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    Expertos, analistas, investigadores, líderes hacen el enésimo llamado, lanzan crudas advertencias y vuelven a encender las alertas sobre la ebullición climática. El umbral de 1.5° C de aumento a la temperatura promedio global será alcanzado.

    Ni los mayores esfuerzos y ajustes podrían ya dar marcha atrás a las tremendas transformaciones que el clima mundial está experimentando. Las consecuencias de todo tipo son cada día más claras y crudas.

    Se hace evidente la multiplicidad de frentes que demuestran las consecuencias de no haber actuado a tiempo. Las olas de calor empeoran; tornados, tolvaneras, tormentas, tifones, granizo, sequías, desertificación, selvas y bosques devastados y arrasados, biodiversidad extinta, huracanes, ondas polares, deslaves, inundaciones e incendios forestales en niveles récord.

    Los daños también muy diversos, económicos, sociales, políticos, incertidumbre, inestabilidad, migración, todo al mismo tiempo en todas las latitudes, ninguna región queda a salvo del impacto y consecuencias advertidas.

    Los pronósticos, escenarios y simulaciones apuntan a que estamos a tan solo unos años de un incremento de la temperatura promedio mundial de casi 3°C, en comparación con la era preindustrial.

    Lo anterior ha traído consecuencias y efectos colaterales a gran escala, obligando de paso a cambios radicales en toda la vida en el planeta tal y como la conocemos.

    Enormes presiones sociales están a la vuelta de la esquina. El dialogo parece infructuoso, la cooperación internacional brilla por su ausencia, largas pero estériles discusiones; pocos acuerdos, recursos paupérrimos, escasos compromisos, postergación, dilación, excusas, prejuicios, divisionismo -es decir- todo lo contrario, a lo que urge.

    Las transformaciones esperadas y los acuerdos internacionales no se han cumplido por lo que las viejas prácticas se mantienen inalteradas, nada mueve ni conmueve a las grandes empresas de la energía sucia, la industria, transporte, minería, farmacéutica, combustibles, comercio, construcción y agricultura.

    Los gobiernos, hundidos en la corrupción se la pasan en debates, excusas, culpas, expiaciones, discursos y complicidades. Las empresas no buscan sino mayores y más diversas formas de aprovechar la situación.

    Otra vez una advertencia cruenta. Entramos en un punto crítico o tomamos las decisiones, implementamos las acciones y programas o los cambios en el clima afectarán más temprano de lo esperado a la humanidad amenazando su supervivencia de manera irreversible, profunda e inexorable.

    No hay tiempo ya para la duda o la inamovilidad; los cambios son contundentes, desalentadores, pero al ser tan concretos y visibles no admiten contraargumentación:

    • En los últimos 15 años se ha perdido un 20% de la biodiversidad, miles de especies han sido borradas de la faz de la tierra.
    • Casi el 45% de la población del mundo enfrenta problemas de salud, alimentación y costos por la escasez y baja calidad del agua.
    • En el 2024 se perdieron millones de hectáreas de bosques y selvas por la acción humana.
    • Dos tercios de la población mundial están expuestos al consumo de alimentos y agua contaminados o en condiciones muy por debajo de las normas aceptables.
    • Las masas de hielo polar, glaciares y permafrost se extinguen más rápidamente y de forma irreversible que lo previsto por la comunidad científica.
    • Los expertos pronostican una alteración de las corrientes marinas en los siguientes 15 a 20 años, lo que traerá consecuencias devastadoras para el ecosistema, el clima (particularmente en el hemisferio norte) alimentación y la supervivencia misma.  
    • Se presenta un aumento constante de padecimientos crónicos, enfermedades y muertes por cáncer, diabetes, calor, obesidad, cardiacas, pulmonares, plagas e infecciones relacionadas con la ebullición climática y la contaminación.
    • La explotación de recursos naturales genera una polución explosiva, los daños se extienden al 98% de todos los cuerpos de agua y un estimado del 35% de los suelos y subsuelos.
    • Cada año se rebasan los registros históricos de inundaciones, sequias, temperaturas, derretimiento de hielos perpetuos; olas de calor, tormentas, incendios forestales, ruptura del ciclo de cultivos, nivel de los mares, desertificación, pérdida de especies; con todo las implicaciones y costos económicos, demográficos y ambientales que esto acarrea.
    • Más de la mitad de los hábitats naturales, bosques, zonas de reserva, selvas y valles han quedado convertidos en tierras estériles, condenando a la extinción de la biodiversidad.
    • Miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero, químicos peligrosos, fertilizantes, plásticos y toda suerte de materiales cancerígenos se volatilizan y dispersan por todo el mundo.
    • La sobrepoblación y la escasez de oportunidades generan grandes flujos migratorios incontrolados acarreando conflictos y tensiones políticas hacia los países desarrollados.
    • Las “zonas muertas” y los “mares de plástico” siguen creciendo eliminando la vida y las fuentes de alimentación en los sobreexplotados y contaminados océanos.
    • Los enormes volúmenes de basura, contaminantes aéreos; desechos químicos y nucleares se siguen multiplicando y están presentes en todo el planeta, no hay escape para ellos.  

    Aún en medio de este desastre originado por la actividad humana, todavía hay quienes cuestionan las cifras y hasta les parece exagerado, billones de dólares se invierten en publicidad falsa para ocultar o minimizar la gravedad de la situación; la arraigada corrupción continua al alza y los responsables siguen en la impunidad.

    Las generaciones futuras enfrentaran un medio ambiente hostil, arrasado, pagaran los costos de esa inacción, indiferencia y cinismo exacerbado.

    Las convocatorias, estudios y cifras dejan claro que el delicado balance que origino la vida en el planeta, que la ha sostenido durante eones se ha roto, se ha perturbado por la ambición depredadora, oscura y sin escrúpulos.

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