañías de todo el mundo).

    Las comparaciones individuales entre conglomerados tienen menor utilidad que los promedios de un grupo de varios, porque la mezcla de negocios de cada uno es diferente, y pueden tener riesgos muy diversos, el cual se refleja en los indicadores.

    Por lo general se identifica al tío abuelo de Álvaro, a Francisco I. Madero, como un personaje de la historia política mexicana, y no como un empresario. Lo apodaron “el apóstol de la democracia”, tras haber sucedido en elecciones como presidente al gobierno de Porfirio Díaz, identificado como dictadura.

    Sin embargo, antes de incursionar en la política, ya se había hecho cargo de los negocios familiares, ya era un empresario. No tuvo hijos, pero tenía 15 hermanos, uno de ellos, Evaristo Madero González, es el abuelo de los Madero Muñoz.

    Y no fue el primer empresario de la familia, ni el primer político. En esa doble condición de empresarios-políticos, muy común en el norte de México, el abuelo de Francisco I. Madero, Evaristo Madero Elizondo, llamado el patriarca por historiadores, ya era un empresario diversificado en negocios agropecuarios, mineros, metalúrgicos y bancarios; y también fue gobernador de Coahuila, y su padre había sido alcalde de Monclova (es decir, el tataratatarabuelo del CEO de Grupo Hema).

    Álvaro Madero fue alcalde interino de la capital de Chihuahua por el Partido Acción Nacional durante 2010. Gustavo Madero, su hermano, ha sido muy conocido públicamente como miembro del PAN, incluso presidente del partido, diputado y senador; es miembro del Consejo del conglomerado, ahora no accionista, aunque sí los son sus hijas/os Sofía, Cristina y Alejandro.

    En el plano de los negocios, la de los hermanos Madero Muñoz es sólo una de las ramas empresariales de la familia Madero. Las más conocidas quizás sean las de los hermanos Madero Bracho, en dos vertientes: la automotriz de San Luis Corporación, hoy Rassini, de Antonio Madero Bracho, y la acerera de Autlán, identificada con Enrique Madero Bracho (fallecido en junio pasado), hoy día en manos de otros accionistas.

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    ¿Méritos propios?

    Lo de la curiosidad y la desconfianza no es exclusivo del público no especializado. Los investigadores e historiadores también se hacen las mismas preguntas, aunque más como método de investigación, o como pregunta retórica de una tesis a comprobar.

    Una tesis de doctorado en Historia hecha en El Colegio de México en 2007 plantea dudas similares a las que aquí subyacen, para la misma familia de los Madero, y si bien su propósito es analizar a otra de sus empresas, a la Cía. Minera Autlán, sus formulaciones también son válidas para Grupo Hema, al menos las partes que aquí utilizamos.

    La autora, Ma. José García Gómez, habida cuenta de la abundante literatura política sobre Francisco I. Madero, se hizo la pregunta si los empresarios de la familia “fueron simples herederos recaudadores de rentas o si tuvieron méritos propios para emprender”.

    Es propicia tal aclaración porque “Muchos miembros de la familia Madero tienen el vicio de enorgullecerse de su apellido y no hacer nada más”.

    No obstante, un descubrimiento, según este trabajo, es que, en los ancestros de la familia se pueden hallar “voces bien diferenciadas, claras (…) que tienen algo que decir sobre cómo emprender”.

    Este estudio sobre la génesis familiar empresarial de los Madero sostiene que existen “méritos personales” en algunas figuras de la familia, y que “hay cosas que aprender en la experiencia de estas personas que tuvieron negocios familiares”.

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    Comparación acuciosa

    En una mirada comparativa un poco más a fondo sobre la eficiencia empresarial de la familia Madero Muñoz y su CEO Álvaro, hay indicadores que favorecen al top ten mundial, y otros, aunque son menos, a Grupo Hema.

    El conglomerado mexicano incurre en menores costos de los productos que vende, 58 dólares por cada 100 de ingresos, mientras los diez líderes globales usan 70 en ese renglón (promedio mundial 81; excepto que se aclare, todos son promedios de los últimos tres años). En la logística sin embargo el top ten mundial es más eficiente, porque rota sus inventarios 5 veces al año, contra sólo 2 veces en Grupo Hema (4.5 veces en el mundo).

    Los líderes globales son más productivos, si se mide la productividad con el factor trabajo: ellos venden 385 mil dólares al año por persona empleada en promedio, y la empresa mexicana sólo 117 mil. Sin embargo, la evolución Grupo Hema fue mejor: entre 2015 y 2024 esa productividad aumentó 50%, y en el top ten 30%.

    Los dirigidos por Álvaro Madero son menos eficientes en la administración general de la empresa, porque gastan 34 dólares en ese rubro por cada 100 vendidos, mientras el top ten gasta 12 (y la industria global 8). La diferencia tan amplia puede deberse a la disparidad de tamaño: el top ten factura en promedio 78 mil millones de dólares al año, y la empresa de los Madero apenas 156 millones.

    En proporción a los ingresos, la inversión en gasto de capital (Capex) neta de la depreciación es mayor en Grupo Hema, 7%, frente a sólo 2.5% del top ten, que podría significar mayor crecimiento futuro.

    El ciclo de caja es otro indicador de gestión (operativa, y de cobros y pagos) en donde el top ten es ligeramente más eficiente, con un ciclo de 122 días frente a 137 de la compañía mexicana (78 en la industria).

    La solvencia financiera favorece a Álvaro, porque la relación Deuda a Ebitda era de 2.4 veces al 31 de diciembre pasado (último dato disponible), mientras en el top ten era de casi 10. Empero, los intereses pagados por Grupo HEMA son una carga onerosa, porque el Ebitda sólo es tres veces mayor, y en el top ten, en cambio, es casi siete veces mayor.

    Los Madero y su ícono histórico Fco. I Madero quizás hayan forjado y transmitido un estilo empresarial, bueno o malo, pero los 7 hermanos en el Consejo designaron a Álvaro, no fue la historia, y este CEO es el que toma las decisiones ejecutivas cotidianas, y no sus tíos mártires de la revolución.