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    Si bien este año el Reporte Mundial de la Felicidad muestra algunos resultados que podrían borrarnos la sonrisa, hay que aceptarlos como retos que nos permitirán mejorar nuestro bienestar.

    Voy a empezar con la supuesta “caída” de México en el ranking, que pasó de ocupar el lugar 10 al 12, en el informe que fue presentado el 20 de marzo pasado. 

    No hay que ser pesimistas. Si bien “perdió” dos lugares, su índice de bienestar prácticamente quedó inalterado. En 2025 seguimos siendo tan felices como en 2024, con una calificación de 6.97 puntos de 10.

    El cambio consistió en que los habitantes de Suiza y Nueva Zelanda se sintieron más felices y pues ¡qué gusto!, ¿quiénes somos nosotros para no desear la felicidad a los demás?

    Pero si vemos las calificaciones de los tres primeros lugares, Finlandia con 7.73, Islandia con 7.54 y Dinamarca 7.53, tampoco estamos tan lejos, pese a que nuestro desarrollo económico y humano es menor. 

    Podemos sentirnos mucho más aliviados si consideramos que ocupamos el lugar 12 de la felicidad entre entre 147 países.

    ¿Ahora se imaginan si trabajamos como país para mejorar el bienestar colectivo de las personas mejorando las condiciones materiales, como la economía, seguridad, estado de derecho, acceso a la salud o democracia; si cambiamos los ambientes laborales en las organizaciones, y al mismo tiempo cada uno de nosotros trabaja en su bienestar físico y mental personal?

    El otro punto tiene que ver con las redes sociales. Este año el Reporte, que es publicado por el Centro de Investigación sobre el Bienestar de la Universidad de Oxford, en colaboración con Gallup, la Red de Soluciones para el Desarrollo Sostenible de la ONU y un consejo editorial independiente, le dedicó un espacio especial sobre el impacto de estos medios en la satisfacción con la vida de los habitantes del planeta.

    La digitalización de la interacción humana ha transformado el bienestar subjetivo a nivel global, concluye el estudio.

    El grupo etario más afectado son los jóvenes entre 15 y 24 años. En general, ellos habían sido más felices que las personas de mayor edad, pero ahora sucede lo contrario en Norteamérica, Europa Occidental y Australia. 

    El estudio confirma que el uso excesivo de las redes sociales afectó su bienestar, pues ha alterado el tiempo y forma como los seres humanos disfrutamos del sueño, la actividad física y las relaciones interpersonales cara a cara.

    Un dato relevante es que la constante comparación de cómo nos muestran su vida algunas personas (influencers, por ejemplo) en las diferentes plataformas daña la autoestima de otras, principalmente los más jóvenes.

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    ¿Por qué nos deberíamos sentir positivos los mexicanos en este tema?

    Pues las mediciones del Reporte arroja que nuestros jóvenes y el resto de nuestra población usamos las redes sociales como una herramienta para estar cerca de nuestros seres queridos. Con ello fortalecemos nuestras relaciones y, por tanto, nuestro bienestar emocional.

    Por ejemplo, en el caso de México identificó que Whatsapp y Facebook incrementan los niveles de satisfacción con la vida y emociones positivas (Tiktok y X fueron consideradas redes que incrementan las emociones negativas).

    Las redes también ayudan a empoderar a nuestros jóvenes y los hace sentir más satisfechos con la vida cuando las usan para el aprendizaje o creación.

    En general, la exposición excesiva al internet, videojuegos y redes sociales es asociada con menor satisfacción con la vida.

    Una de las recomendaciones que hacemos en Tecmilenio a nuestros alumnos, al que pertenece el Instituto del Propósito del Bienestar Integral, es precisamente aprender a priorizar las relaciones interpersonales presenciales.

    Ya por último, el estudio destaca dos posturas académicas sobre el impacto de las redes sociales al ser usadas en todo el mundo: 

    1) que sí ha impactado negativamente en la crisis de salud mental juvenil o 

    2) que ese daño es menor, pues hay otros factores que también influyen en su bienestar, como el cambio climático, la inestabilidad política o la falta de oportunidades económicas.

    ¿Tú por qué crees que los jóvenes mexicanos en general usan las redes sociales de una manera más sana en comparación con países más desarrollados?

    ¿Qué hacemos bien los mexicanos para tener una mayor satisfacción con la vida y no debemos descuidar?

    Sobre la autora:

    *Rosalinda Ballesteros, directora del Instituto del Propósito y Bienestar Integral de Tecmilenio.

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