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    Los plásticos cambiaron la vida, resultaron una invención fascinante con enorme potencial de uso que durante los últimos 80 años no ha parado de crecer y de seguir encontrando nuevas aplicaciones, usos, fórmulas, innovaciones y materiales prácticamente indestructibles.  

    La consigna manifiesta es que solo tienes que ver a tu alrededor y ahí seguramente los encontraras, paquetes, utensilios, envoltorios, botellas, accesorios, muebles, cosméticos, medicinas, cables, autos, ropa, bolsas, componentes, juguetes, mobiliario urbano, -al final- mayoritariamente basura. 

    El ciclo del plástico inunda, abarrota, desborda el espacio de tiraderos por miles de toneladas y metros cúbicos cada día, cada hora, cada segundo. Ninguna industria se queda fuera de usarlos y de provocar una cadena de suministro altamente contaminante que asfixia suelos, agua y aire en el planeta y ahora aún en el espacio circundante. 

    Peor aún billones de billones de partículas, piezas microscópicas, invisibles para el ojo humano flotan, se dispersan y se trasladan silenciosamente por todo el mundo -de polo a polo- a todas las alturas, altitudes y latitudes. 

    Menores a 5 mm y hasta en dimensiones de apenas unas micras (mil veces mas delgadas que un cabello humano) los micro-plásticos están en el polvo, cualquier líquido, comida, empaque; se desprenden de la manufactura, durante el manejo y el desgaste natural de las piezas plásticas mayores o simplemente están ahí porque nada los puede contener.   

    Las estadísticas son contundentes: cada año se producen más de 500 millones de toneladas de plásticos en el mundo. Casi la mitad es considerada innecesaria y de un solo uso, lo que significa que tienen una única utilidad y que tras una vez se convierten en basura, desperdicio, innecesarios, estorbosos y problema de otro.  

    Este ritmo de consumo tiene múltiples consecuencias negativas para la ecología, millones de litros de agua se utilizan en su producción, enormes cantidades de energía, emisiones de gases de efecto invernadero y un uso extensivo de químicos altamente dañinos. 

    Hasta su evolución tecnológica resulta un problema convergente, son cada vez mas duros, durables, fuertes, resistentes al calor y condiciones extremas muy pero muy difíciles de degradar naturalmente (se quedarán en el planeta por miles de años) y no paran de mejorar. 

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    En efecto, la producción de plásticos representa cerca del 7% de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero; poco más del 90% de esa producción se sumará a las cerca de un millón de toneladas de años anteriores que terminará como basura altamente contaminante (solamente el 9% se recicla). 

    Los activistas y organizaciones de la sociedad civil insisten en que el impacto negativo del uso indiscriminado de plásticos comienza desde su fabricación, materiales, transporte y logística ya que se producen a partir de derivados del petróleo; lo que acarrea una descomunal contaminación por millones de toneladas de sustancias químicas peligrosas como benceno, tolueno, etilbenceno, sulfatos de hidrogeno y monóxido de carbono, entre otros.  

    Más aún, las propiedades elásticas, expansivas, ligeras y moldeables de los plásticos también representan otro inconveniente, una vez desechados, ocupan demasiado espacio, por lo que se acumulan en depósitos condenando a los ecosistemas enteros y grandes extensiones de suelo, mares, barrancas, vertederos naturales, cuevas, llanuras, ríos y lagos a una extinción permanente, dispersándose (nuevamente) en formas microscópicas hacia el aire.  

    Quemar la basura plástica es una práctica común pero nefasta cuando se consideran las implicaciones ecológicas pues empeora la propagación de contaminantes combustionadas que los hace más tóxicos y dispersa más fácilmente hacia el medio ambiente amplificando la destrucción sistemática de los hábitats naturales. 

    Los mares son el escenario de frecuentes denuncias y evidencias de las afectaciones que el mal manejo, indolencia y corrupción humana en el tema plástico ejercen sobre el medio ambiente; redes, boyas, una interminable lista de basura flota en zonas y extensiones de los océanos condenando todo vestigio de vida marina. 

    La alerta se intensifica cuando revisas los más recientes estudios que concluyen que los micro-plásticos pueden incluso acumularse en el cuerpo humano; aún en quienes se encuentran en perfecta condición física y libres de enfermedades.

    Investigaciones recientes reportan que una cantidad variable de miligramos (dependiendo de diversos factores de exposición, hábitos y disponibilidad) de micro-plásticos (por ser tan volátiles y minúsculos) ingresan a nuestro sistema mediante la respiración, comida, movimiento, contacto todos los días y que algunos se quedan, se fijan, se adhieren y llegan hasta el torrente sanguíneo para después acumularse en ciertos órganos.  

    Sin dramas, las investigaciones demostraron que la ingesta de microplásticos en el ser humano podría generar múltiples afecciones digestivas, neuronales, respiratorias, cardiovasculares y reproductivas. Peor aún, los modelos experimentales ya confirmaron que estas partículas diminutas podrían llegar a introducirse en nuestros tejidos, órganos y sistemas (aún nuestro ADN está expuesto) produciendo efectos tóxicos graves en el mediano plazo.

    Los organismos de cooperación internacional, organizaciones ambientalistas, así como universidades y centros de investigación están trabajando con urgencia en soluciones de fondo, pero también han subrayado e insistido en que se requieren políticas, programas y leyes en la materia mucho más estrictas, obligatorias y eficaces. 

    Ofrecen nuevos materiales, reciclaje, sustitución de biomateriales, bacterias digestoras, degradación acelerada, pero la meta sigue muy lejos. Al final toca a cada uno poner su parte. 

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