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    Vicente Dalmau Cebrián-Sagarriga asumió hace 30 años el liderazgo de Marqués de Murrieta, la bodega española fundada en 1852 que dio origen a una de las regiones históricas del vino a nivel global, la Rioja. Su padre, Vicente Cebrián Sagarriga, compró la marca en 1983, pero falleció 13 años después, en 1996, cuando el hoy presidente de Marqués de Murrieta tenía tan solo 25. Desde entonces, Dalmau Cebrián-Sagarriga ha liderado la expansión y crecimiento de una de las bodegas sinónimo de excelencia en el escenario vitivinícola internacional.

    ¿Cuál fue su primer trabajo?

    Mi primer trabajo fue, con 11 o 12 años, en la finca que tenemos en Galicia, el Pazo de Barrantes, que hoy es un viñedo dedicado a la elaboración de Albariño, pero en su día estaba en parte llena de frutales. Entonces, en los veranos junto con mis hermanas y mis padres recogíamos las manzanas y yo luego iba con el encargado de la finca a venderlas a todas las tiendas contiguas que existían. En esa misma finca luego pasé a recoger mis primeras uvas de albariño, para luego fermentar, producir vino, etiquetar botellas y encajarlas. Mis primeros pasos siempre estuvieron relacionados con el mundo de la agricultura.

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    ¿Recibía algún pago por ese trabajo? ¿Cuándo empezó a recibir un sueldo?

    Ahí no recibía sueldo, no recibía más que comida de mi padre. De hecho, yo creo que empecé a recibir sueldo cuando se murió mi padre, cuando yo tenía 25 años. Me dedicaba solo a crear valor añadido y ayudar a mi padre. Si te soy sincero, yo nunca he hecho nada en mi vida pensando solo en el área económica o mirando una cuenta de resultados. Indudablemente, cualquier inversión que he hecho depende del área económica, pero para mí lo prioritario ha sido siempre la pasión por lo que hago y el trabajo sincero y honrado, no el dinero.

    ¿Tiene alguna anécdota particular que recuerde de esos primeros años?

    Voy a cambiar la palabra anécdota por recuerdo. Yo tuve la pena de perder a mi padre cuando era muy joven, y luego perdí a mi madre. Así que lo que más recuerdo y atesoro son esos momentos en familia que pasábamos y de los que te hablaba antes. Son recuerdos imborrables que me han marcado para siempre.

    ¿Quién fue el mentor más importante en su carrera?

    Mi padre. El tiempo que yo pasaba con mi padre fue mayor que el de mucha gente joven porque él era un empresario que siempre vivía en soledad y nos involucró a mi hermana [Cristina, la mayor de sus hermanas, quien hoy se desempeña como directora financiera de Marqués de Murrieta] y a mí, pero sobre todo a mí, en su ámbito de trabajo desde muy jóvenes. Nuestra convivencia no solo se daba en lo familiar sino también en lo profesional, con lo cual la vinculación era constante. Yo tengo la figura de mi padre grabada, hoy me alegra haber recibido la exigente y dura educación que recibí, que en aquel momento me marcó mucho. De la misma forma que la sensibilidad, elegancia y honradez de mi madre me marcaron también mucho. Ambos fueron y siguen siendo los dos ejes de mi vida.

    ¿Cuáles fueron los retos más grandes que enfrentó en la primera etapa de su carrera?

    Una vez que fallece mi padre, hubo dos grandes retos. Uno que me obsesionaba muchísimo era estar a la altura de él. Y luego, a los 25 años, tener sobre tu espalda una bodega que representa uno de los ejes del mundo del vino, no era fácil. Esas dos fueron unas presiones grandísimas. Y le sumo otra. Yo tengo tres hermanas más pequeñas, entonces, me obsesionaba también que después de ese abrupto momento que supuso la muerte de mi padre pudiéramos todos lograr recuperar la felicidad y el equilibrio.

    ¿Qué lecciones particularmente valiosas aprendió en esos inicios?

    Todo con lo que sigo conviviendo en mi día a día. Lo importante que son la constancia, la seriedad en el trabajo, la honradez, la responsabilidad. Todos esos han sido los pilares de mi vida. Tú te puedes encontrar en tu vida con gente muy lista, pero la falta de constancia puede que haga que al final a esa gente tan lista la dejen detrás.

    ¿Qué consejo le ofrecerías hoy a ese Vicente de 25 años?

    Puede ser esta de las preguntas más difíciles que me han hecho en mi vida. Mira, no sé si a ese Vicente o a “un Vicente”, pero le diría que soñara, que creyera en él, que no se diera por vencido, que las cosas no son nada fáciles en la vida, pero con esos ingredientes –la constancia, la honradez, la pasión– al final salen las cosas.

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    ¿Cómo se conjuga el peso de la tradición de una bodega histórica como Marqués de Murrieta con el reto de la innovación, en qué momento se encuentra actualmente?

    Hace 30 años la vida me puso al frente de este proyecto, me dio esta misión de continuar con este proyecto fundador de la Rioja, el que generó una nueva era de lo que hoy se entiende como esta región vitivinícola, una de las más importantes del mundo. Mi misión, en la que he tenido el acompañamiento de mi hermana Cristina, ha sido la de actualizar, sin perder nunca identidad, a este gran clásico, hacerlo un clásico actual, dinámico. Para ello se ha ido incorporando un equipo fantástico de gente joven, respetuosos de la historia y tradición de una casa, pero que trae consigo savia joven y nueva vida. Hemos puesto en marcha la actualización de las etiquetas históricas, pusimos en marcha nuevos proyectos de vino como Dalmau, una etiqueta de vino rosado, etc. Y acometimos un proceso largo que supone una transformación total de lo que es el viñedo de Marqués de Murrieta, las 300 hectáreas de Ygay que rodean la bodega, se reconstruyó un castillo entero, 12 años de obras, todo artesanía pura, 7,000 metros cuadrados que se han convertido en el eje de la historia de la bodega. Ahí tenemos la sede social, un museo nacional que cuenta la historia de lo que se ha hecho en esta bodega desde 1852, el nuevo proyecto gastronómico de alta cocina, el proyecto de catas. Además de la creación de la nueva era productiva, técnica de la bodega, con 30,000 metros cuadrados de área productiva de última generación. Y ahora estamos trabajando en un proyecto que incide en el enoturismo, con más espacio para mostrar lo que hacemos a esas 9,000 personas que visitan anualmente la bodega, y que contará posiblemente con un hotel pequeño. Todo esto se traduce en que estamos en un momento magnífico.