Esta historia es una de muchas. De acuerdo con la Secretaría de Salud (2025), 172,380 personas solicitaron tratamiento por consumo de sustancias en México y según la Organización Mundial de la Salud, solo una minoría de quienes necesitan atención en salud mental la recibe: en muchos países, hasta nueve de cada diez personas quedan fuera del sistema.
Así es que el problema no se limita a las adicciones. Los trastornos de salud mental más prevalentes —depresión y ansiedad—, que cobraron mayor visibilidad a partir de la pandemia, se han convertido en un problema de salud pública y también en un desafío financiero.
Según la Organización Mundial de la Salud, alrededor de 280 millones de personas viven con depresión y 301 millones con trastornos de ansiedad en el mundo (World Health Organization, 2022)En México, de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, cerca de 35 millones de personas han experimentado algún episodio depresivo a lo largo de su vida.
En números del INEGI (2021), el 19.3% de la población adulta presenta ansiedad severa, mientras que el 31.3% reporta síntomas de ansiedad en algún grado.
“Tengo un hijo de 52 años que no para de beber. Necesito internarlo en un centro de rehabilitación, pero no me alcanza para pagarlo y el seguro médico que he pagado por años no lo cubre. ¿Qué puedo hacer?”
—Patricia, viuda, 83 años
Sin embargo, apenas 1.6 millones de personas reportan tener alguna condición mental diagnosticada. La brecha entre malestar, diagnóstico y tratamiento es significativa.
Un sistema que no cubre lo que más enferma
En México, prácticamente ningún seguro de gastos médicos mayores cubre el tratamiento de la depresión, la ansiedad o las adicciones como padecimientos principales, incluso cuando requieren hospitalización o tratamiento psiquiátrico de largo plazo.
La consecuencia es directa: las familias absorben los costos. Cuando no pueden hacerlo, los tratamientos no se inician o se abandonan, con el consecuente deterioro en la salud y en la calidad de vida.
La evidencia clínica es consistente:
- La ansiedad y la depresión incrementan el riesgo de enfermedades cardiovasculares
- Las adicciones se asocian con cirrosis, pancreatitis, cáncer, daño neurológico, entre otros, además de accidentes y lesiones
En otras palabras, lo que hoy no se cubre como salud mental, mañana se cubre —y a mayor costo— como enfermedad física.
Estudios internacionales muestran que por cada dólar invertido en el tratamiento de la depresión y la ansiedad, se pueden obtener hasta cuatro dólares de retorno. Además, los programas de atención en salud mental reducen hospitalizaciones, consultas médicas y costos totales.
Las preguntas inevitables son:
- ¿Cuánto están perdiendo las aseguradoras al no incorporar estos datos en sus modelos?
- ¿Qué necesita hacer el sector salud para que las aseguradoras cubran costos de salud mental y adicciones?
México frente a otros países
Mientras en México la cobertura es prácticamente inexistente, a nivel internacional, algunos países han avanzado más rápido en cerrar la brecha. Estados Unidos exige por ley que la salud mental y las adicciones se cubran en condiciones equivalentes a la salud física. En América Latina, países como Chile y Colombia han incorporado la salud mental dentro de sus esquemas de cobertura, reconociéndola como parte integral del sistema de salud.
Para el sector asegurador, este no es solo un tema de responsabilidad social. Es también una decisión estratégica:
- reducir costos médicos a largo plazo
- mejorar resultados en salud
- diferenciar productos en un entorno competitivo
No es un gasto, es una inversión. La pregunta es cuánto tiempo más podrán las aseguradoras no cubrirlo y la sociedad tolerarlo.
(*) El autor es líder de opinión en adicciones a nivel nacional e internacional. Fue director de Monte Fénix y es fundador del Centro de Estudios Superiores Monte Fénix, Clínicas Claider y AMESAD. Es coautor del libro Adicciones, el creciente desafío y ha sido reconocido por su trayectoria con diversos premios, actualmente desarrolla la Fundación Espinosa-Larrea. Su visión ha marcado un antes y un después en el tratamiento de las adicciones en América Latina.
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
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