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    Con la llegada del Día de San Valentín, encontrar las palabras perfectas para expresar tus sentimientos por esa persona especial puede parecer una tarea abrumadora, tanto que podrías sentirte tentado a pedir ayuda a ChatGPT.

    Al fin y al cabo, en cuestión de segundos puede crear un mensaje romántico y bien escrito. Incluso un poema o limerick corto y personalizado es muy fácil.

    Pero antes de copiar y pegar esa nota de amor generada por IA, quizás quieras considerar cómo te podría hacer sentir contigo mismo.

    Investigamos la intersección entre el comportamiento del consumidor y la tecnología, y hemos estado estudiando cómo se sienten las personas después de usar IA generativa para escribir mensajes emotivos. Resulta que usar la tecnología como escritor fantasma personal tiene un coste psicológico.

    El auge del escritor fantasma con IA

    La IA generativa transformó la forma en que muchas personas se comunican. Desde redactar correos electrónicos de trabajo hasta redactar publicaciones en redes sociales, estas herramientas se convirtieron en asistentes de escritura cotidianos. Por eso, no es de extrañar que algunas personas también recurran a ellas para asuntos más personales.

    Los votos matrimoniales, las felicitaciones de cumpleaños, las notas de agradecimiento e incluso los mensajes de San Valentín se externalizan cada vez más a algoritmos.

    La tecnología es ciertamente capaz. Los chatbots pueden crear respuestas emotivas que suenan genuinamente sinceras.

    Pero hay un problema: cuando presentas estas palabras como si fueran tuyas, algo no cuadra.

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    Cuando la conveniencia genera culpa

    Realizamos cinco experimentos con cientos de participantes, pidiéndoles que imaginaran usar IA generativa para escribir diversos mensajes emotivos a sus seres queridos. En todos los escenarios que probamos, desde correos electrónicos de agradecimiento hasta tarjetas de cumpleaños y cartas de amor, encontramos el mismo patrón: las personas se sentían culpables al usar IA generativa para escribir estos mensajes, en comparación con cuando los escribieron ellas mismas.

    Al copiar un mensaje generado por IA y firmarlo, básicamente te atribuyes el mérito de palabras que no escribiste.

    Esto crea lo que llamamos “discrepancia de origen-crédito”, que es una brecha entre quién realmente creó el mensaje y quién parece haberlo creado. Estas discrepancias se pueden observar en otros contextos, ya sean publicaciones de famosos en redes sociales escritas por equipos de relaciones públicas o discursos políticos compuestos por redactores profesionales.

    Al usar IA, aunque te digas a ti mismo que simplemente estás siendo eficiente, probablemente reconozcas, en el fondo, que estás engañando al destinatario sobre el esfuerzo y la reflexión personal que se invirtieron en el mensaje.

    La prueba de transparencia

    Para comprender mejor esta culpa, comparamos los mensajes generados por IA con otros escenarios. Cuando las personas compraron tarjetas de felicitación con mensajes preimpresos, no sintieron ninguna culpa. Esto se debe a que, evidentemente, las tarjetas de felicitación no están escritas por ti. Las tarjetas de felicitación no implican engaño: todos entienden que tú las elegiste y que no las escribiste tú mismo.

    También probamos otro escenario: que un amigo escribiera el mensaje en secreto por ti. Esto generó tanta culpa como usar IA generativa. No importa si el escritor fantasma es humano o una herramienta de inteligencia artificial. Lo que más importa es la deshonestidad.

    Sin embargo, existían ciertos límites. Descubrimos que la culpa disminuía cuando los mensajes nunca se entregaban y cuando los destinatarios eran simples conocidos en lugar de amigos cercanos.

    Estos hallazgos confirman que la culpa surge de violar las expectativas de honestidad en relaciones donde la autenticidad emocional es fundamental.

    En relación con esto, las investigaciones descubrieron que las personas reaccionan de forma más negativa cuando se enteran de que una empresa utilizó IA en lugar de un humano para escribirles un mensaje.

    Pero la reacción fue más fuerte cuando el público esperaba un esfuerzo personal: un jefe expresando su solidaridad tras una tragedia o una nota enviada a todo el personal celebrando la recuperación de un compañero tras un problema de salud. Fue mucho más débil en el caso de notas puramente informativas o instructivas, como anunciar cambios rutinarios de personal o proporcionar actualizaciones básicas del negocio.

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    Qué significa esto para tu Día de San Valentín

    Entonces, ¿qué deberías hacer con ese mensaje de San Valentín que se avecina? Nuestras investigaciones sugieren que la mano humana detrás de un mensaje significativo puede ayudar tanto al escritor como al destinatario a sentirse mejor.

    Esto no significa que no puedas usar la IA generativa como un aliado para la lluvia de ideas en lugar de un escritor fantasma. Deja que te ayude a superar el bloqueo creativo o a sugerir ideas, pero haz que el mensaje final sea verdaderamente tuyo. Edita, personaliza y añade detalles que solo tú conoces. La clave es la cocreación, no la delegación total.

    La IA generativa es una herramienta poderosa, pero también ha generado una serie de dilemas éticos, ya sea en el aula o en las relaciones románticas. A medida que estas tecnologías se integren más en la vida cotidiana, las personas deberán decidir dónde trazar el límite entre la ayuda útil y la externalización emocional.

    Este Día de San Valentín, tu corazón y tu conciencia podrían agradecerte que tu mensaje sea genuinamente tuyo.

    *Julian Givi es Profesor Adjunto de Marketing en la Universidad de Virginia Occidental; Colleen P. Kirk es Profesora Adjunta de Marketing en el Instituto Tecnológico de Nueva York y Danielle Hass es Candidata a Doctora en Marketing en la Universidad de Virginia Occidental.

    Este texto fue publicado originalmente en The Conversation

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