Investigadores han presentado más de 100 propuestas para participar en el estudio de 50 millones de dólares del gobierno de Trump sobre las posibles causas del autismo, y se espera que a fines de septiembre se anuncie una lista de hasta 25 proyectos ganadores de subvenciones, informaron a Reuters personas con conocimiento de los planes.
El secretario de Salud, Robert F. Kennedy Jr., anunció la Iniciativa de Ciencia de Datos sobre Autismo en mayo y encargó su gestión a los Institutos Nacionales de Salud (NIH). El programa busca analizar grandes conjuntos de datos para investigar factores que podrían contribuir al autismo y evaluar los resultados de los tratamientos existentes.
Los estudios seleccionados para recibir financiación podrían comenzar a mostrar resultados en dos o tres años, según la convocatoria de propuestas de investigación del gobierno.
Este esfuerzo se desarrolla de manera independiente a una revisión de la seguridad de las vacunas encargada por Kennedy, quien desde hace tiempo sostiene que estas contribuyen al autismo, pese a la evidencia científica en contra. Kennedy ha prometido anunciar cambios en las políticas sanitarias en septiembre que, según afirmó, tendrán un impacto drástico en los efectos relacionados con el autismo, sin proporcionar detalles sobre los datos que respaldarían tales modificaciones.
Un portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos, encabezado por Kennedy y que supervisa los NIH, aseguró que la agencia está comprometida a abordar el aumento de casos de autismo y que otorgará subvenciones en septiembre “en espera de recibir ideas científicamente meritorias de la comunidad investigadora”. No hizo comentarios sobre los posibles cambios de política anunciados por Kennedy.
Las propuestas para la subvención de los NIH involucran a casi 500 universidades e instituciones de investigación de prestigio, organizaciones de defensa y empresas de análisis de datos, según una lista revisada por Reuters. Entre los nombres más destacados figuran la Universidad de Harvard, la Universidad de Columbia, el Hospital Brigham and Women’s, la Universidad de Stanford y la Universidad Johns Hopkins.
“Conozco a muchos colegas que postularon porque no estaban seguros de que pronto hubiera más financiación para la investigación del autismo”, señaló la doctora Helen Tager-Flusberg, directora del Centro para la Excelencia en la Investigación del Autismo de la Universidad de Boston, y agregó que entre los solicitantes se encuentran muchos de los científicos más prestigiosos del área.
En agosto, la Corte Suprema de Estados Unidos autorizó a la administración Trump a aplicar recortes drásticos a la financiación de investigación de los NIH, incluidos proyectos relacionados con el autismo. Algunas universidades que presentaron propuestas al programa también sufrieron recortes presupuestales debido a las políticas de diversidad de la administración o a acusaciones de antisemitismo en el campus.
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¿Aumento en la prevalencia del autismo?
La afirmación de Kennedy de que Estados Unidos atraviesa una “epidemia de autismo” alimentada por “toxinas ambientales” ha cobrado fuerza, mientras las tasas de diagnóstico han aumentado drásticamente desde el año 2000, alcanzando a 1 de cada 31 niños.
Décadas de investigación no han producido respuestas concluyentes sobre qué factores contribuyen al autismo, aunque muchos científicos sostienen que la genética, posiblemente en combinación con influencias ambientales, desempeña un papel clave.
Expertos señalan que el autismo no puede describirse como una epidemia y que suele deberse a alteraciones en el desarrollo fetal. Además, atribuyen el aumento de la prevalencia a una definición más amplia del trastorno, así como a una mayor concienciación y capacidad diagnóstica.
A los solicitantes de la Iniciativa de Ciencia de Datos sobre Autismo se les pidió que detallaran cómo utilizarían conjuntos de datos para identificar posibles factores genéticos y no genéticos, así como patrones asociados con intervenciones y servicios ofrecidos a personas con esta condición.
“El gran aumento en la prevalencia del autismo que hemos observado en los últimos 25 años nos lleva a una pregunta obvia: ¿qué hay detrás de este incremento?”, planteó la doctora Cindy Lawler, jefa de la rama de Genes, Medio Ambiente y Salud del Instituto Nacional de Ciencias de la Salud Ambiental, durante un seminario web realizado en junio sobre la nueva iniciativa de financiación.
Agregó que la exposición a sustancias químicas ambientales, factores parentales o de estilo de vida —como la nutrición, el consumo de fármacos, la obesidad o condiciones de nacimiento como la prematuridad— podrían ser áreas de interés.
Un equipo de la Universidad Case Western Reserve presentó una propuesta, actualmente en revisión, para analizar los registros de salud de pacientes en busca de factores comunes que puedan estar vinculados con el autismo.
El doctor David Kaelber, profesor de Pediatría y Ciencias Cuantitativas de la Salud Poblacional en esa universidad, subrayó la importancia de utilizar datos del mundo real para responder preguntas sobre el autismo, incluidos los posibles vínculos con las vacunas y factores ambientales.
Harvard, Columbia, Brigham, Stanford y Johns Hopkins no respondieron a las solicitudes de comentarios de Reuters.
Cada proyecto será sometido a una replicación independiente para garantizar la confiabilidad y reproducibilidad de los análisis, según la propuesta del NIH.
Un solicitante, que presentó un proyecto sobre exposiciones prenatales potencialmente relacionadas con el autismo, destacó los requisitos de compartir datos con un socio confiable para su validación.
El investigador, que habló bajo condición de anonimato para no poner en riesgo su candidatura, señaló que “esperaba que todos los estudios sobre autismo patrocinados por el HHS estuvieran sujetos al mismo escrutinio”.
Con información de Reuters
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