Es curioso, pero cuando vamos pavimentando nuestro camino al éxito podemos olvidarnos de los materiales fundamentales: enfoque y dirección. Nada vale tanto como permanecer enfocados en el rumbo correcto. Entenderlo es valioso en todo momento, especialmente cuando el trayecto se oscurece, las situaciones se ponen duras y sentimos que hemos perdido el sentido. Mantenernos enfocados y en la dirección es tan relevante porque cuando lo tenemos claro, todo lo demás se alumbra.
Lewis Caroll, en una de mis novelas favoritas: Alicia en el país de las maravillas, narra este pasaje entre el Gato Risonte y la protagonista. Ella está perdida en el jardín. Su rostro refleja confusión frente a la infinidad de opciones y vías que puede tomar. Hay flechas que apuntan en diferentes direcciones. No tiene idea de cuál puede ser su mejor alternativa. Entonces, el Gato Risonte se le aparece recostado en la rama de un árbol. Alicia le pregunta: ¿Qué camino debo tomar? ¿A dónde quieres ir?, le cuestiona el gato. No sé, estoy perdida. En ese caso, toma el que quieras. Y, sí. La respuesta del Gato no sólo es pertinente sino sabia. Cuando no sabemos a dónde queremos ir, da igual a dónde queremos llegar. Cuando olvidamos cuál es nuestro destino, lo mismo da ir al norte que al sur, a la derecha o a la izquierda. Sin embargo, más nos vale saber.
El enfoque es algo más profundo y sustancioso que plantear metas. Una meta es un punto en la ruta, es la cruz que nos marca el destino. Es una referencia que queremos alcanzar y que no debemos olvidar cuando en el día a día se nos presentan problemas, obstáculos y retos que nos hacen sentir que se nos alejan las posibilidades de éxito. Pero si perdemos el enfoque y la dirección, entonces, no es que la meta se aleje, es que se pierde.
Un consejo que los boy scouts dan a quienes se pierden en el bosque es que se fijen una meta en el horizonte, una montaña o un árbol muy grande. Se trata de buscar un punto que no sea inmediatamente accesible. La magia de hacerlo es que los pasos encuentran una dirección y el caminante extraviado tiene un foco de atención. Se trata de caminar hacia la salvación.
Cuando perdemos el rumbo, sin importar si se trata de una cuestión personal, de un proyecto de emprendimiento, de una empresa o un corporativo de niveles globales, también se pierden los objetivos, el plan para lograrlos deja de importar, los valores y los principios se escurren por el drenaje y se desdibujan los escenarios. Así no se puede medir progreso o retroceso. Se descompone la brújula y, ¡sálvese quien pueda!
Un dicho mexicano muy en línea con el tema es: si quieres tener resultados de oro, tienes que plantearte metas de oro. Muchas veces nos preguntamos cómo es posible que empresas experimentadas, con años en el mercado, con productos que han sido exitosos, pierdan ventas y ya no sean las preferidas de sus consumidores. No es que la ejecución de la estrategia no haya sido la adecuada o que hayan perdido sus viejas ventajas de mercado. Al menos, no en la mayoría de los casos. El sorprendente común denominador es que se distrajeron, dejaron de poner atención, se desenfocaron y perdieron el rumbo.
Cuidado, mantenerse enfocados no significa estar estancados. El estancamiento viene cuando no se pone atención en los mensajes que envía el mercado y se deja al consumidor de lado. Por evidente que parezca, este hecho tan sencillo es uno de los elementos más descuidados por parte de ejecutivos, emprendedores y empresarios. Nos distraemos con facilidad, hay mucho ruido en el ambiente y es muy fácil que olvidemos la dirección y nos perdamos en el camino. El enfoque y la dirección están muyb relacionados con un concepto antiguo que podemos creer que está en desuso: la fidelidad.
Ser fieles a nuestros objetivos, a nuestra meta es poner atención en lo que verdaderamente importa. Cuando los problemas llegan —siempre llegan— es muy fácil dar marcha atrás, dudar, cambiar el rumbo, modificar la dirección. Olvidarnos y pasar a otra cosa. La fidelidad indica esa tolerancia a la frustración que se necesita para no salir corriendo, significa no darnos por vencidos antes de tiempo, sortear los obstáculos y salir adelante. Buscar y recuperar el camino del éxito.
Es como cuando nos encontramos neblina en carretera, lo peor que puede hacer el conductor es salirse del camino. Más vale afinar los sentidos, avanzar con precaución sin perder la dirección y concentrarnos en avanzar para llegar al destino. Sí, así es. Claro que la perseverancia se puede llegar a confundir con la necedad. Tal vez, en el camino nos vamos a encontrar con obstáculos típicos del corto plazo y lo que necesitamos es elevar la mirada y ser capaces de atisbar el largo plazo, o aunque sea, imaginar lo que haremos en un mediano plazo.
Algo muy importante para enfocarnos y seguir en la dirección correcta es mirar profundo y reflexionar. ¿Dónde están nuestras raíces? Todos podemos cometer errores y es de sabios reconocerlos. No hay recetas maravillosas, pero si acaso te sientes como Alicia en el país de las maravillas y no encuentras la dirección correcta, déjame darte unos consejos que pueden ser útiles:
- Si las acciones que estás tomando no te acercan a la meta: piénsatelo mejor, piensa dos veces.
- No tengas demasiadas metas. Sobre todo, no tengas muchas metas si estás te llevan a tomar rumbos divergentes, puede ser que termines caminando en círculos
- Platéate metas de oro y persigue los caminos que te lleven a ese lugar.
- Recuerda, las metas son como el pescado: después de un tiempo dejan de ser algo fresco y empiezan a apestar.
- Mantenernos en una meta innalcanzable por mucho tiempo es tan malo como estar cambiándola frecuentemente.
Pavimentar el camino de éxito significa concentrarnos, mantener el foco y perseverar en la dirección. Es tener clara la meta para llegar a ella. Es dejar de pensar en llegar a otros tantos lugares cuando todavía no hemos alcanzado el primero. Se trata de utilizar nuestros recursos para conseguir lo que nos planteamos. Estas reglas son muy valoradas por los militares. Entienden que no ganaran la guerra si no triunfan en las batallas. Lo triste es que esta premisa básica se nos olvida. Se trata de enfocarnos y no perder la dirección.
Contacto:
Correo: [email protected]
Twitter: @CecyDuranMena
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.
Sigue la información sobre los negocios y la actualidad en Forbes México










