A medida que crece el descontento con el sistema bipartidista en Estados Unidos, cobra fuerza la idea de una alternativa, aunque improbable. El reciente llamado de Elon Musk a crear un “Partido Estadounidense” puede no ser del todo serio, pero refleja una preocupación real.
Las encuestas muestran de forma constante que millones de votantes estadounidenses sienten que carecen de opciones reales. Consideran que los dos partidos principales no representan sus valores y están agotados por la constante polarización.
La pregunta más importante no es si Musk tendrá éxito. Como experto en políticas públicas, creo que el motivo principal es que el sistema político estadounidense es intrínsecamente hostil a nuevas voces e ideas.
Por qué los terceros partidos rara vez tienen éxito
Si Musk decide llevar a cabo su idea, ¿podrá realmente despegar el Partido Estadounidense? Probablemente no. La historia no está de su lado.
El sistema político estadounidense está estructuralmente diseñado contra los terceros partidos, con barreras jurídicas y procedimentales profundamente arraigadas que hacen casi imposible que nuevas formaciones ganen terreno.
En la mayoría de los estados, lograr que un nuevo partido aparezca en las papeletas electorales es una tarea titánica: requiere reunir miles de firmas, cumplir plazos estrictos y enfrentar requisitos de presentación poco claros. Incluso si un partido consigue acceder a las papeletas en un estado, replicar ese esfuerzo a nivel nacional es extremadamente difícil.
Cada estado tiene leyes, plazos, requisitos de firmas y condiciones legales diferentes.
El acceso a las papeletas, la financiación de campañas, la cobertura mediática y las normas electorales favorecen de forma abrumadora a los partidos Republicano y Demócrata. Incluso la Comisión Federal Electoral está estructurada para el estancamiento partidista, con un número par de miembros de cada uno de los dos partidos principales.
En un artículo de 2025 sobre la administración electoral en EU, mis colegas y yo analizamos los códigos electorales de los 50 estados. Encontramos barreras legales y administrativas generalizadas que excluyen sistemáticamente a los independientes y a los partidos minoritarios.
En 45 estados, solo los miembros de los partidos mayoritarios pueden formar parte de las juntas electorales, organismos locales o estatales responsables de supervisar los comicios. En 27 estados, los jueces deben estar registrados en un partido mayoritario.
Las leyes de financiación de campañas, el acceso a los datos de los votantes y las normas de registro también favorecen a los partidos dominantes.
Estas barreras estructurales existen tanto en estados republicanos como demócratas. No encontramos correlación estadística entre las inclinaciones partidistas y estas restricciones. Esto es revelador: sugiere que ambos partidos, independientemente de sus diferencias ideológicas, están unidos para proteger su duopolio.
Lee: Elon Musk: liderazgo y poder sobre el futuro
La advertencia de los fundadores
Este control bipartidista arraigado es contrario a la visión de los redactores de la Constitución de Estados Unidos, quienes excluyeron intencionalmente a los partidos políticos del documento fundador.
No fue casualidad: los fundadores veían a los partidos como “facciones” sin cabida legítima en la república.
En 1796, George Washington advirtió que los partidos exacerbarían la animosidad y que la nación no se protegería lo suficiente de ello. John Adams temía que “una división de la república en dos grandes partidos… sea temible como el gran mal político”.
Alexander Hamilton los consideraba “la enfermedad más mortal” del gobierno y esperaba que el país pudiera librarse de ellos.
Necesidad de ‘alternativas’ al bipartidismo
Aquí entra Elon Musk. Su sugerencia de crear el Partido América conecta directamente con la creciente frustración ante el afianzamiento del bipartidismo.
La confianza pública en los principales partidos políticos está en mínimos históricos, especialmente entre votantes jóvenes e independientes, que no se identifican con ningún partido y se registran como “sin preferencia de partido”, “no afiliados” o “independientes”, según las leyes estatales.
A pesar de la gran impopularidad de Musk, su inclinación a teorías conspirativas y su política errática, su propuesta resuena en muchos estadounidenses. Una encuesta de octubre de 2024 reveló que el 58% de los adultos cree que se necesita un tercer partido.
Además, el número de votantes que se identifican como independientes sigue superando al de quienes se identifican con cada uno de los principales partidos.
¿Qué quieren realmente los estadounidenses?
Incluso si Musk nunca lo implementa, la idea de un nuevo partido pone de relieve lo antidemocráticas que se han vuelto las elecciones estadounidenses. Abre la puerta a conversaciones sobre reformas que otorguen igualdad de oportunidades a independientes y terceros partidos, y refleja la creciente demanda de alternativas al bipartidismo.
Los votantes están frustrados por la escasez de opciones que representen la diversidad de opiniones políticas.
La mayoría de las democracias utiliza una administración electoral no partidista y no permite que los partidos controlen las reglas. En cambio, en Estados Unidos, son los propios partidos quienes arbitran las contiendas en las que compiten sus miembros, un conflicto de intereses que sería inaceptable en el ámbito empresarial o deportivo.
Algunas reformas aplicadas, aunque de forma limitada, buscan que la democracia sea más justa y representativa: primarias abiertas, representación proporcional en lugares como Cambridge (Massachusetts) y Portland (Oregón), comisiones independientes de redistribución de distritos para evitar la manipulación partidista, voto por orden de preferencia y voto de fusión.
No obstante, la oposición del Partido Demócrata y del Partido Republicano a estas reformas ha sido en muchos casos feroz.
El sistema como coraza blindada
El bipartidismo se ha blindado contra la competencia.
La consecuencia es que Estados Unidos mantiene un sistema impenetrable, justo el escenario que más temían sus fundadores y reformistas. En lugar de centrarse solo en las ambiciones de Musk, la pregunta clave es cómo construir un sistema electoral que refleje una democracia moderna y diversa.
Si los estadounidenses quieren más opciones —y las encuestas indican que así es— quizá deban analizar las barreras legales y procedimentales que sostienen el sistema actual, el cual no logra reflejar ni atender sus verdaderas preferencias políticas.
*Thomas Reilly es Profesor y codirector del Centro para una Democracia Independiente y Sostenible en la Universidad Estatal de Arizona.
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation
Sigue la información sobre el mundo en nuestra sección internacional










