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    Durante los últimos años, la inteligencia artificial fue observada como si fuera una competencia deportiva. Cada semana tenía un ganador: el modelo más rápido, el benchmark más alto, el chatbot que escribía mejor o la función que parecía más cercana a la ciencia ficción.

    Esa etapa está terminando.

    La batalla importante ya no ocurre solamente dentro de los modelos, sino que ocurre alrededor de ellos: en las normas que deciden quién puede utilizarlos, en la infraestructura que los mantiene vivos, en las plataformas que controlan su distribución, en los puestos de trabajo que transforman y en los problemas reales que consiguen resolver.

    Las cinco noticias más relevantes de los últimos días parecen hablar de asuntos diferentes. Una viene de Shanghái, otra de Bruselas, otra de Silicon Valley, otra del mercado laboral y la última de un laboratorio farmacéutico. Juntas dibujan el nuevo mapa del poder en la era de la IA.

    Y ese mapa importa mucho más que saber qué modelo ganó la última prueba.

    1. China no quiere ganar la carrera. Quiere escribir sus reglas

    En la World Artificial Intelligence Conference de Shanghái, Xi Jinping presentó a China como impulsora de un nuevo orden global para la inteligencia artificial. Defendió los modelos abiertos, prometió capacitación y centros de cooperación para países del Sur Global y respaldó la nueva World AI Cooperation Organisation, integrada inicialmente por 29 países.

    China no está ofreciendo únicamente tecnología. Está ofreciendo una vía de acceso, una red de alianzas y, con ellas, una manera de entender la gobernanza de la IA. Estados Unidos compite desde sus empresas y sus cadenas de suministro. China quiere competir también desde los estándares, la formación y la diplomacia tecnológica.

    Para América Latina, la promesa puede resultar seductora: modelos más abiertos, costos más bajos y una alternativa a la dependencia de unas pocas compañías estadounidenses. Pero toda infraestructura lleva incorporada una visión del mundo. Elegir una tecnología también significa aceptar determinadas reglas sobre datos, seguridad, transparencia y control.

    La pregunta para los gobiernos y las empresas latinoamericanas no es si deben escoger entre Washington y Pekín. Es si poseen la capacidad suficiente para negociar con ambos sin entregar su autonomía a ninguno.

    La próxima brecha digital no separará solamente a quienes tienen IA de quienes no la tienen. Separará a quienes pueden decidir bajo qué condiciones la utilizan de quienes simplemente aceptan las condiciones de otros.

    2. Europa obliga a Google a abrir la puerta

    La Comisión Europea ordenó a Google abrir once funciones de Android a asistentes rivales y compartir, bajo determinadas condiciones, datos anonimizados que utiliza para optimizar su buscador. El objetivo es que servicios como los de OpenAI y otros competidores puedan integrarse mejor en el sistema y competir con Gemini.

    Puede parecer una noticia regulatoria. En realidad, es una noticia sobre distribución.

    Durante años se asumió que la mejor tecnología ganaría el mercado. La historia digital cuenta algo distinto. Con frecuencia gana la tecnología que ya está instalada, aparece por defecto y requiere menos esfuerzo para ser utilizada. Google no domina únicamente por la calidad de sus productos. Domina porque controla algunos de los caminos por los que miles de millones de personas llegan a ellos.

    Europa está intentando separar dos ventajas que suelen confundirse: crear una buena inteligencia artificial y poseer la puerta de entrada al usuario.

    Para los líderes empresariales, la lección va más allá de Google. En la era de la IA, la distribución puede ser un activo más poderoso que el modelo. Una solución extraordinaria que nadie puede integrar perderá frente a otra ligeramente inferior que ya vive dentro del teléfono, el navegador, el sistema operativo o el flujo de trabajo.

    No basta con construir inteligencia. Hay que decidir cómo llegará a las manos de quienes pueden convertirla en valor.

    3. Cuando un competidor puede convertirse en proveedor

    Meta y Anthropic mantienen conversaciones preliminares sobre un posible acuerdo por el que Anthropic alquilaría capacidad de cómputo de Meta. El contrato podría alcanzar los 10,000 millones de dólares durante dos años, aunque las negociaciones están en una etapa temprana y podrían no concluir.

    Meta desarrolla sus propios modelos y compite por talento, usuarios e influencia en el mismo ecosistema que Anthropic. Sin embargo, podría terminar suministrándole la infraestructura que necesita para crecer. El competidor, en otras palabras, también puede convertirse en cliente.

    Esto sucede porque la economía de la IA no se organiza como una industria tradicional. Se parece más a una ciudad construida a gran velocidad. Algunas compañías diseñan los edificios. Otras producen la energía. Otras poseen el terreno. Y las más poderosas intentan hacer las tres cosas al mismo tiempo.

    La conversación entre Meta y Anthropic demuestra que el cómputo ya no es simplemente un costo tecnológico. Es un producto, una fuente de ingresos y una forma de poder negociador.

    Los directivos deberían revisar su propia estrategia con la misma lógica. ¿Qué recurso interno consideran un gasto, pero podría convertirse en una plataforma para otros? ¿Qué competidor podría ser también socio, proveedor o cliente? En mercados que cambian tan rápido, las fronteras rígidas suelen romperse antes que los modelos de negocio.

    4. La IA no elimina el organigrama. Lo vuelve más exigente

    Thomson Reuters anunció la eliminación de un número limitado de puestos de ingeniería. Según una fuente citada por Reuters, el ajuste podría alcanzar 500 empleos. Al mismo tiempo, la compañía prevé crear más de 250 nuevas posiciones de ingeniería durante los próximos dos años, la mayoría sénior y especializadas en IA.

    Leídas juntas, las dos cifras revelan por qué el debate sobre empleo suele partir de una pregunta demasiado simple: ¿la IA crea puestos o los destruye? La realidad que empieza a aparecer es más incómoda. Puede hacer ambas cosas dentro de la misma empresa, en el mismo departamento y durante la misma semana.

    No se trata únicamente de una reducción de personal. Lo que está ocurriendo es una repriorización del valor. Cuando la tecnología automatiza parte de la ejecución, las organizaciones necesitan menos personas para ciertas tareas y más personas capaces de diseñar sistemas, supervisar resultados, integrar procesos y asumir decisiones complejas.

    El riesgo no afecta solo a quienes no conocen la IA. También alcanza a quienes saben utilizarla, pero no han construido nada alrededor de esa habilidad: criterio, experiencia, conocimiento del negocio, capacidad de relacionar problemas y responsabilidad sobre el resultado.

    La formación corporativa no puede limitarse a enseñar nuevas herramientas. Debe ayudar a las personas a subir en la cadena de valor antes de que su trabajo anterior baje de precio.

    5. La revolución más importante quizá no tenga una interfaz

    Bristol Myers Squibb se convirtió en la primera empresa de ciencias de la vida en adquirir un sistema Nvidia DGX SuperPOD basado en la arquitectura Vera Rubin. La compañía utilizará esa capacidad para ampliar la IA en sus procesos de descubrimiento y desarrollo de medicamentos.

    Sus ejecutivos afirman que las herramientas actuales ya reducen entre un 20% y un 30% el tiempo necesario para producir medicamentos destinados a ensayos clínicos, y consideran que la mejora podría alcanzar el 50% en los próximos años. Uno de sus tratamientos experimentales para la enfermedad de células falciformes, todavía en desarrollo temprano, probablemente no habría sido descubierto sin investigación asistida por IA.

    Su importancia radica precisamente en que no parece espectacular.

    No hay un chatbot recitando poemas. No hay un avatar que sorprenda en redes sociales. Hay científicos capaces de evaluar más candidatos, descartar antes los caminos equivocados y acercar una posibilidad terapéutica a una persona que espera.

    Durante demasiado tiempo, el avance de la IA se midió por lo visible que resultaba. Pero su verdadero impacto aparecerá cuando deje de reclamar atención y comience a mejorar silenciosamente los sistemas de los que depende la vida humana.

    La madurez de una tecnología llega cuando deja de ser el espectáculo y se convierte en infraestructura. En ese momento deja de importar si una empresa “usa IA”. Lo que importa es si descubre mejores medicamentos, toma mejores decisiones o resuelve problemas que antes no podía resolver.

    La innovación no se demuestra en una presentación. Se demuestra en la distancia que consigue acortar entre una posibilidad y un resultado.

    Cinco noticias, una sola transformación

    China quiere influir en las reglas. Europa quiere abrir los accesos. Meta estudia vender la infraestructura que otro competidor necesita. Thomson Reuters modifica el tipo de talento que considera valioso. Bristol Myers integra la IA en el corazón de la investigación farmacéutica.

    La conclusión es clara: la inteligencia artificial está dejando de ser un producto que las empresas compran. Está convirtiéndose en el entorno dentro del cual compiten.

    Por eso, la pregunta más importante para un líder ya no es: “¿Qué herramienta debería utilizar la empresa?”. Las preguntas difíciles son otras: ¿de qué infraestructura depende? ¿Quién controla el acceso a sus clientes? ¿Qué reglas acepta? ¿Qué capacidades humanas está volviendo más valiosas? ¿Y qué problema real puede resolver ahora que antes resultaba imposible?

    Quien siga observando la IA como una sucesión de lanzamientos verá muchas novedades y entenderá muy poco.

    Quien aprenda a leer las fuerzas que se mueven detrás de esas novedades podrá reconocer el futuro antes de que los demás lo llamen presente.

    (*) El autor es uno de los conferencistas internacionales más reconocidos en inteligencia artificial, estrategia de marketing digital e innovación. CEO de ESD Dubai y profesor internacional, ha impartido conferencias y formado a más de 20.000 profesionales en organizaciones como Google, NASA, PwC, EY, Ferrari, Armani y el World Economic Forum. Es autor de dos libros sobre inteligencia artificial y marketing digital, y asesora a empresas y líderes en la adopción estratégica de la IA.