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    Por Jose Balmori-de-la-Miyar*

    Esta es la quinta entrega de mi serie sobre finanzas personales. En las cuatro entregas anteriores abordé distintos aspectos del ahorro, pilar fundamental para construir un patrimonio sólido a lo largo de la vida. En esta ocasión, toca el turno de un instrumento que ha ganado terreno acelerado entre las familias mexicanas: la tarjeta de crédito. A continuación, detallo el panorama actual de este producto financiero y comparto algunas recomendaciones esenciales para utilizarlo con inteligencia.

    En primer lugar, conviene revisar la fotografía que arroja la Encuesta Nacional de Inclusión Financiera (ENIF). Entre 2021 y 2024, la tenencia de tarjetas de crédito departamentales en México pasó del 20% al 23% de la población adulta. Este avance se explica, en buena medida, porque más personas cumplen ahora con los requisitos para acceder al crédito formal: la proporción de la población que satisface dichos requisitos subió del 20.7% al 25.9% en el mismo periodo. Es decir, la oferta crediticia se ha ampliado al ritmo en que más mexicanos alcanzan los criterios mínimos de elegibilidad.

    Segundo, las tarjetas de crédito bancarias también registraron un incremento notable, pasando del 10.5% al 15.7% de la población adulta. Detrás de este crecimiento se encuentra una mayor competencia impulsada por los neobancos y las fintech, que están reconfigurando el mercado de crédito al consumo en América Latina. De acuerdo con el informe sobre la transformación global de las tarjetas de crédito elaborado por la firma de infraestructura de pagos Paymentology, México es uno de los casos más representativos de esta dinámica, con 61 millones 800,000 tarjetas de crédito colocadas. Este volumen responde, por un lado, a la incorporación de consumidores que antes carecían de acceso al crédito formal y, por otro, a la entrada de jugadores digitales que han flexibilizado sus productos crediticios.

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    Una vez entendido el panorama de las tarjetas de crédito en nuestro país, revisemos algunas recomendaciones sobre cómo usarlas responsablemente. Para ello, es indispensable subrayar la importancia de ser totalero, es decir, de liquidar el saldo completo de la tarjeta cada periodo de corte. La tarjeta de crédito es, sin lugar a dudas, uno de los instrumentos de financiamiento más caros del mercado mexicano, con tasas anualizadas que con frecuencia superan el 60% e incluso el 80% en algunos productos. Pagar únicamente el mínimo es una pésima decisión financiera: hacerlo perpetúa la deuda durante años, multiplica los intereses pagados varias veces sobre el monto original y puede convertir una compra modesta en una carga financiera asfixiante. La regla de oro es clara: si no se puede pagar el saldo total al vencimiento, mejor no usar la tarjeta para esa compra.

    Por último, conviene poner especial atención al gasto durante temporadas de descuentos como el Hot Sale o el Buen Fin. Estos eventos generan un atractivo psicológico que muchas veces nos lleva a comprometer ingresos futuros más allá de lo prudente. La trampa es conocida: percibimos el descuento como un ahorro, cuando en realidad estamos gastando dinero que aún no recibimos. Para evitar caer en esta dinámica, es indispensable adherirse a un presupuesto definido con anticipación y respetar un límite autoimpuesto de gasto. Si la compra excede ese límite, debe descartarse, por más atractivo que parezca el precio.

    La tarjeta de crédito, bien utilizada, es una herramienta poderosa para construir historial crediticio, gestionar el flujo de efectivo y aprovechar beneficios como puntos, millas de aerolíneas o cashbacks. Mal utilizada, se convierte en el camino más rápido hacia el sobreendeudamiento. La diferencia entre ambos resultados está, casi siempre, en la disciplina del usuario y en su domino de finanzas personales.

    Sobre el autor: 

    *Jose Balmori-de-la-Miyar es Director de los programas de licenciatura de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

    X: @jrbalmori

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