“Cada generación recibe como herencia la tarea de dar forma a su propio tiempo”.
— Papa León XIV, Magnifica Humanitas
Según el texto bíblico (Génesis 11:1-9), la historia de la Torre de Babel cuenta cómo la humanidad, en su búsqueda por alcanzar a Dios, quiso construir una torre que llegara hasta el cielo. Para frenar su soberbia y hacerles entender sus limitaciones, Dios confundió sus lenguajes y los dispersó. Así, incapaces de entenderse entre sí, no lograron completar su objetivo.
Verdad histórica o mito bíblico, aquí lo importante no es el hecho literal, sino el simbolismo y sus semejanzas con la época moderna. Hoy, una vez más, la humanidad intenta alcanzar un nivel casi divino por medio de sus propias creaciones y de la tecnología, sin comprender del todo las limitaciones de la ambición humana cuando esta se sale de control y pierde sentido común.
Ni la ambición ni los avances tecnológicos son malos. De hecho, en muchos casos han sido el motor de algunos de los mayores avances de nuestra civilización. Pero cuando ambos operan sin dirección, sin propósito real y sin responsabilidad, pueden transformarse rápidamente en fuerzas destructivas. Y la inteligencia artificial es, quizás, el mejor ejemplo contemporáneo de ello.
Nada parece completamente claro en el mundo de la IA: inversiones extremas, hipervaloraciones, la amenaza constante de una nueva burbuja tecnológica y una duda que sigue creciendo: ¿esta tecnología realmente está generando valor tangible o simplemente es muy buena creando la ilusión de valor?
Más contexto: Papa León XIV advierte a Silicon Valley sobre el control de la humanidad mediante la IA y los algoritmos
Valor real vs. ilusión de valor
La clonación del trabajo, el robo de propiedad intelectual y la simulación de textos, imágenes, música o video, por más “reales” que parezcan, nos obligan a hacer una pregunta: ¿esto aporta valor o simplemente nos hace sentir que estamos aportándolo?
La gran promesa de la IA es que ya no necesitas a nadie más para generar valor. Peor aún: promete que puedes construir riqueza desde casa con una laptop y una serie de herramientas automatizadas trabajando a tus órdenes.
Como la Torre de Babel, la IA promete una especie de “escalera al cielo”: una sola tecnología, un solo lenguaje, el mínimo esfuerzo y todas las ganancias concentradas en el individuo. Tú como creador absoluto.
Sin embargo, gran parte del avance actual de la IA está construido sobre referencias, información y creaciones generadas por terceros. La IA solo puede ver hacia el pasado para producir resultados en el presente. En otras palabras: puede ayudarte a copiar, imitar o clonar muy bien, pero no te ayuda a crear.
Y ahí está la diferencia más importante: agregar valor real creando algo nuevo o simplemente simular valor replicando lo que ya existe.
En su primera Encíclica, el Papa LEON XIV expone muy bien a lo que nos estamos enfrentando como sociedad moderna y la era que nos está tocado moldear. Como seres humanos estamos llamados a crear, no a imitar.
Puede encontrar su Encíclica aquí
Sobre el autor:
Gonzalo A Girault Facha, Socio Fundador Radient Game Studios
“We are what we play”
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