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    Las ciudades santuario en Estados Unidos, que limitan la cooperación local con las autoridades migratorias federales, provocaron la ira del presidente Donald Trump durante sus dos administraciones.

    El zar fronterizo Tom Homan declaró en julio de 2025 que la administración Trump atacaría las ciudades santuario en todo el país e inundaría la zona con agentes del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) para perseguir sus objetivos de deportación.

    Soy historiadora de la migración. He descubierto que el concepto de santuario adopta diversas formas, desde gestos de bondad y apoyo hasta enfoques más formales, como la protección de migrantes en riesgo de arresto y deportación por parte de iglesias.

    En Estados Unidos, las políticas de ciudades santuario se diseñaron históricamente para apoyar a los migrantes indocumentados y refugiados, especialmente a aquellos que enfrentan la deportación. Las ordenanzas basadas en estas políticas suelen ser utilizadas por las autoridades locales para señalar la necesidad de una reforma migratoria sustancial.

    Nuevas políticas públicas de ciudades santuario

    Las prácticas actuales de santuario y el enfoque federal en las ciudades santuario son, en gran medida, resultado de la forma en que el concepto de santuario se configuró en Estados Unidos durante la década de 1980.

    Durante este período, iglesias, funcionarios municipales y activistas ayudaron a los migrantes que huían de las condiciones violentas creadas por las guerras indirectas de Estados Unidos en El Salvador, Nicaragua y Guatemala.

    A principios de la década de 1980, los migrantes que llegaban a Estados Unidos se enfrentaban a procesos de asilo restrictivos. En gran medida, esto se debió a la negativa del gobierno de Reagan a reconocer la magnitud de las violaciones de derechos humanos perpetradas por los regímenes apoyados por Estados Unidos en Centroamérica.

    En 1984, el gobierno federal aprobó menos del 3% de las solicitudes de asilo presentadas en Estados Unidos por solicitantes que habían huido de El Salvador y Guatemala. En comparación, se aprobaron las solicitudes de asilo de más del 30% —y en algunos casos, del 60%— de los refugiados de Irán, Afganistán y Polonia.

    En respuesta, activistas estadounidenses y líderes eclesiásticos y municipales comenzaron a abogar por los refugiados de Centroamérica. Buscaban generar cambios tanto en el país como en el extranjero, uniéndose finalmente en lo que se conoció como el Movimiento Santuario.

    Esta coalición, en gran medida descentralizada, se centró en proteger a los refugiados proporcionándoles alojamiento seguro, a menudo en iglesias, y defendiendo su derecho a solicitar asilo. Además, realizaron actividades de divulgación pública para concienciar sobre las condiciones en Centroamérica y el papel del gobierno estadounidense en los conflictos.

    El objetivo era cambiar la política estadounidense. Como dijo un trabajador de un santuario en Texas en 1985, de acuerdo con relatos recopilados en la Colección Latinoamericana Benson de la Universidad de Texas en Austin: “El santuario ofrece una manera mediante la cual las personas pueden, en primer lugar, estar a salvo del miedo a la muerte y, en segundo lugar, denunciar lo que realmente está sucediendo en Centroamérica”.

    El Movimiento Santuario también impulsó visitas organizadas a la frontera entre Estados Unidos y México para presenciar el trato que recibían los migrantes por parte de los funcionarios de inmigración estadounidenses. En Texas, por ejemplo, entre 1983 y 1985, se invitó a personas a documentar las actividades de los funcionarios de inmigración en el Centro de Detención de Port Isabel.

    Los miembros del Movimiento Santuario también compartieron algunos de los horrores que conocieron de los misioneros y refugiados que llegaban de Centroamérica, indican relatos de la Colección Latinoamericana Benson.

    Como relató un miembro del grupo Testigos Fronterizos del Río Grande, de acuerdo con los registros conservados, se repetían historias provenientes de Centroamérica de mujeres violadas y apuñaladas y de padres asesinados frente a sus familias.

    A medida que aumentaba la conciencia sobre la violencia en Centroamérica, más personas y congregaciones en Estados Unidos se unieron al Movimiento Santuario. En su apogeo en 1986, el movimiento contaba con 300 iglesias que respaldaban el santuario para los migrantes centroamericanos y los principios que sustentaban el Movimiento Santuario.

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    Público y simbólico

    Fue durante este auge que las ciudades estadounidenses comenzaron a emitir declaraciones de santuario y posteriormente aprobaron ordenanzas vinculantes.

    En 1985, Berkeley, California, que previamente se había declarado ciudad santuario para los objetores de conciencia a la guerra de Vietnam, realizó una de las primeras declaraciones de ciudad santuario en nombre de los refugiados de Centroamérica. Su resolución reafirmó el apoyo de la ciudad al principio de santuario y a los grupos que participan en esta antigua tradición de asistencia humanitaria.

    Las autoridades municipales declararon que ningún empleado municipal violaría los santuarios establecidos colaborando en investigaciones, públicas o clandestinas, ni participando o colaborando en arrestos por presuntas violaciones de las leyes de inmigración por parte de los refugiados en los santuarios o de quienes ofrecen santuario.

    Ciudades como San Francisco y Santa Fe, Nuevo México, siguieron con declaraciones u ordenanzas vinculantes. Estas iniciativas a menudo se diseñaron específicamente para migrantes de Centroamérica y contenían críticas a la política exterior y de asilo de Estados Unidos.

    Una ordenanza de San Francisco de 1989, aún vigente, se inspiró en la idea de que Estados Unidos tenía obligaciones especiales con los ciudadanos de El Salvador y Guatemala debido a su papel en los conflictos que allí se desarrollaban.

    Las resoluciones sobre ciudades santuario aprobadas en la década de 1980 contenían una retórica y un simbolismo poderosos. Esto sigue vigente en la actualidad, ya que las declaraciones y políticas de santuario se han vuelto cada vez más polarizantes en el clima político actual.

    Además, como señalo en mi propio trabajo, los actos públicos de santuario pueden tener un costo, a menudo a expensas de las mismas personas a las que se supone que deben ayudar. En un esfuerzo por crear conciencia y compasión pública, quienes necesitan refugio a menudo ven sus momentos más desgarradores expuestos al público.

    El Movimiento Santuario, que surgió en la década de 1980, en parte para protestar contra el apoyo de Estados Unidos a gobiernos represivos, ha perdurado durante más de 40 años como expresión de preocupación y solidaridad con los inmigrantes que llegan a Estados Unidos.

    La pregunta ahora es cómo evolucionará el movimiento ante las amenazas de la administración Trump.

    Algunos líderes de ciudades santuario, como la alcaldesa de Boston, Michelle Wu, respondieron señalando el valor de las políticas que fomentan la confianza comunitaria y ayudan a mantener seguros a todos los residentes. Queda por ver cómo responderán otros líderes y comunidades.

    *Laura Madokoro es profesora asociada de Historia en la Universidad de Carleton.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation

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