El gobierno corporativo existe para contener lo que la buena voluntad no alcanza a controlar.
El gobierno corporativo no solo trata de reglas, estructuras y procesos: trata de conductas humanas. En las empresas familiares, donde la emoción suele ir más rápido que la razón, la fábula del escorpión y la rana —de origen anónimo y transmitida por tradición oral— ofrece una advertencia sobre el riesgo de basar decisiones en la confianza ciega y no en mecanismos objetivos de control, supervisión y límites.
El escorpión y la rana
Un escorpión y una rana se encontraban junto a una charca. El escorpión deseaba cruzar al otro lado y no sabía cómo, hasta que se le ocurrió pedir a la rana que lo llevara sobre su espalda.
La rana, temerosa, se negó:
—Si te cruzo, me picarás y moriré.
El escorpión respondió:
—¿Cómo voy a hacer eso? Si te pico, tú morirás… y ambos nos ahogaremos.
La lógica parecía impecable, y la rana aceptó.
Pero cuando iban por la mitad de la charca, el escorpión la picó.
Mientras se hundían, la rana preguntó:
—¿Por qué lo hiciste?
El escorpión respondió:
—No lo pude evitar… está en mi naturaleza.
Moraleja: no ignores la naturaleza de las personas ni de los comportamientos; incluso cuando aparentan buenas intenciones, pueden actuar en contra del bien común.
Lectura desde el gobierno corporativo
El gobierno corporativo existe precisamente para evitar que la “naturaleza” —o los impulsos, inercias y patrones emocionales propios de la familia— dicten el rumbo de la empresa.
La fábula ilustra que las buenas intenciones no son suficientes: hace falta un sistema que asegure comportamientos alineados con el propósito, la sostenibilidad y la continuidad del negocio.
En las empresas familiares, los riesgos más grandes no provienen de actores externos, sino de decisiones internas tomadas con criterios personales, emocionales o basadas exclusivamente en la confianza. Sin estructuras, cualquier reacción espontánea puede convertirse en un “aguijón” que dañe la gobernabilidad.
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Aplicación práctica
1.La confianza debe institucionalizarse
El cariño y la familiaridad no sustituyen acuerdos formales.
El Protocolo Familiar, los pactos de accionistas y los códigos de conducta son la “espalda” segura que evita picaduras inesperadas.
2. La naturaleza no se cambia solo con intención: se regula con mecanismos
Comités, consejos, controles, auditorías, indicadores y políticas claras evitan que comportamientos espontáneos deriven en decisiones estratégicas perjudiciales.
3. Separación entre familia, propiedad y gestión
Cuando los roles están mezclados, las emociones gobiernan.
Cuando están delimitados, el negocio avanza sin que cada decisión dependa del estado de ánimo de un miembro de la familia.
4. Profesionalizar para evitar riesgos internos
Incorporar talento no familiar, establecer criterios de méritos, aplicar evaluaciones y promover rendición de cuentas desactivan muchos “aguijones” involuntarios.
5. Supervisión independiente: la contraparte de la confianza
Un Consejo de Administración con consejeros externos aporta objetividad, evita impulsos dañinos y protege el patrimonio de decisiones impulsivas.
6. Cultura de responsabilidad emocional
No basta con estructuras: la familia debe asumir que gobernar implica regular emociones, aceptar límites y actuar con madurez. Sin esta cultura, las reglas se vuelven letra muerta.
La fábula nos recuerda que, en la empresa familiar, confiar únicamente en la palabra o en la intención puede poner en riesgo incluso a quienes desean lo mejor.
El gobierno corporativo no es desconfianza: es una forma superior de confianza, porque protege a todos de las consecuencias de su propia naturaleza.
Para que la familia siga unida, a veces hay que poner límites; y para que la empresa prospere, hay que dejar que las reglas —no los impulsos— guíen la travesía.
¿Está tu empresa familiar cruzando el río con reglas claras o confiando en que la naturaleza no se manifestará?
Sobre el autor:
Twitter: @mariorizofiscal
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