La prueba más trascendental de la independencia de la Reserva Federal en más de un siglo de existencia llega esta semana ante la Corte Suprema de Estados Unidos, con el foco puesto en si los jueces protegerán al banco central más importante del mundo de la influencia política, como pretendió el Congreso, o permitirán que el presidente Donald Trump haga una “limpieza” como considere conveniente.
El caso que gira en torno al intento de Trump de despedir a la gobernadora de la Fed Lisa Cook por un presunto fraude hipotecario podría, en el extremo, erosionar esa apreciada independencia; pero incluso sin llegar a ese resultado, podría ofrecer la primera hoja de ruta sobre cómo un presidente puede destituir a alguien del órgano rector de un banco central profundamente blindado.
Incluso si Cook conserva su cargo —un desenlace que muchos analistas legales consideran probable dadas declaraciones previas de la Corte Suprema sobre la Fed—, el tribunal de mayoría conservadora podría precisar en qué falla el intento de despido de Trump y, al hacerlo, indicar qué se requiere para establecer la “causa” necesaria para remover a un responsable de la política monetaria.
Ese requisito está establecido en la Ley de la Reserva Federal y busca proteger a los gobernadores de la Fed —incluido el poderoso jefe del banco central— de ser removidos por disputas sobre las tasas de interés, lo que Cook y, más recientemente, el presidente de la Fed Jerome Powell sostienen que es la verdadera motivación detrás del intento de despido de Cook y de las amenazas de cargos penales contra Powell. Nunca antes probado en los tribunales, dicen los analistas, darle contenido concreto a ese concepto podría confirmar la independencia del banco central si los requisitos son lo suficientemente estrictos, pero también ofrecer a una administración creativa un objetivo al que apuntar.
“La puerta está abierta”, dijo la ex presidenta de la Fed de Cleveland, Loretta Mester, ahora profesora adjunta en la Escuela de Negocios Wharton de la Universidad de Pensilvania. “La pregunta es cómo se resuelve de una manera que no permita que quien esté en la presidencia simplemente decida: ‘no quiero a esa persona, la acuso de algo y con eso basta’”.
Cook sostiene que Trump hizo precisamente eso cuando, en agosto pasado, basándose en acusaciones de que ella había tergiversado información en una solicitud de hipoteca, dijo que la despedía de un mandato en la Fed que expira en 2038, mucho después del fin de su presidencia. No se han presentado cargos; ninguna institución financiera la ha acusado de fraude; no ha habido ningún procedimiento administrativo.
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Ella demandó y un tribunal inferior la mantuvo en su cargo a la espera de una audiencia —ya un resultado distinto al de los intentos de Trump de rehacer otras agencias supuestamente independientes—. La administración Trump apeló.
El argumento del equipo de Trump es, en la práctica, que la “causa” es lo que el presidente diga que es, un estándar que dejaría a los gobernadores de la Fed a un paso de ser removidos “a voluntad”.
Jon Faust, ex asesor principal de Powell y de la ex presidenta de la Fed Janet Yellen, y ahora profesor de economía en la Universidad Johns Hopkins, dijo que le preocupaba que, dada la postura favorable de la Corte Suprema hacia la administración Trump en muchos otros asuntos, incluso si Cook conserva su cargo, el resultado debilite el blindaje frente a la presión política.
“Creo que la posibilidad de salir con un umbral estricto y difícil de superar es muy poco probable”, dijo Faust. “Hay material de sobra para una decisión estrecha a favor de (Cook)… Las batallas continuarán, Trump seguirá con los ataques y, si decide usar todas sus herramientas… es muy probable que la independencia se resquebraje. Creo que sabemos la dirección en la que se avanza”.
Otros, sin embargo, siguen siendo optimistas.
“Parece que van a intentar crear alguna excepción que permita a la Fed mantener su independencia”, dijo Kathryn Judge, profesora de la Facultad de Derecho de la Universidad de Columbia, el viernes en una conferencia sobre la independencia de la Fed en la Universidad Atlántica de Florida.
“Pero para que esa independencia… sea efectiva, la ‘causa’ tiene que significar algo, y debe haber algún tipo de limitación significativa a la capacidad del presidente de despedir a un gobernador sobre la base de meras acusaciones”.
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La credibilidad de la Fed en riesgo
Se supone que es difícil despedir a los gobernadores de la Fed, un principio reflejado en el requisito de “causa” y en sus largos mandatos de 14 años, aunque pocos los completan.
Las decisiones de política monetaria pueden tener efectos económicos dolorosos a corto plazo, en detrimento de funcionarios electos sujetos a ciclos electorales de dos y cuatro años.
El ex presidente de la Fed Paul Volcker utilizó tasas de interés punitivas, de dos dígitos, para romper la alta inflación en la década de 1980. ¿Las consecuencias? Dos recesiones con tasas de desempleo superiores al 10% y que se mantuvieron por encima del 7% durante unos cuatro años. El entonces presidente Jimmy Carter, quien nombró a Volcker, perdió su reelección en 1980 en medio del malestar económico.
Pero el dolor a corto plazo produjo beneficios a largo plazo. Al mostrar determinación para contener la inflación, la credibilidad de la Fed se fortaleció, ayudando a anclar la psicología del público —las “expectativas de inflación”— de una manera que se considera que aún hoy ayuda a moderar la inflación.
El reciente aumento de precios durante la pandemia no llevó a que las expectativas se desalinearan de forma significativa del objetivo del 2% de la Fed. Los investigadores atribuyen ese resultado a la credibilidad que aún tenía el banco central cuando afirmó que devolvería la inflación a ese nivel, y se cree que ello ayudó a reducir la inflación sin la recesión que muchos economistas esperaban.
Es esa credibilidad, y los beneficios que la acompañan, lo que está en riesgo si la política monetaria comienza a adaptarse a las exigencias políticas, el resultado presumible si los presidentes pueden despedir a funcionarios de la Fed a voluntad.
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Fuera de sintonía con los políticos
Todo podría salir bien. Los presidentes podrían aceptar tasas de interés altas y un crecimiento más lento como necesarios cuando la inflación amenaza. Los responsables de la política monetaria podrían dejar de lado los riesgos para sus empleos en ese entorno y tomar decisiones basadas en la evidencia, no en el clima político.
Sin embargo, el historial no es bueno.
Cuando los tres últimos presidentes de la Fed —incluido el longevo Alan Greenspan— firmaron la semana pasada una declaración apoyando a Powell frente a una investigación del Departamento de Justicia de EE. UU., incluyeron esta pulla: las acciones de la administración recordaban a “cómo se hace la política monetaria en mercados emergentes con instituciones débiles”, no en la institución que supervisa el control de la inflación de la moneda de reserva mundial.
Así como una política demasiado restrictiva puede frenar innecesariamente el crecimiento y aumentar el desempleo, una política demasiado laxa empuja a la economía más allá de su capacidad productiva, reduce el desempleo a un nivel insostenible y eleva salarios y precios.
Dado que las decisiones de la Fed tardan tiempo en impactar la economía, los banqueros centrales están casi por definición fuera de fase con lo que los políticos consideran apropiado en cada momento.
Con información de Reuters.
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