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    El éxito empresarial del siglo XXI no se mide solo en utilidades, expansión de mercado o innovación tecnológica, también en la capacidad para construir espacios de trabajo donde la dignidad sea tan estratégica como el capital financiero.

    Una de las amenazas más costosas y subestimadas para la competitividad global está representada en el mobbing, el acoso psicológico sistemático en el entorno laboral. De acuerdo con la Organización Internacional del Trabajo, en el mundo una de cada cinco personas empleadas ha sido víctima de violencia psicológica.

    Cada caso puede esconder ausentismo, rotación, pérdida de talento, caída en la innovación y litigios que impactan directamente en los balances corporativos.

    La violencia laboral no siempre se traduce en gritos o insultos. Puede presentarse en un jefe que desacredita constantemente a un colaborador frente al equipo, en correos o mensajes en chats grupales humillantes, la exclusión deliberada a reuniones estratégicas o cargas de trabajo excesivas asignadas con la intención de provocar el error.

    El impacto económico es contundente. El American Institute of Stress estima que el estrés relacionado con el trabajo, en gran medida vinculado a ambientes hostiles y acoso, cuesta a las empresas de Estados Unidos alrededor de 300 mil millones de dólares anuales. En México, la Secretaría del Trabajo ha identificado el mobbing  entre las principales causas de rotación voluntaria.

    Las consecuencias son múltiples: ansiedad, depresión, hipertensión, desgaste cognitivo, pérdida de cohesión interna en el aspecto organizacional y, en algunos casos, el suicidio.

    Si el diagnóstico es claro, el desafío está en la acción. Google, tras la publicación del “Project Aristotle” (Harvard Business Review, 2016), ubicó la seguridad psicológica —la certeza de cada colaborador de expresar ideas o reconocer errores sin miedo a represalias— como el factor de mayor impacto en la productividad de sus equipos.

    Este año, el Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México ha documentado más de 3 mil 400 llamadas a la línea de emergencias 9-1-1 por tentativa (60.5 por ciento), amenazas (38.8 por ciento) y menos del uno por ciento por decesos asociados al suicidio. Iniciativas como “Vida Plena, Corazón Contento”, impulsada en la capital nacional por la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, para atender la salud mental de estudiantes sugieren una ruta: políticas transversales que integren la prevención.

    La OIT recomienda protocolos formales de acompañamiento psicológico y la reincorporación digna de las víctimas a sus equipos.

    El mobbing no es solo un asunto de sensibilidad, también lo es de rentabilidad.

    Sobre el autor:

    Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.

    X: @guerrerochipres

    www.c5.cdmx.gob.mx

    Twitter: @C5_CDMX

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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