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    A través de la historia, el puro ha sido interpretado desde múltiples ángulos, como objeto de placer, como símbolo social e incluso como marcador de estatus. Pero, por supuesto, su significado no está en el objeto mismo, sino en el contexto humano que lo rodea.

    El puro no surge como una necesidad ni como un simple gusto adquirido, más bien aparece de forma natural en ciertos espacios donde la convivencia humana alcanza un nivel distinto de significado. En el mundo empresarial, esto es particularmente evidente: el puro no se enciende por impulso, sino por contexto, apareciendo en cierres de negocios, en celebraciones o en conversaciones donde el tiempo deja de ser una urgencia.

    Y sí, el tabaco ha estado presente en distintos niveles de organización social, por ejemplo, en las culturas originarias de Mesoamérica, tenía un carácter ritual y comunitario, era parte de ceremonias y momentos de decisión colectiva.

    Con la llegada del mundo europeo, ese significado se transformó, entrando en circuitos de diplomacia, corte y élites políticas. Lo que antes era ritual se convirtió en etiqueta social. Ya más adelante profundizaremos en un repaso histórico puntual, por ahora es interesante circunscribirnos a la historia contemporánea y ahí sí, profundizar. 

    En lo personal, considero que en el siglo XX, el cine y la cultura política, fueron vías que contribuyeron a difundir, amplificar y alentar los significados de glamour, jerarquía, estatus y fuerza a través del puro. A los líderes, empresarios y figuras públicas como Winston Churchill, John F. Kennedy y Fidel Castro, aficionados al puro, se les veía con calma, control y autoridad. Vamos, no es que el puro otorgue poder por el simple hecho de portarlo, no, sino que aparece en el entorno de decisiones, liderazgo y responsabilidad.

    Ahora, en el ambiente corporativo contemporáneo, ese significado también ha evolucionado. El puro ya no es necesariamente un marcador rígido de jerarquía, ahora es más un símbolo de afinidad. Se comparte entre personas de distintos niveles socioeconómicos sin establecer jerarquías, y lo que une no es la posición, sino la manera de entender el tiempo y la conversación.

    Asimismo, las nuevas generaciones se acercan a la cultura del tabaco, por distintas razones, algunos por profesión inmediata, en el caso de los cigar sommeliers, y otros sólo para enriquecer su conocimiento en la vida, porque el aprendizaje se convierte en una vía para disfrutar más conscientemente las experiencias, entendiendo lo que hay detrás de lo que se consume.

    Hay distintas aficiones y una vez que se tiene una afición, por ejemplo, por el arte, deporte, gastronomía, u otras, crece el método y uno puedes volverse coleccionista, investigador de la historia e impacto de aquello en lo que se profundiza.  El alcance cultural de un tema, es enriquecer la experiencia, y muchas veces, las restrictas al consumo ya no son necesariamente símbolos de estatus, sino experiencias de disfrute y conexión.

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    El puro como símbolo de poder y hospitalidad en el mundo empresarial

    De tal manera el coleccionismo no es un consumo negligente, sino que se encuentra un valor importante en el arte del puro, del objeto artesanal, su historia, añejamiento y calidad en la materia prima que emplea, que puede provenir de diferentes partes del mundo y con ello, la riqueza de cada terruño, donde, como resultado, el puro proporciona diferentes sabores, aromas y rangos de calidad.  

    También las personas que son apasionadas o aficionadas del puro, van creando distintos clubs. La metodología, y el hábito, acerca a la gente y así como hay clubs de aquellos que son deportistas y les gusta jugar pádel, tenis, polo, golf  o experiencias ecuestres, hay espacios para disfrutar de puros de calidad. 

    Cuando alguien ofrece un puro no está ofreciendo solo un objeto, sino un momento. La narrativa es la de una pausa significativa. Es una forma de reconocer que algo merece ser compartido con tiempo. Quien lo ofrece,77 enmarca la experiencia; quien lo recibe, acepta entrar en un espacio de conversación más humano. Por ejemplo, en el ámbito empresarial, el puro no acelera el negocio, lo humaniza. 

    Por ello, decimos que la escena del puro es una escena de reconocimiento, ya que se ofrece en momentos donde el tiempo se detiene: durante celebraciones, cierres o conversaciones importantes, generando un espacio distinto de conversación, sin prisas, con profundidad, y a fuego lento, en ese momento donde, precisamente, se transmite confianza y respeto. 

    (*) El autor es licenciado en Administración de Empresas por la Universidad Autónoma de Guadalajara, fue vicepresidente de la CANACO, a nivel estatal por Sonora y nacional en los años 2000 y 2006. Es profesor del Diplomado de Cigar Sommelier en distintas instituciones gastronómicas de México, además de ser fundador y director de la Fábrica Pedro Moreno, con 30 años de experiencia en la creación de puros. En la industria gourmet, ha participado en el liderazgo en compañías de inversión, tecnología, diseño y nutrición; y es autor del libro: La esencia de la tierra, descubriendo la felicidad en cada sabor. «Un viaje a través de los puros y los regalos de nuestra madre Tierra».

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