Más de 40 millones de adultos estadounidenses (aproximadamente el 19%) viven con un trastorno de ansiedad, de acuerdo con los Institutos Nacionales de la Salud.
Los estudios demuestran que esta ansiedad es más frecuente en los jóvenes. En los últimos años, psicólogos sociales como Jonathan Haidt han comenzado a establecer conexiones entre el uso de la tecnología y la ansiedad. Argumentan que la omnipresencia de los teléfonos inteligentes y las redes sociales puede afectar no solo los hábitos y las emociones de los jóvenes, sino también aspectos clave de su desarrollo cerebral durante la adolescencia.
Mantener una presencia constante en línea puede provocar una comparación social excesiva, trastornos del sueño, atención fragmentada y una mayor exposición al ciberacoso; todo lo cual puede aumentar la prevalencia de la ansiedad.
Somos investigadores en salud pública y políticas públicas con interés en la salud mental. Comprendemos que este problema va mucho más allá de la ansiedad propia de la juventud. Cada vez hay más evidencia que vincula este tipo de ansiedad prolongada con diversos problemas de salud perjudiciales, como el debilitamiento del sistema inmunitario, un mayor riesgo cardiovascular y un deterioro del rendimiento cognitivo. Con el tiempo, estos efectos pueden aumentar el riesgo de enfermedades crónicas y otras consecuencias negativas para la salud.
En mayo de 2025, realizamos nuestra propia encuesta para medir la prevalencia de la ansiedad en Florida, el estado donde residimos, y explorar si, de hecho, está relacionada con la edad y el uso de las redes sociales.
¿Qué preguntas hizo nuestra encuesta?
Encuestamos a 500 adultos y diseñamos nuestra investigación para asegurar que el grupo encuestado fuera representativo de la población del estado en términos de edad, raza, género, afiliación política y distribución geográfica.
Utilizamos un cuestionario llamado GAD-7, desarrollado por profesionales de la salud mental para evaluar los síntomas del trastorno de ansiedad generalizada. El GAD-7 solicita a los participantes que indiquen su grado de molestia con respecto a siete aspectos durante las últimas dos semanas. Respondieron en una escala de cuatro puntos, desde “nada” hasta “casi todos los días”. Estos siete aspectos incluían preguntas sobre preocupación, irritabilidad, inquietud y sensación de miedo o nerviosismo.
Una puntuación inferior a 10 indica ansiedad mínima (0-4) o leve (5-9). Quienes obtienen una puntuación entre 10 y 14 presentan ansiedad moderada, mientras que una puntuación de 15 o superior indica un trastorno de ansiedad grave.
La diferencia entre la ansiedad generalizada moderada y la grave radica en la frecuencia con la que el participante experimenta cualquiera de los siete síntomas. Por ejemplo, una persona con ansiedad generalizada grave podría experimentar los siete síntomas casi a diario, mientras que una persona con ansiedad generalizada moderada podría haber experimentado algunos de ellos varios días en las últimas dos semanas.
También preguntamos a los participantes cuánto tiempo pasan en redes sociales como Facebook, Instagram y TikTok, y cómo se sienten al usarlas.
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Nuestros hallazgos
Nuestra encuesta reveló que aproximadamente 1 de cada 5 floridanos sufre de ansiedad de moderada a grave, lo cual coincide con las estadísticas nacionales.
Si bien la puntuación promedio en la escala GAD-7 fue de 4.74 (lo que indicaría que el floridano promedio no padece un trastorno de ansiedad), el 18.6% de los participantes reportó síntomas de ansiedad al menos moderada, y casi la mitad de ellos presentó síntomas graves.
Este resultado indica que cerca de 3.5 millones de floridanos podrían sufrir ansiedad clínicamente significativa.
Los miembros de la Generación Z, con edades comprendidas entre los 18 y los 27 años en nuestra muestra, reportaron los índices de ansiedad más altos, por un margen considerable. De hecho, la puntuación promedio en la escala GAD-7 para este grupo fue de 8.17 (justo por debajo del umbral de ansiedad moderada), en comparación con un promedio de 6.50 para los millennials, 5.32 para la Generación X y 3.04 para los baby boomers.
Estos promedios coinciden con estudios nacionales previos, que han encontrado que la parte de la población adulta estadounidense que sufre mayor ansiedad pertenece a la Generación Z. De acuerdo con un estudio realizado en 2020, el 30.9% de los adultos de entre 18 y 23 años reportaron síntomas de trastorno de ansiedad generalizada, en comparación con solo el 27.9% de los millennials, el 17.2% de la Generación X y el 8.1% de los baby boomers.
Redes sociales y ansiedad en la Generación Z
Para comprender si el uso de redes sociales podría ayudar a explicar las mayores tasas de ansiedad observadas entre los jóvenes floridanos, examinamos la relación entre el tiempo dedicado a las redes sociales y la ansiedad.
En general, quienes no usaban redes sociales reportaron niveles de ansiedad más bajos, con una puntuación promedio de 3.56 en la escala GAD-7. En comparación, la puntuación media en la escala GAD-7 para quienes usan las redes sociales menos de una hora por semana fue de 3.74, y aumentó progresivamente a medida que aumentaba el uso, alcanzando una media de 6.10 entre quienes pasaban de siete a nueve horas semanales en redes sociales, y de 7.08 para quienes se conectaban durante 10 horas o más.
Si bien el tiempo de uso fue importante, los motivos por los que los floridanos usan las redes sociales también influyeron significativamente en si experimentaban ansiedad. La ansiedad fue menor entre quienes usan las redes sociales principalmente para mantenerse en contacto con familiares y amigos. Sin embargo, aumentó considerablemente entre quienes las usan para estar al día de las últimas tendencias y la cultura popular, o para informarse sobre tendencias de salud, bienestar y belleza.
También preguntamos a los participantes si “a veces sienten que se pierden de algo al ver lo que otros publican en redes sociales”. Entre quienes afirmaron experimentar a veces FOMO (miedo a perderse algo) en redes sociales, las puntuaciones medias de ansiedad oscilaron entre 7.26 y 9.00. Pero entre quienes no estuvieron de acuerdo, las puntuaciones promedio fueron significativamente más bajas: 4.16 o menos.
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El tiempo que los jóvenes pasan en redes sociales importa
En estos datos, observamos una clara correlación entre el uso de redes sociales y una mayor ansiedad, y también una mayor tendencia entre la Generación Z y los millennials a reportar niveles más altos de ansiedad. Esto es lógico, dado que los jóvenes generalmente pasan más tiempo en redes sociales.
Sin embargo, quedaba una pregunta importante por responder: ¿Puede la reducción del uso de redes sociales disminuir los niveles de ansiedad en los adultos más jóvenes?
Para responder a esta pregunta, volvimos a examinar la relación entre el uso promedio semanal de redes sociales y la ansiedad. Pero esta vez, restringimos el análisis únicamente a los participantes de la Generación Z y los millennials.
Incluso al limitar el estudio a estos dos grupos, encontramos un vínculo claro y decisivo entre el uso de redes sociales y la ansiedad. Quienes reportaron pasar menos de una hora en redes sociales cada semana obtuvieron puntuaciones promedio de 2.89 en la escala GAD-7. Esas puntuaciones aumentaron de forma constante a medida que aumentaba el tiempo en las redes sociales, alcanzando un máximo de 8.73 entre aquellos que utilizan las redes sociales 10 horas o más por semana.
Moderar el consumo de redes sociales para reducir la ansiedad
Los resultados de nuestra encuesta parecen confirmar las sospechas de psicólogos sociales y tecnocríticos: los altos índices de ansiedad observados entre los jóvenes estadounidenses parecen estar relacionados con el tiempo que pasan en línea. Esto se aplica especialmente a quienes pasan tiempo en espacios digitales que facilitan la comparación social y la sobrecarga de información.
No podemos afirmar, basándonos únicamente en esta encuesta, que las redes sociales sean las únicas responsables del aumento de la ansiedad generalizada. Otros factores podrían estar involucrados, como la sobrecarga de información digital y la disminución del contacto interpersonal. Sin embargo, la cantidad de tiempo que se pasa en las redes sociales sí parece estar afectando la salud mental de los jóvenes en Florida.
Una posible solución podría ser moderar el consumo. Algunas investigaciones recientes sugieren configurar recordatorios diarios automáticos para limitar el uso de las redes sociales a 30 minutos al día. Otra sugerencia es tomarse un descanso de un mes de las redes sociales de vez en cuando.
Quienes sientan que necesitan más apoyo para desconectarse de las redes sociales podrían beneficiarse de buscar ayuda profesional, como hablar con un terapeuta licenciado.
*Stephen Neely es profesor asociado de Asuntos Públicos en Universidad del Sur de Florida y Kaila Witkowski es profesora asistente de Administración Pública en la Universidad Atlántica de Florida.










