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    Por Eduardo Navarrete*

    En 1908, Henry Ford revolucionó la industria automotriz con la introducción del Modelo T, pero no fue el famoso vehículo el que inyectó valor a ese hito, sino el método que derivó en la producción en cadena que Ford implementó.

    En la superficie, este proceso de innovación transformó la industria automotriz, pero en realidad sirvió como base para acelerar y transformar la manufactura a nivel global. Además, en 1914, Henry Ford sorprendió a la industria con otro movimiento disruptivo: aumentó los salarios de manera generalizada, con lo que evitó fugas de talento e incrementó el valor de trabajar en la empresa.

    Sin proponérselo, esta iteración de innovaciones técnicas y sociales expresa la capacidad que tiene la innovación misma para ser reimaginada y renovada con la intención de crear valor humano en espiral ascendente.

    ¿Está la innovación en el fin de un ciclo?

    La historia de Xerox puede servir como pista. Pionera en la industria de la fotocopiadora con el modelo Xerox 914, la empresa dominó el mercado durante décadas, sin saber capitalizar las innovaciones de su propio centro de investigación, como la interfaz gráfica y el mouse. Fue solo a través de una reinvención digital y la diversificación de sus servicios que Xerox pudo resurgir y adaptarse.

    La innovación tendría que ser vista como un proceso profundo, iterativo y colaborativo, no como un viaje con inicio y fin. Adoptar metodologías que promueven la experimentación, la observación diligente y el aprendizaje de los fracasos, hace una diferencia más allá del papel. Se trata de validar el rol de la curiosidad y recuperar la práctica del, simplemente pensar, libre de estímulos.

    Pero hoy se adoptan ideas al vuelo y métodos de best sellers sin necesariamente valorar el impacto en su aplicación. Un ejemplo de esto es la llamada y venerada cultura “Agile”, que se enfoca en la adaptación rápida y flexible, en acelerados y paralelos desarrollos iterativos y en una abierta colaboración entre equipos tecnológicos que buscan eficiencia y efectividad en los proyectos.Una gran cantidad de los casos de ansiedad, depresión y problemas socioemocionales que están brotando en la dermis social se debe a la malinterpretación del manifiesto de agilidad que habla de abordar pasos paralelos en el ecosistema del software. Cuando se saca de este contexto y se pretende instaurar en otras áreas bajo el precepto de una aceleración con retribuciones inmediatas, el mecanismo desgasta y vicia a las personas con facilidad.

    Estudiar estas metodologías —que parecen estar escritas en piedra— y saber desecharlas o adaptarlas con argumentos propios es el principio mismo de la innovación, si se entiende que ésta es la gestión y el surfeo de la incertidumbre.

    Dado que el objeto de estudio de la innovación es el tiempo y sus efectos —como la incertidumbre y sus escenarios— se trata de un ente en movimiento que tiene inicio, picos y fin, por lo menos, en diferentes etapas o ciclos.

    Ciclos de innovación humana

    Los sistemas de clasificación pueden variar con base en hitos de relevancia, pero para entender el punto podemos considerar seis grandes ciclos de innovación humana:

    1. Revolución agrícola (10,000 adne)
    2. Revolución urbana (3,500 adne)
    3. Revolución industrial (Siglo XVIII – XIX)
    4. Revolución tecnológica (Segunda mitad del Siglo XX)
    5. Revolución digital y de la información (Finales del Siglo XX – XXI)
    6. Revolución biotecnológica y nanotecnológica (Siglo XXI)

    No es necesario un asistente de IA para notar cómo estas revoluciones suceden mucho más seguido ni entender que entre ellas se cataliza un efecto integrador y regenerador de conocimiento y capacidades. De este breve listado de seis revoluciones se pueden anticipar otras que están sucediendo en paralelo:

    • Revolución de la energía verde y los espacios sostenibles
    • Revolución de la inteligencia artificial y la automatización
    • Revolución cuántica
    • Revolución de la biología sintética
    • Revolución de la realidad extendida
    • Revolución del espacio

    Cada una de estas revoluciones requiere su propio ciclo de innovación, aunque estas etapas se superpongan, convivan y estén interconectadas. Cada ciclo de innovación representa y expresa una serie de fundamentos, inquietudes, lenguaje, modelos y una serie de fases que estructuran la adopción y la propagación de nuevas tecnologías y prácticas. Por lo menos encontraríamos en ellas:

    • Acopio de referencias y asociación
    • Investigación y descubrimiento
    • Desarrollo y prototipado
    • Comercialización y primeros usuarios
    • Adopción masiva y expansión
    • Optimización y madurez
    • Saturación y declive
    • Transición a nuevas etapas

    Si consideramos que uno de los actuales ciclos de innovación es el de la revolución digital, habría que decir que en realidad se encuentra en evolución y generando nuevas etapas y subciclos. Probablemente existan objetos o aplicaciones de innovación actuales —como el propio teléfono celular o la laptop—  que están alcanzando su madurez y que tocan o contienen parte del espectro de esta revolución digital, pero el ciclo digital debería ser visto fuera de sus contenedores o productos depositarios.

    Volver al ejemplo de Henry Ford perfila el nivel de habilidad con la que este personaje reimaginó la innovación, no solo al considerar productos sino también procesos y políticas laborales, comprendiendo así el lenguaje y el ciclo en el que se encontraba.

    En el momento en el que la innovación se ve como un fin en sí mismo, deja de ser un medio para crear valor sostenible.

    Contacto:

    * Eduardo Navarrete es especialista en Estudios de futuros, periodista, fotógrafo y Head of Content en UX Marketing.

    Linkedin: https://www.linkedin.com/in/eduardo-navarrete

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    Instagram: @elnavarrete

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