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    En diciembre próximo, la fábrica Pedro Moreno cumple treinta años, y la fecha no se resuelve en una efeméride, sino que traza un balance sobre lo que significa producir puros premium en México, desde San Andrés Tuxtla, en una industria históricamente dominada por Cuba, República Dominicana, Nicaragua y Honduras. Fundada por Pedro Moreno Bórquez, la casa veracruzana cosechó una cantidad de seguidores que hoy exhiben sus vitolas entre torneos de golf, regatas, encuentros hípicos y celebraciones empresariales, dentro y fuera del país.

    El proyecto nació en un momento preciso. “Desde 1995, ya como aficionado al puro, empecé a notar cómo crecía la afición por los puros de carácter premium; detectamos un mercado con enorme potencial y para 1997 decidimos entrar a la industria”, recuerda Moreno Bórquez. Lo que empezó como una tienda especializada derivó en un cigar bar con marcas de todo el mundo, antes de dar paso a sus propias firmas: La Casa del Puro y, después, Pedro Moreno. 

    En esos momentos, la cultura del puro vivía entonces un ciclo de visibilidad internacional, alimentado por figuras del deporte y del cine que lo exhibían sin pudor: “Recuerdo especialmente la época dorada de los Chicago Bulls, con Michael Jordan”, evoca el fundador, antes de sumar a Demi Moore, Sylvester Stallone, Arnold Schwarzenegger, Jack Nicholson y, con acento mexicano, a Salma Hayek. Aquel paisaje, asegura, despejó la duda sobre la existencia de un mercado capaz de sostener una marca propia.

    Construir una premium mexicana

    En este sentido, levantar una casa premium en un país que no figuraba en la cartografía clásica del tabaco obligó a un intenso trabajo simultáneo en varios frentes. “Para consolidar un producto de calidad primero tienes que lograr modificar y mejorar el estilo de vida de toda la gente que rodeamos esta industria”, apunta Moreno. La cadena, sostiene, va de la siembra al torcido, e incluye capacitación, fermentación, añejamiento y selección rigurosa de hoja. 

    La materia prima, además, depende de variables que la voluntad no controla: “La variedad de tabaco cada año depende del clima, del suelo y de muchos factores naturales que pueden afectar o enriquecer la hoja; por eso esta industria exige observación constante, paciencia y un profundo respeto por la materia prima”. El resultado, en sus palabras, no es espontáneo: “Un puro premium no nace; se construye lentamente”.

    Sobre la fórmula de la casa, Moreno privilegia la materia prima local sin renunciar al diálogo internacional. El 80% del tabaco es mexicano; el 20% restante combina hojas de Villa González, en República Dominicana; Santa Rosa de Copán, en Honduras; Estelí, en Nicaragua, y Pinar del Río, en Cuba. La intención, explica Moreno, no es decorativa: “Esas colaboraciones nos permiten enriquecer las mezclas y darles mayor complejidad a nuestras marcas”, al tiempo que posicionan al tabaco mexicano dentro de la industria premium global. En este colaborativo sentido, el Negro de San Andrés ha ganado terreno como base de los puros maduros más cotizados del mundo, por su color, su grosor y su resistencia a la fermentación.

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    El portafolio y los escenarios del ritual

    La casa Pedro Moreno articula sus líneas en torno al nombre del fundador, con referencias como Torpedo Ring, Robustos Ring, Lux Ring, y varios otros. A ellas se suman dos producciones emblemáticas: Laritas, los únicos puros autorizados por la familia del compositor Agustín Lara para portar su nombre, y Ciikar, otra de las marcas de la fábrica. La expansión productiva alcanzó también República Dominicana, con líneas desarrolladas en uno de los epicentros mundiales del tabaco.

    Por otra parte, Moreno cuenta que la distribución, en la actualidad, llega a Texas, Arizona, Nevada y California, mientras un canal directo, alimentado por redes sociales, atiende pedidos desde España e Italia. En paralelo, la marca ha hecho carrera en escenarios donde el puro funciona como ritual de celebración: el fútbol americano, el béisbol, los torneos de golf nacionales e internacionales, los encuentros hípicos de salto y equitación, las competencias de tiro al blanco y, cada vez con mayor frecuencia, los eventos culturales y gastronómicos vinculados a causas de responsabilidad social. 

    Asimismo hay un hito que el fundador refiere con especial detalle: “En 2022 tuvimos la suerte y la fortuna de estar con la marca Pedro Moreno en la celebración de la Serie Mundial, cuando ganaron los Astros de Houston: les hicimos los puros especiales personalizados con el logo del equipo, y al mánager, Dusty Baker, le entregamos una caja conmemorativa muy especial”. Ese pasaje, sostiene, condensa lo que ha buscado durante treinta años: representar al tabaco premium mexicano en circuitos internacionales de primer nivel.

    Un libro como manifiesto

    Por otra parte, el aniversario de la marca coincide con la publicación de un libro que Moreno trabajó durante tres años: La Esencia de la Tierra: Descubriendo la Felicidad en Cada Sabor. Un Viaje a través de los Puros y los Regalos de Nuestra Madre Tierra. El volumen, anuncia, será presentado próximamente, y articula una reflexión que excede al tabaco. “Este libro representa la oportunidad de expresar mi amor y pasión por lo que hago, mi compromiso con la industria, y mi afición por el tabaco”, dice, antes de precisar el eje verdadero del texto, “está muy enfocado en el amor y agradecimiento que todos los seres humanos debemos a la tierra; porque si bien yo promuevo el tabaco, no es un invento del ser humano, es un fruto de la tierra”. 

    En esta línea, la lectura que propone Moreno desplaza el centro: la conexión con el suelo, sostiene, antecede a la conexión entre personas, y reordena la idea misma del trabajo artesanal frente a la lógica de la producción industrial. El puro, en esa clave, es ingeniería humana, hecha a mano por torcedores que combinan memoria táctil, utensilios y oficio, en contracorriente con un entorno dominado por la inmediatez, la automatización y ahora, por la inteligencia artificial.

    El fundador se define, antes que como industrial, o promotor cultural: alguien que entiende la marca como un punto de encuentro entre tradición, hospitalidad y conversación: “Le quitamos la palabra fumar; degustar un puro puede ser individual o en compañía, pero la intención es que te relajes y disfrutes el momento”. Porque el verdadero lujo, insiste el fundador, “no es lo inmediato: es aquello que sabe esperar”.

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