El programa de Polos de Desarrollo Económico para el Bienestar (PODECOBIS) presentado en junio pasado por el gobierno federal como parte del “Plan México” define una estrategia para impulsar el crecimiento económico regional y descentralizado.
Es una iniciativa coordinada con 14 gobiernos estatales que busca crear ecosistemas productivos integrales que combinen zonas industriales con infraestructura de corte social, en temas de vivienda, educación, salud y transporte, para fomentar la inversión privada y la generación de empleo.
Sin embargo, el programa enfrenta desde su concepción desafíos estructurales tanto en su implementación como en su desarrollo, como la excesiva dependencia de incentivos fiscales, inversión privada y una lógica que en muchos de los casos no se sostiene entre la producción y el mercado.
Su arranque se consideró para 15 polos distribuidos en 14 entidades: Seybaplaya Campeche, Ciudad Juárez Chihuahua, Durango, Nezahualcóyotl Estado de México, Celaya Guanajuato, dos en Hidalgo, Morelia Michoacán, Ciudad Modelo Puebla, Chetumal Quintana Roo, Topolobampo Sinaloa, Altamira Tamaulipas, Huamantla Tlaxcala, Tuxpan Veracruz y Hermosillo Sonora.
Contempla incentivos en la deducción inmediata del 100% en inversiones de maquinaria y 25% por capacitación e innovación tecnológica. Los estados deberán proveer la infraestructura básica en agua, energía y movilidad, pero muchos carecen de esa capacidad.
Los polos requerirán de inversión privada para el asentamiento y puesta en marcha de empresas, que a su vez e independientemente del sector al que pertenezcan, necesitarán materia prima para su transformación, empleo calificado, pero sobre todo mercado de clientes en las mismas regiones en las que se ubicarán.
En la teoría, la concepción en lo general es adecuada, pero en la práctica la realidad dista de ser idónea en un escenario volátil y presionado por las posturas del gobierno de los Estados Unidos. En todo caso tiene un sentido regional en materia de autoconsumo que podría complementar esfuerzos que se vienen realizando con antelación, y en otros casos no existen esas condiciones.
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Una visión crítica de los polos de desarrollo económico para el bienestar
Porque si partimos de la base que un polo de desarrollo es en esencia una zona industrial, de lo que estamos hablando es de un negocio inmobiliario, y para que tenga éxito como está comprobado, el circulo entre la producción y el mercado no solo debe estar concatenado, tiene que surgir de la necesidad que el mismo mercado impone.
Derivado de ello, en el análisis habría que dividir los polos por su propia perspectiva, es decir los que sí tienen una posibilidad real de funcionar en el corto y mediano plazo como: Ciudad Juárez, Hermosillo, Altamira, Celaya, Topolobampo y en Hidalgo, el aeropuerto Felipe Ángeles (AIFA)
Los que se consideran en perspectiva media por su potencial equilibrado, pero con retos operativos considerables como: Durango, Nezahualcóyotl, Ciudad Modelo Puebla y el de economía circular en Hidalgo.
Y los que tienen ante sí obstáculos estructurales dominantes que les califican como poco atractivos entre otros factores por su ubicación y distancia y que no cuentan con un escenario de producción que justifique la inversión privada: Chetumal, Seybaplaya, Morelia, Huamantla y Tuxpan.
En cualquier proceso en el que se intente detonar la economía regional, más allá de la necesidad de su impulso, existen factores que se tienen que evaluar como parte de una cadena funcional, ubicación, conectividad, logística, infraestructura y seguridad.
Pero en términos estrictamente de negocio, los valores que predominan están relacionados con las necesidades del mercado, materia prima, manufactura y suministro, donde el éxito depende en gran medida si de la posición geográfica, pero todavía más de una ejecución eficiente.
En este sentido, al gobierno le corresponde incentivar y promocionar, sobre todo en las zonas que están rezagadas, pero el asunto gira en torno a multiplicar los nichos de oportunidad, contrario a obligar actividades en lugares que no cuentan con las condiciones para ello. En todo caso, lo oportuno y siempre ha tenido que ser así, es elevar esas circunstancias en base a las vocaciones naturales.
De otra forma la intención termina en el fracaso como ha sucedido incontables veces en el pasado, el desarrollo no puede ser una condición voluntariosa, y para conseguirlo es menester atender una estrategia que facilite, no que imponga.
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