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    La economía mexicana ha sido, en más de una ocasión, subestimada por quienes se dedican a evaluarla. En los últimos siete años, diversas agencias calificadoras y organismos multilaterales han fallado incluso en algunas de sus proyecciones.

    Si bien este tipo de errores forman parte de la naturaleza incierta de toda proyección económica, lo relevante en el caso de México es la recurrencia de ciertas hipótesis que, más allá de incorrectas, muestran una dificultad persistente para entender la dinámica económica del país.

    El dato más reciente lo informó la Presidenta Claudia Sheinbaum la semana pasada: el Producto Interno Bruto creció 0.7 por ciento en el segundo trimestre del año, con un acumulado de 2.3 por ciento en lo que va del ciclo. La cifra contrasta con la previsión del Fondo Monetario Internacional. “El FMI había dicho que iba a caer la economía, pero desde antes dijimos que se están equivocando porque la economía de México está fuerte, sólida”, dijo la mandataria.

    No es un caso aislado. En 2023, México cerró con un crecimiento del 3.2 por ciento mientras las principales agencias calificadoras proyectaban apenas 1.2. Aquel año, organismos internacionales minimizaron la fortaleza del mercado interno, el empuje de las remesas, la expansión del comercio exterior y el impacto del nearshoring.

    En 2019, tras la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México, Fitch Ratings bajó la calificación soberana con el argumento de riesgos institucionales e incertidumbre para la inversión privada. El entorno macroeconómico, sin embargo, sostuvo un superávit primario, estabilidad cambiaria y el grado de inversión.

    Ese mismo año, las agencias alertaron sobre el impacto fiscal de los apoyos gubernamentales a Pemex con pasivos que comprometerían la sostenibilidad de las finanzas públicas. Sin embargo, México cerró 2020 con una deuda neta de 52.4 por ciento del PIB, menor a la de países con calificación superior.

    En materia cambiaria ocurrió algo similar. En 2023 y 2024, el peso mexicano se posicionó como una de las monedas emergentes más fuertes frente al dólar. Factores como el diferencial de tasas de interés, entrada de remesas, disciplina fiscal y confianza en el Banco de México sustentaron esa apreciación. Sin embargo, varios informes anticipaban una depreciación nunca materializada.

    Ahora hay indicadores verificables en términos distributivos.  En promedio, entre 2018 y 2024 el ingreso en hogares subió 15.66 por ciento impulsado por el incremento del salario mínimo y subsidios. En la Ciudad de México, la Jefa de Gobierno, Clara Brugada, ha consolidado un modelo social con eficiencia fiscal. La recaudación creció 8.8 por ciento anual en su total al primer semestre del año, su mayor incremento en dos décadas.

    Las calificadoras y organismos multilaterales cumplen funciones esenciales, aunque requieren adaptar sus modelos a realidades económicas que desafían los moldes tradicionales.

    Sobre el autor:

    Salvador Guerrero Chiprés es Coordinador General del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano (C5) de la Ciudad de México.

    X: @guerrerochipres

    www.c5.cdmx.gob.mx

    Twitter: @C5_CDMX

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