Hubo un tiempo en que la conversación sobre la inteligencia artificial (IA) en las aulas se limitaba al dilema de la aceptación o la prohibición. Pero el tiempo dictó sentencia y esa línea divisoria se desvaneció para dar paso a una realidad donde la IA ya no pide permiso para entrar. Ahora, el debate ya no es sobre el permiso, sino sobre la integración.
Al principio, muchas universidades tacharon a la IA como una herramienta de plagio sofisticado. Incluso distritos escolares enteros llegaron a bloquear el acceso a ChatGPT en sus redes y hubo un período en que los profesores no sabían si estaban evaluando a un humano o a un algoritmo. La solución más simple parecía ser el veto.
No pasó mucho tiempo para que ese debate se volviera obsoleto porque, aceptémoslo, es imposible “prohibir” el uso de inteligencia artificial. Los alumnos tenían acceso a ella en sus smartphones, las empresas empezaron a pedir profesionales que supieran usar IA y se entendió que lo que debía cambiar no era la herramienta, sino tal vez la forma de evaluar.
La Encuesta sobre la IA en la Educación Superior en América Latina 2026 del Digital Education Council —con más de 30,000 respuestas en 29 instituciones— revela algo contundente: la IA ya es parte estructural del ecosistema universitario en la región.
El 92% de los estudiantes utiliza IA en su aprendizaje y el 79% de los profesores la usa en su enseñanza. De hecho, casi tres de cada cuatro estudiantes están seguros de que la IA será parte de su desempeño laboral futuro.
En pocas palabras, América Latina no está alcanzando al mundo en adopción de IA, está en un tramo avanzado de la curva. Pero justo ahí está la paradoja porque adopción no es sinónimo de preparación.
Una generación que usa IA, pero no necesariamente la entiende
Sí, los datos muestran entusiasmo. Pero ojo, aquí va un baño de realidad: más de la mitad de los estudiantes no sabe bien si lo que dice la IA es verdad o mentira. Además, al 65% le preocupa terminar aprendiendo de forma superficial, casi por encimita.
Estamos frente a una generación que adopta la tecnología rapidísimo, pero que aún no ha desarrollado al cien el juicio crítico para cuestionarla, auditarla o gobernarla. Ese desbalance es estratégico porque el riesgo no es que los estudiantes usen IA, es que la usen sin criterio.
Si sabes sobre IA, te sientes seguro; si no, vas a ciegas. Fijémonos en los números: 77% de los estudiantes que domina la IA se siente listo para comerse el mundo laboral, en cambio, los que no, viven con la incertidumbre de no saber lo que va a pasar. Con los profesores pasa exactamente lo mismo. Los que se han puesto las pilas con la IA son los que ven más claro cómo va a cambiar su trabajo y son los primeros en notar que pueden ser más productivos y dar clases de mejor calidad.
Saber de IA no es solo para que no te dé miedo el futuro, es un multiplicador de visión. Si lo vemos con ojos de negocio, la clave está clara: las universidades que enseñen inteligencia artificial no solo van a graduar gente que tendrá los mejores trabajos, sino profesionales todoterreno que sabrán adaptarse a cualquier mercado donde la IA ya sea el pan de cada día.
Lee más: Crea la UNAM su órgano rector de inteligencia artificial
El nuevo dolor de cabeza: ¿cómo evaluamos ahora?
Lo más delicado del tema no es si los alumnos usan IA para hacer ensayos, sino qué pasa con las calificaciones. A más de la mitad de los estudiantes le preocupa que la IA no sea justa al calificarlos y tiene miedo a que el mal uso de la IA por parte de sus compañeros acabe salpicando a todos. Los profesores también creen que la manera de evaluar necesita un cambio radical urgente. Si una tarea se resuelve con un solo clic en ChatGPT sin que el alumno tenga que pensar, el problema no es el bot, sino que la tarea estaba mal planteada desde el principio.
La clave no está en el veto, sino en cambiar la manera de calificar. Menos memoria y más sentido común. Hay que empezar a evaluar otras cosas: juicio, creatividad real, ser el auditor de la máquina y hacer equipo con el algoritmo.
La adopción de IA sin gobernanza clara tiene riesgos: uso desigual y poco ético, desconfianza en procesos de evaluación y brechas entre quienes dominan la IA y quienes apenas la entienden. Las instituciones que estructuren marcos claros —uso permitido, límites, transparencia en evaluación, protección de datos— no solo reducirán riesgos, sino que fortalecerán su legitimidad.
América Latina frente a una oportunidad histórica
Por mucho tiempo, parecía que en Latinoamérica siempre nos subíamos al último vagón de las transformaciones tecnológicas, pero estamos desafiando esa narrativa. En adopción de IA en educación superior, América Latina no está rezagada… está adelantada y esto nos abre una oportunidad histórica: podríamos convertirnos en un laboratorio global de modelos educativos híbridos humano-IA. Pero para aprovechar esa ventaja, también debemos cambiar de enfoque.
Ya no se trata de permitir o no la IA, se trata de:
- IA para todos y sin excusas: Que saber usar la IA no sea un extra o una opción, sino algo básico que atraviese todas las carreras desde el día uno.
- Exámenes que sí tengan sentido: Olvidarnos de las pruebas de memoria y evaluar con un ojo lo que hace el humano y con el otro cómo potencia la máquina.
- Decidir entre todos: No imponer reglas desde una oficina; que alumnos, profesores y expertos se sienten a la misma mesa para marcar el rumbo.
- Enseñar a dudar (con criterio): Que la ética y el pensamiento crítico no sean solo teoría, sino la brújula para saber qué creerse y qué no de lo que suelta el algoritmo.
El dato más revelador no es que más del 90% de los estudiantes y profesores prevé usar IA en el futuro, sino que ambos reconocen que la IA traerá cambios en la transformación de sus roles. La pregunta estratégica ya no es si todo cambiará, sino quién liderará ese cambio. Las universidades que actúen con visión —formando criterio, rediseñando evaluación y construyendo gobernanza clara— no solo sobrevivirán a la disrupción. Definirán el estándar de la próxima década.
Sobre la autora:
*Ana Peña es la directora comunicación corporativa en Intel para las Américas.
LinkedIn: Ana Peña
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México
¿Te gusta informarte por Google News? Sigue nuestro Showcase para tener las mejores historias











