Te planteo un reto para esta semana. Fíjate cuántas veces preguntas algo y te contestan con respuestas que no tienen nada que ver. Estoy segura de que te vas a sorprender. ¿Sabes qué es lo peor?, que muchas veces aceptamos estas contestaciones porque ni siquiera nos dimos cuenta. Es muy frecuente que estemos en la búsqueda de algo, que nos planteemos objetivos y metas y que no los consigamos porque estamos distraídos o porque no logramos concentrarnos. Por ello, quienes sí lo hacen, están un paso adelante. Poner atención y estar concentrados es el pilar esencial de la ventaja competitiva.
En estos días, damos por sentado que la dieta y el ejercicio son de vital importancia para nuestra salud y bienestar. Nos fijamos mucho en lo que nos llevamos a la boca y no prestamos atención a lo que entra en nuestra mente. Andamos distraídos y no ponemos atención. Es curioso como hace algunos años, el cuidado de nuestro cuerpo no era tan importante. En 1955, el presidente de Estados Unidos Dwight Eisenhower sufrió un infarto después de jugar al golf en Denver. Este suceso conmocionó al país. El presidente solo tenía 64 años y proyectaba la fuerza y la vitalidad. La Casa Blanca llamó a Paul Dudley White, un cardiólogo destacado que cuando hablaba con la prensa, iba más allá de explicar el estado de salud del presidente, trataba de educar al público sobre los temas cardiacos en general. En 16 años, cerca del sesenta por ciento de la población hacía ejercicio y comía mejor.
Hoy, nos enfrentamos a una nueva crisis que afecta a nuestras mentes más que a nuestros cuerpos: el impacto negativo de la tecnología digital en nuestra capacidad de pensar. Nos cuesta trabajo poner atención y permanecer concentrados. Es momento de tomar el timón y empezar una nueva revolución en favor de mejores hábitos, tal como lo hizo Paul D. White. Cal Newport habla de un concepto interesante que denomina: trabajo profundo —deep work—. Se trata de algo que pareciera ser relativamente sencillo: reservar momentos largos para pensar sin interrupciones y tratar esta actividad cognitiva como una habilidad que se puede mejorar con la práctica. El término entró en la jerga social, la gente y comunicación de las empresas lo usaban sin conocer su origen y su significado.
La propuesta de Cal Newport se corresponde con el pensamiento de Zygmunt Bauman sobre la sociedad líquida. La sociedad líquida a la que se refiere Bauman, genera un entorno laboral precarizado, inestable y fragmentado que hace casi imposible la concentración, mientras que el trabajo profundo actúa como una herramienta de resistencia y una ventaja competitiva en ese mismo entorno volátil.
La relación entre la sociedad líquida y el trabajo profundo esuna de antagonismo directo y necesidad complementaria.
El crecimiento de la Inteligencia Artificial nos reclama una reflexión seria. Su progreso vertiginoso ha acarreado nuevas preocupaciones cognitivas. Más allá de la correlación negativa entre el uso frecuente de herramientas de Inteligencia Artificial y la capacidad de pensamiento crítico, está la incapacidad que tenemos para estar atentos y mantenernos enfocados. Parece que los seres humanos en nuestros tiempos tenemos una menor capacidad para utilizar nuestro cerebro y está claro que el tema tiene efectos personales preocupantes.
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¿Cuántos proyectos no llegaron a ejecutarse porque nadie les dio seguimiento? ¿Qué planes magníficos se quedaron en el tintero ya que nadie puso la suficiente atención, se perdió el interés y quedaron en el olvido? Poner atención y concentrarnos nos permite ejercer el privilegio de pensar.
Pensar es lo que nos permite dar sentido a la información en un mundo complejo. Cuando Abraham Lincoln era presidente solía tomarse un tiempo de silencio para pensar. Se retiraba con frecuencia e iba a su cabaña, en los terrenos de la Casa del Soldado, en las alturas de Washington, para encontrar la soledad necesaria para pensar intensamente sobre las decisiones a las que se enfrentaba como comandante jefe. En alguna ocasión, un empleado del Tesoro visitó a Lincoln en la cabaña y cuenta que encontró al presidente “recostado en una gran silla, con una pierna colgando del brazo. Parecía estar sumido en pensamientos profundos”.
En estos momentos, en la que las tecnologías nos aturden sin cesar, podríamos creer que esta crisis cognitiva es un hecho consumado, que es un efecto secundario de las innovaciones que no puede detenerse. ¿Pero de verdad tenemos que aceptar como algo inevitable esta pérdida constante de nuestra capacidad de pensamiento? Me parece que al igual que en el pasado se cambió la forma en la que se dio importancia al cuerpo, a la dieta y al ejercicio, hoy podemos reflexionar sobre forma en que respondemos a la disminución de nuestra capacidad de pensar.
La gran ventana de oportunidad que se abre para quienes ponen atención y se pueden concentrar es que al centrar nuestra mente en los objetivos que queremos lograr y las metas que buscamos alcanzar vamos a aumentar la comprensión y esto nos dará una ventaja competitiva. Si en tierra de ciegos el tuerto es rey, en un mundo de desconcentrados, los que pongamos atención estaremos un paso adelante. La clave para aprovechar esta encrucijada es poner manos a la obra y entrar en acción.
Poner atención y concentrarnos deriva en respuestas para la vida profesional, para las empresas, para nuestras decisiones personales en respuestas certeras. Se trata de activar nuestro cerebro y dejar de rendir nuestra capacidad de pensamiento. Es hora de dejar de preocuparnos, llegó el momento para estar atentos, guardar silencio, concentrarnos. No es difícil. Te planteo el reto para esta semana. Fíjate cuántas veces preguntas algo y te contestan con respuestas que no tienen nada que ver. Estoy segura de que te vas a sorprender.
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