Los grandes desarrollos inmobiliarios entrañan diversos dilemas. Suelen cambiar el entorno, aumentar plusvalía y generar empleo.
Pero detrás de estas variables, si se observa con atención, hay, en no pocas ocasiones, injusticias.
Es lo que ocurre con Lomas de Angelópolis, donde los propietarios originales recibieron una bicoca por sus tierras, y quienes las adquirieron hicieron un negocio de altos vuelos.
Es una historia que inició desde el gobierno de Mariano Piña Olaya y se extendió a las siguientes administraciones, incluida la de Manuel Bartlett.
En 1991 de expropiaron mil hectáreas de los ejidos de San Bernardino Tlaxcalancingo, La Trinidad Chiautenco, San Andrés Cholula y Santiago Momoxpan.
En su momento, Grupo Proyecta, en compra hormiga, adquirió terrenos a precios muy bajos, entre 30 y 40 pesos el metro.
Esto lo denunció, en su momento, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta, pero equivocó el tiro al pretender que “se donaran hectáreas”, para la construcción de vivienda para policías, o habrá consecuencias.
El debate, en lugar de situarse en el entorno de los derechos sociales, se convirtió en una defensa de la propiedad privada y ahí el escándalo se elevó.
Las etapas de construcción de Lomas de Angelópolis han estado cursadas por quejas de ejidatarios, quienes argumentan que se les pagó una miseria por metro, en una zona en la que ahora vale hasta 22 mil pesos.
Más allá de este tipo de cotizaciones o vaivenes del mercado, sí resultaría pertinente una visión, desde el Estado, no para impedir el desarrollo, sino para impulsar que este sea un factor de crecimiento colectivo.
Este año, en febrero, el 12 de febrero de 2026 se llevó a cabo la Sexta Sesión Ordinaria del Pleno de la Comisión Nacional Antimonopolio, en la que por unanimidad se determinó imponer una multa a Inmobiliaria Somopeca, junto con Inmobiliaria Liguria, y Senderos de las Lomas, por incumplir la obligación legal de notificar una concentración.
El monto de la sanción no fue dado a conocer, pero es una muestra más de enredos persistentes en la zona, que, además han significado que pobladores de Santa María Malacatepec padezcan escasez de agua, como daño colateral de una política de urbanización deficiente o que no observó los problemas que se podían causar.
Por cierto, Somopeca es propiedad de la familia de Pedro Aspe Armella, quien junto con otros empresarios de la construcción han impulsado Lomas de Angelópolis.
Un aspecto, de carácter político, que también incentiva las críticas y las quejas desde el poder local, donde más allá del propio gobernador, otros grupos juegan sus cartas y ven a Aspe como un representante de los tiempos neoliberales.
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