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    Andy Russick, quien vende frutas y tomates enlatados a importantes supermercados estadounidenses como Kroger, hospitales y escuelas, comparte el objetivo declarado detrás de la guerra comercial y de aranceles del presidente estadounidense Donald Trump: combatir las importaciones baratas procedentes de China.

    Sin embargo, cuando los aranceles estadounidenses sobre las importaciones de acero y aluminio se duplicaron al 50 % el 4 de junio, su empresa, la fabricante de alimentos enlatados Pacific Coast Producers, se convirtió en daño colateral en el fuego cruzado de las erráticas políticas comerciales de Trump.

    El problema es que, desde 2017, cócteles de frutas, verduras y alimentos enlatados similares importados desde China, el sudeste asiático y Europa han estado inundando los estantes de los supermercados estadounidenses, socavando los precios de productos comparables fabricados en EU.

    Ahora se prevé que esa tendencia se acelere, ya que el costo del acero especial utilizado para conservar alimentos aumentará aproximadamente un 6% para Pacific Coast, con sede en Lodi, California, debido a la última ronda de aranceles sobre este metal, según explicó Russick.

    “Nos estamos viendo envueltos en ese incendio forestal”, dijo Russick, vicepresidente de ventas y marketing de Pacific Coast, un importante proveedor de productos de marca blanca de larga duración en EU.

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    De latas a cartones: cómo afectan los aranceles de Trump a los productos enlatados

    Los nuevos aranceles al acero y al aluminio —metales utilizados en el envasado de alimentos, bebidas y productos de cuidado personal como la crema de afeitar— están provocando un ajuste de cuentas para muchas empresas, que ahora enfrentan mayores costos y se ven obligadas a buscar alternativas como envases de vidrio, plástico o fibra.

    Los fabricantes de envases alternativos ven, al mismo tiempo, una nueva oportunidad para ganar mercado. Russick espera que, en los próximos años, parte de los productos se envíen en cartones asépticos, como los producidos por la sueco-suiza Tetra Pak y el grupo suizo SIG, o que se venda más salsa de tomate en bolsas de aluminio más económicas a los restaurantes, para reducir costos.

    En febrero, el director ejecutivo de Coca-Cola, James Quincey, dijo a los inversores que, ante la expectativa de que los aranceles al aluminio y al acero aumentaran al 25%, el fabricante de refrescos podría dar mayor prioridad al plástico si las latas se volvían demasiado caras.

    “La guerra comercial está alimentando el debate sobre la necesidad de eliminar el aluminio de los envases de bebidas”, afirmó Samuel Sigrist, director ejecutivo de SIG Group, cuya empresa ofrece envases asépticos sin aluminio.

    Campbell Soup Company, cuyas latas de sopa se convirtieron en icónicas obras de arte, señaló en un comunicado que estaba trabajando para mitigar los aumentos de costos derivados de los aranceles y que seguiría dependiendo del acero para su envasado.

    Los fabricantes de botellas de vidrio también esperan ganar participación de mercado frente a las latas de aluminio utilizadas para cervezas, según Scott DeFife, director del Instituto de Envases de Vidrio de Estados Unidos, que representa al sector.

    “Si persisten estos aranceles, la reducción de márgenes acabará forzando una respuesta”, advirtió Zak Stambor, analista de eMarketer. “A largo plazo, las empresas podrían tener que replantear sus estrategias de embalaje”.

    Actualmente, Russick busca trasladar entre 8 y 10 millones de dólares en nuevos costos, derivados de los aranceles al acero especial utilizado para las latas, a sus clientes. La empresa proyecta que esa cifra podría aumentar a 40 millones de dólares el próximo año.

    Para la próxima primavera, el costo de las latas entregadas a la costa del Pacífico para la próxima cosecha podría aumentar hasta un 24 % debido a los aranceles, concluyó Russick.

    Grandes obstáculos

    Pero esos posibles cambios del aluminio y el acero hacia envases asépticos o de vidrio conllevan obstáculos logísticos y de costo.

    La mayoría de las botellas de vidrio siguen siendo más costosas que las de aluminio porque son más pesadas para enviar.

    Las latas de aluminio ya se han consolidado en algunas bebidas estadounidenses: alrededor del 64 % de la cerveza vendida en 2023 se presentó en latas de aluminio, según el Beer Institute. Estas latas también son comunes en categorías de bebidas de rápido crecimiento, como las bebidas energéticas, como las de Molson Coors, las marcas de agua sin gas, incluida la popularísima Liquid Death, y los cócteles premezclados.

    Gran parte del aluminio utilizado para fabricar esas latas se recicla y no está sujeto a aranceles, dijo Jack Buffington, director de cadena de suministro y sostenibilidad de la consultora First Key, que asesora a las industrias cervecera y de bebidas.

    Según la Asociación del Aluminio, la lata promedio de bebida estadounidense ya contiene alrededor del 71% de material reciclado. Esta cifra podría aumentar si los consumidores estadounidenses reciclaran con mayor diligencia.

    Anheuser-Busch InBev, cuyo director financiero, Fernando Tennenbaum, dijo a Reuters en mayo —antes de que se duplicaran los aranceles al aluminio— que el impacto financiero de los gravámenes que afectan a las latas “no era relevante” para la compañía.

    AB InBev, que obtiene la gran mayoría de sus latas en EU, no tenía previsto realizar cambios en sus envases, afirmó. La empresa declinó hacer comentarios para este artículo.

    Empresas como Coca-Cola, que ya utilizan diversos envases, podrían tener más facilidad para responder a los aranceles al aluminio. En cambio, las cerveceras que han estado cerrando líneas de embotellado para centrarse en las latas tendrían que realizar cuantiosas inversiones para reestructurar sus operaciones, afirmó Buffington.

    El plástico ya representa casi el 50% de los envases de Coca-Cola a nivel mundial, según el informe ambiental 2023 de la compañía, frente al 26% del aluminio y el acero. Solo el 8% de los envases de su rival PepsiCo se envasaron en aluminio en 2023, dijo la compañía.

    Krones, empresa líder alemana en tecnología de embalaje, cuyos productos incluyen líneas de embotellado de vidrio, dijo que hasta ahora no ha visto ningún cambio significativo hacia el vidrio.

    Es poco probable que se produzca un cambio rápido y generalizado hacia otras formas de embalaje en un momento de mayor incertidumbre, ya que las empresas dudan en tomar decisiones financieras o estratégicas importantes basadas en políticas que creen que podrían cambiar, dijo Scott DeFife, del Instituto de Envases de Vidrio de EE. UU.

    “Creo que algunos están esperando a ver qué funciona y qué no”, dijo. “Una medida de 30 días no supone una amenaza inmediata para la cadena de suministro”.

    Con información de Reuters

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