Hace 186 años, John Sutter dejó su natal Suiza e inició una aventura cuyos resultados se reflejan ahora en las reservas de los bancos centrales.
La historia cuenta que al partir dijo uno de sus amigos: “necesito un nuevo mundo”. Su largo periplo lo llevó a la parte ahora conocida como Sacramento, en el entonces territorio mexicano de la Alta California. Ahí fundó New Helvetia, una pequeña comarca agrícola.
Unos años después cuando un operario cavaba un canal para llevar agua al molino encontró dos piezas brillantes y las llevó a Sutter, quien descubrió que una de ellas era oro.
Pronto los obreros ya pagaban sus compras con pepitas y comenzó la fiebre por ese metal, actualmente una de las divisas más estables aún frente a la incertidumbre geopolítica.
El oro no sólo representa un símbolo de riqueza es también una herramienta política central en la competencia internacional. Estados Unidos, China y Rusia lideran la acumulación de reservas como una estrategia para reforzar su influencia económica, reducir su dependencia del dólar y prepararse para un sistema financiero multipolar.
La semana pasada esta divisa alcanzó un máximo histórico de 2 mil 748 dólares por onza. Frente a una reñida votación presidencial en Estados Unidos y la persistente preocupación por el conflicto en Medio Oriente, con el riesgo de convertirse en una guerra más amplia, el oro ha sido visto como una de las materias primas con mejor desempeño.
Este año registró ganancias superiores al 30 por ciento, respaldadas por el optimismo sobre el recorte de tasas, fuertes compras de los bancos centrales y otras tantas del mercado asiático.
Los riesgos geopolíticos demandan la búsqueda de un refugio dorado.
En México, las reservas del banco central subieron a 9 mil 728 millones de dólares, un equivalente a 3.87 millones de onzas troy de oro fino. Al inicio de año se ubicaban en 7 mil 928 millones.
Aunque las reservas internacionales no son vistas como una fuente de financiamiento, la participación del oro en el portafolio del instituto central podría ir en aumento frente a la incertidumbre también generada por la rivalidad económica entre Estados Unidos y China.
Durante siglos, el oro ha sido una fuente de seguridad y una moneda de intercambio reconocida mundialmente. Los bancos centrales de muchos países lo acumulan para protegerse de las crisis financieras y de las fluctuaciones en los mercados de divisas.
La nueva fiebre del oro es una respuesta a la incertidumbre del escenario geopolítico y un deseo de los países por asegurar su soberanía económica. Es un refugio dorado.
Contacto:
Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.
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