La Ciudad de México vive una paradoja crónica: se inunda con furia en temporada de lluvias y padece estrés hídrico durante el estiaje. En el centro de esa contradicción –agravada por el cambio climático, la urbanización y décadas de infraestructura pensada para evacuar, no para conservar– la diputada local Miriam Saldaña (PT) propone un viraje de fondo: una Propuesta Integral de Gestión del Agua y Recuperación Fluvial que articula desentubación de ríos, creación de lagunas artificiales y el arranque de la primera red pluvial separada del drenaje sanitario en la capital.
“Este ya no es solo un proyecto político; es un proyecto de vida: recuperar ríos en la Ciudad de México, empezando por desentubar el Río La Piedad”, dice la legisladora, quien preside la Comisión del Uso y Aprovechamiento del Espacio Público del Congreso capitalino, en entrevista con Forbes México. “Llevo más de una década picando piedra. Si fuera fácil, ya estaría hecho”.
La radiografía que traza Saldaña parte de la historia: la capital se asentó sobre cinco grandes lagos y una red de unos 70 ríos cuyo rastro persiste en toponimias como los ríos Churubusco, San Joaquín o Mixcoac. “Hace 50 años se inauguró el drenaje profundo y aprendimos a evacuar el agua, pero no a conservarla, ni a utilizarla”, apunta. Ese sistema –con decenas de kilómetros de túneles a grandes profundidades–, expulsa el fluido hacia Tula, Hidalgo, en millones de metros cúbicos cada año. “Del cielo nos cae siete veces el agua que la ciudad necesita, y la mandamos como aguas negras. Eso es insostenible”, recuerda, citando una vieja reflexión técnica que escuchó en foros hidráulicos.
La memoria de una urbe anfibia no es metáfora. La diputada evoca imágenes de archivo: el Zócalo convertido en laguna durante las lluvias, farmacias con clientes hasta la cintura en agua y chalupas cobrando “taxi” acuático para cruzar calles. “Durante décadas se asumió que, como eran un par de semanas al año, bastaba con resistir. Hasta que la presión política y social obligó a pensar en soluciones de ingeniería”, dice.
La Piedad: el río invisible bajo el Viaducto
El eje simbólico de la propuesta de Saldaña es el río La Piedad, hoy confinado bajo el Viaducto Miguel Alemán. “La Piedad no existía per se; es la confluencia de los ríos Tacubaya y Becerra”, explica. Sus escurrimientos bajan de zonas altas, con basura incluída -que empeora el problema- y, a la altura del Periférico, se unifican para internarse en un tubo que corre bajo la arteria vial. “En temporada de tormentas, el diámetro no alcanza; el agua ‘revienta’ por las lumbreras y termina inundando las laterales”.
-¿Qué cambiaría al desentubar?
“Podríamos dragar, ampliar sección, reabrir el cauce y permitir que el agua infiltre al subsuelo. Un río vivo regula; un río en tubo solo corre y colapsa”, sostiene. El rediseño, dice, no es un capricho paisajístico: reduce inundaciones, recarga acuíferos y crea un corredor de espacio público. “Las laterales de La Piedad podrían repensarse como zonas de uso mixto –vivienda, comercio, servicios– con oferta para distintos ingresos. Es más eficiente y socialmente justo que expulsar a la gente cada vez más lejos”.
El segundo eje apunta al río Magdalena, el único gran río a cielo abierto que sobrevive en la ciudad. “Mi propuesta es trazar una tubería alterna que, en lugar de entubarlo al drenaje en Churubusco, lo conecte con Canal Nacional y lo lleve a Xochimilco”, explica. Con ello, el caudal alimentaría los canales chinamperos en estiaje y aliviaría el estrés hídrico de ese humedal histórico. “No es un sueño guajiro: es ingeniería básica bien hecha, con topografía, mecánica de suelos y control de caudales”.
A mayor escala, la diputada plantea aprovechar la traza de río Churubusco para conducir excedentes hacia el Lago de Texcoco y su área de restauración. “Ya hice recorridos técnicos; hay que estudiar pendientes y cotas, pero reconectar con Texcoco tiene sentido hidrológico y ecológico”, dice. “He conversado con especialistas que ven viable que La Piedad, Becerra y Tacubaya dejen de ser solo tubería y se integren a un sistema que recupere el paisaje del agua”.
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Iztapalapa: de vasos reguladores insalubres a lagunas de agua tratada
El tercer eje aterriza en Iztapalapa, bastión electoral de Saldaña y una de las zonas más vulnerables a inundaciones. “Detectamos dos vasos reguladores –Laguna Mayor (Guelatao) y El Salado– que hoy reciben aguas negras a cielo abierto. Eso enferma a la población circundante”, advierte. La propuesta de la legisladora es tratar en sitio, profundizar y convertirlos en lagunas artificiales con capacidad conjunta superior al millón de metros cúbicos. “Con ese volumen puedes regar camellones, parques, abastecer usos industriales y deportivos, y empezar a despresurizar la demanda de agua potable”, señala. “Cuando exista oferta de agua tratada suficiente, entonces sí tiene sentido prohibir –incluso con sanciones–, llenar albercas o procesos industriales con agua potable”.
En este sentido, Saldaña subraya que no está presentando “la ley milagro”, sino una carpeta de proyectos ejecutivos que corresponden al Poder Ejecutivo. “Los diputados no perforamos túneles ni operamos plantas; gestionamos, fiscalizamos y articulamos”, aclara. En ese camino ha sostenido acercamientos con la Secretaría de Gestión Integral del Agua, la Secretaría de Obras, Protección Civil y Medio Ambiente, además de la jefatura de gobierno de Clara Brugada. “He encontrado apertura. A diferencia de otras administraciones donde el medio ambiente era un adorno, hoy hay disposición para entrarle”.
No obstante, el calendario político también importa. “En octubre presentaré mi primer informe legislativo y usaré esa ventana para socializar la propuesta”, dice. Y ya mira a marzo, alrededor del Día Mundial del Agua, para organizar el Primer Foro Internacional del Espacio Público y el Agua. “Un primer año de un día; después crecerlo. El tema da para todo: movilidad, comercio en vía pública y, por supuesto, ríos y drenaje pluvial”.
En torno a su propuesta, remarca que la recuperación fluvial no es solo hidráulica; es economía urbana. “Son palabras mayores: obra pública que detona empleo y cadenas de valor”, advierte. También, mercado inmobiliario con otra lógica. “No más edificios de un solo uso. Uso mixto, integración social por metraje y acabados, no por segregación territorial”.
La ciudad en su “cubeta”: del drenaje profundo a la red pluvial
La diputada recurre a la necesidad de crear la primera red pluvial de la ciudad y apela a una imagen potente: la cuenca del Valle de México como una cubeta rodeada de volcanes y barrancas, donde el agua escurre hacia el centro. “Durante siglos hubo canales y lagunas temporales; la ciudad aprendió a convivir con ello”, recuerda. El drenaje profundo, concebido en el siglo XX para evitar crisis estacionales, fue necesario; hoy, es insuficiente y, sobre todo, incompleto si no se acompaña de captación, almacenamiento e infiltración. “No tenemos red pluvial. Mezclamos la lluvia con el sanitario y la mandamos al profundo”, resume y las consecuencias son: inundaciones recurrentes y escasez estructural. “Si logramos recuperar solo un río y activar nodos de almacenamiento, habremos cambiado la historia hídrica de la capital”, afirma.
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