De acuerdo con estudios realizados por la Universidad de Harvard, uno de los látigos que más azota la vida profesional de los individuos al trabajar es el efecto silo que se caracteriza por una comunicación pobre entre las diferentes áreas de una empresa. Según los profesores Thomas Kull, Elias Kirsche y Daniel Fikenstadt, este padecimiento agobia al ochenta por ciento de las organizaciones. El número es muy alarmante ya que, si se tratara de una enfermedad, estaríamos hablando de una pandemia.
El efecto silo se ha recrudecido en los años posteriores al encierro provocado durante la pandemia por covid-19. A pesar de que ya ha pasado el tiempo, se puede hacer un parteaguas entre lo que sucedía antes y después de que estuvimos confinados. Por alguna extraña razón, los seres humanos tuvimos que reaprender a convivir, a trabajar en equipo y a conseguir resultados en común.
Es verdad que se han hecho muchos esfuerzos para combatir esta pobreza de comunicación, falta de interés y fallas en la cooperación y aun así, no logramos abatir el creciente porcentaje de empresas que padecen el efecto silo. Se ha intentado una diversidad de alternativas, como formar equipos de trabajo interdisciplinarios, tecnología colaborativa, teambuildings, dinámicas de integración y todo lo que la imaginación ha podido dar y no ha sido suficiente. El problema es que el efecto silo toma dos derroteros: o se le ignora o se le trata como un problema monolítico. Es decir, se atienden los síntomas, las consecuencias y no se ataca la problemática específica.
Si la postura es ignorar, lo más probable es que se esté acunando el efecto silo y lo estemos patrocinando —tácita o directamente—. Es decir, se tapa el sol con un dedo y se busca que al ignorarlo el efecto desaparezca por sí sólo. La mala noticia es que eso no va a suceder.
Para combatir el efecto silo, lo tenemos que diagnosticar es qué tipo de silo tenemos que combatir. Para el equipo de los profesores Kull, Kirsche y Fikenstadt existen tres tipos de silos:
a) Sistemáticos
b) Elitistas
c) Proteccionistas
Estos silos, con independencia de su tipo, son manifestaciones comunes de problemas profundos, aunque cada uno de ellos tiene que prefigurar una estrategia distinta para poder combatirlos con éxito.
Los silos sistemáticos se dan cuando cada área de la organización prioriza sus propios objetivos y deja de ver las metas de la compañía. Se trata de una visión limitada, tunelada que deviene en falta de cooperación e incluso en sabotaje. Se genera por esos liderazgos egoístas en los que se da prioridad a la consecución de los resultados del departamento o área en vez de un triunfo compartido.
Reconocer los silos sistemáticos es muy complejo. Los liderazgos que los propician aparentan ser gente muy comprometida con los resultados, pero son incapaces de reconocer el esfuerzo de los demás equipos y llegan a culpar a los demás por la falta de cooperación de su equipo. Sabemos que una empresa tiene efecto silo sistemático cuando las juntas interáreas son hostiles, ríspidas y agresivas. Entonces, empezamos con el juego de yo no fui, fue Teté. No asumen los retrasos que se provocan por la falta de interés, las fallas de comunicación, las confrontaciones y comportamientos conflictivos. Por supuesto, no se consiguen los resultados deseados y no se llegan a las metas.
Por su parte, los silos elitistas se generan cuando ciertas áreas de la empresa tienen la idea de superioridad y preponderancia de su actividad por encima de las demás. Esto genera cuando el liderazgo propicia grupos que se perciben con un estatus de estrellato lo que desalienta la cooperación o, en definitiva, las bloquea. Los elitistas no descienden al nivel del suelo para hacer equipo y están patrocinados para continuar con esa práctica.
En el caso del efecto silo elitista se da cuando los equipos de trabajo creen que su experiencia, que su desempeño, su actividad son demasiado meritorios o complejos como para ser valorados o comprendidos por los demás que son simplistas. La elite se aísla y se agrupa en torno a sí misma para conservar ese dejo de exclusividad. Por lo mismo, y para proteger su estatus, no permitirán que la información fluya, pondrán freno a la comunicación y construirán barreras para permanecer intocados.
El diagnóstico de los silos elitistas también es complejo porque muchas veces se generan desde la alta dirección, aunque no lo admitan. Se dan cuando desde los niveles jerárquicos altos se enraízan esas conductas sutiles de preferencias, de tratos de excepción. Estos silos generan mucha frustración ya que bajan la moral de los grupos que no pertenecen al silo elitista, disminuyen el ánimo de la organización y se demerita la meritocracia.
El silo proteccionista es cuando se guarda —o se oculta información— para proteger intereses, estatus o autoridad. A diferencia del silo elitista, en el caso del proteccionista, lo que se intenta es salvaguardar ciertas canonjías, se trata de evitar un recorte presupuestal, perder relevancia en la institución. Es un efecto tramposo y a todas luces es una mala práctica mal disimulada.
El efecto silo proteccionista se detecta cuando los equipos empiezan a regatear la información —te digo a cambio de esto o aquello— en vez de dar datos en forma colaborativa. Se oculta información que pueda hacer quedar mal al departamento, aunque eso ponga en riesgo a la empresa. Se genera mucho papeleo burocrático, retrabajos, hay exceso de correos electrónicos que retrasan el trabajo de los demás, se provoca una actividad excesiva que no lleva a conseguir los resultados. Es complejo porque se da información, sí, pero a cuentagotas. Se finge cooperación, pero no se da, en realidad.
Un efecto silo proteccionista es cuando un equipo de trabajo no quiere dejar ciertos privilegios. Por ejemplo, equipos que trabajan a distancia y no están dispuestos a regresar a la presencialidad, pero que no aumentan su eficiencia.
Las categorías del efecto silo están muy próximas unas de otras y su raíz está en una comunicación pobre y en un egoísmo mayúsculo. Hay empresas que padecen de los tres efectos silo y los tratan como si fuera un elefante en la sala de juntas que todos han preferido ignorar.
Combatir el efecto silo es diagnosticar sus razones, es liderar sobre las bases de una comunicación efectiva, es alinear las metas y objetivos corporativos y profesionales, adoptar una política para compartir datos en forma segura. Lo que se busca es empezar por mitigar las consecuencias de este efecto, sea cual sea el silo que se padezca.
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