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    Por José Kont*

    Los últimos datos de Silicon Valley Bank revelan una realidad que México ya no puede darse el lujo de ignorar: el 59% de los unicornios estadounidenses —empresas valuadas en más de mil millones de dólares— han sido fundados por emprendedores migrantes, incluyendo talento mexicano. La narrativa de que en México falta talento queda desmontada ante cifras contundentes. Lo que realmente falta es estrategia.

    Según la US Small Business Administration, uno de cada cuatro nuevos negocios en Estados Unidos es liderado por un latino y juntos generan más de 800 mil millones de dólares anuales para la economía estadounidense. Sin embargo, muchos de estos emprendedores enfrentan obstáculos que resultan familiares para quienes intentan innovar en México: acceso limitado a financiamiento, mercados saturados y laberintos regulatorios.

    México celebró la llegada a 11 unicornios en 2025, con Kavak a la cabeza. Pero surge una pregunta ineludible: ¿cuántos más podrían haber surgido si hubiésemos invertido desde antes en una estrategia nacional de escalamiento? Cada fundador que cruza la frontera con su idea representa valor intelectual y económico que se desvanece para el país.

    La migración de talento no es solamente un fenómeno demográfico; es una fuga de valor estratégico. En Estados Unidos, los fundadores extranjeros han generado 1.5 trillones de dólares en valor, comparados contra los 0.4 trillones generados por sus pares estadounidenses. Muchos de ellos, incluyendo algunos mexicanos, han encontrado allá las condiciones de capital, escala de mercado y cultura de emprendimiento que les faltó en casa.

    Guadalajara, que presume ser el “Silicon Valley mexicano”, agrupa a más de mil empresas tecnológicas y 150,000 profesionales. Ciudad de México cuenta ya con 300,000 especialistas en tecnología y atrajo 3.4 mil millones de dólares en capital de riesgo. Sí, hay infraestructura y hay talento, pero lo que sigue faltando es una mentalidad de retención y verdadera ambición global.

    Ahora, la tendencia en Estados Unidos de restringir la inmigración calificada paradójicamente abre una ventana para México. Mientras el vecino del norte cierra puertas, México puede y debe abrirlas; no solo para el talento nacional, sino para atraer fundadores de países con ecosistemas aún más avanzados, que buscan nuevos mercados y entornos afines para emprender y transferir know-how.

    No se trata de competir frontalmente con Silicon Valley, sino de complementarlo y aprovechar la proximidad cultural y geográfica para convertirnos en laboratorio y hub de pruebas para el mercado hispano de Estados Unidos.

    En México y América Latina, los fundadores han desarrollado naturalmente una mentalidad “camello”: resilientes, eficientes en recursos y expertos en sobrevivir aún en entornos adversos. Esta filosofía —hoy más que nunca— es un diferenciador competitivo frente a otros ecosistemas que priorizan el crecimiento a cualquier costo.

    Recientemente Cuantico VP publicó el listado 2026 de las startups mexicanas más prometedoras, donde destacan fintechs y empresas de base tecnológica que ya compiten de tú a tú a nivel internacional. Si seguimos impulsando este tipo de talento antes de que cruce la frontera, México no solo podrá evitar la fuga de cerebros, sino también ganar la carrera global de la innovación.

    El país está en un momento clave. El talento y el mercado existen, pero la ventana de oportunidad se cierra rápido ante el cambio de dinámicas globales. La pregunta ya no es si México puede ser protagonista de la próxima ola de innovación, sino si tendrá la visión y urgencia para capitalizarlo antes de que sea demasiado tarde.

    El futuro pertenece a los ecosistemas capaces de retener y potenciar su talento emprendedor. México tiene todas las cartas: es hora de dejar de guardarlas y empezar a jugarlas con estrategia.

    Sobre el autor:

    Jose Kont es director ejecutivo de Cuántico y Venture Partner de Impacta VC.

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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