En tiempos de incertidumbre económica, los analistas recurren a herramientas tanto convencionales como no tradicionales para anticipar cambios en el ciclo económico. Uno de los indicadores más curiosos y debatidos es el llamado lipstick index, un concepto popularizado por Leonard Lauder a principios de 2000. Este índice plantea que, en momentos de recesión o desaceleración, los consumidores tienden a reducir el gasto en bienes duraderos o de alto costo, inclinándose en su lugar por pequeños lujos como los cosméticos, particularmente el lápiz labial. La lógica subyacente sugiere que, al no poder costear artículos de gran valor, las personas buscan gratificaciones accesibles que mantengan una sensación de bienestar o autoestima en medio de la adversidad.
No obstante, la evidencia empírica en torno a esta fenómeno resulta ambigua. Aunque existen registros que muestran incrementos en ventas de cosméticos durante ciertos períodos de crisis —como los posteriores al 11 de septiembre o a la recesión de 2001— otros momentos de tensión, como la Gran Recesión de 2008 o los efectos económicos del confinamiento por Covid-19, reflejaron una contracción significativa del consumo en productos de belleza. En este 2025, el comportamiento del mercado cosmético parece estar marcando nuevas dinámicas. Informes recientes revelan una caída del 15 % en las ventas de labiales premium durante el primer trimestre del año, aunque se registran alzas en artículos de bajo costo como bálsamos o brillos labiales, sugiriendo una transición del consumo estético hacia tendencias de cuidado básico o multifuncionalidad más que de indulgencia hedonista. Asimismo, las marcas han identificado un giro hacia productos que promueven el bienestar integral, en línea con un consumidor más racional y selectivo, que valora tanto el precio como el propósito.
En el caso mexicano, este tipo de indicadores alternativos se insertan en un contexto económico de bajo dinamismo. Según estimaciones del Banco de México y otros organismos multilaterales, el crecimiento del PIB en 2025 oscilará entre el 0.1 % y el 0.4 %, con una inflación que, aunque en descenso, aún se ubica por encima de la meta oficial. La política monetaria se ha tornado más cautelosa: luego de varios recortes, la Junta de Gobierno del Banco Central ha optado por moderar el ritmo de reducción de tasas, reconociendo la persistencia de presiones inflacionarias, la fragilidad del consumo interno y el débil desempeño de sectores clave como la construcción y la manufactura. A esto se suma una política fiscal con escasos márgenes de maniobra ante la necesidad de mantener estabilidad macroeconómica en un año marcado por la renovación del poder ejecutivo y la transición administrativa.
En el plano internacional, el crecimiento global proyectado por el Fondo Monetario Internacional es de 3.2 %, pero persisten nubarrones. Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y China, los cambios en las cadenas de suministro y la presión geopolítica derivada de conflictos en Europa del Este y Medio Oriente generan volatilidad e incertidumbre. Para México, cuya economía depende en gran medida del comercio exterior, especialmente con Estados Unidos, cualquier alteración en los términos del T-MEC o en las condiciones arancelarias puede tener efectos significativos en su desempeño económico. A esto se suma la desaceleración del consumo estadounidense, lo que puede impactar tanto las exportaciones manufactureras como las remesas, pilares fundamentales del ingreso nacional.
El lipstick index, más allá de su carácter anecdótico, ofrece una ventana de análisis interesante sobre el comportamiento de los consumidores en tiempos de tensión económica. Si bien no debe considerarse un indicador suficiente ni aislado, su lectura puede aportar matices valiosos al análisis macroeconómico, sobre todo cuando se vincula con otras señales de gasto discrecional y confianza del consumidor. En este 2025, marcado por un crecimiento raquítico, una inflación aún presente y riesgos geoeconómicos latentes, la observación de estas conductas de consumo puede anticipar cambios en los patrones de resiliencia social y económica. La compra de pequeños lujos —como un labial, un café o un labubu— se convierte, en última instancia, en una forma de resistencia simbólica frente a la incertidumbre. Así, más que un simple reflejo de crisis, el fenómeno del lipstick index representa la capacidad humana de encontrar placer, identidad y consuelo en medio de los ciclos económicos adversos.
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