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    Buscando inventar a Dios y quedarnos con los derechos

    Hay una frase famosa que dice “Cuidado con los falsos profetas”, y no es por buscar darle un sentido religioso o espiritual a este nuevo artículo, aquí hablamos de negocios y de tecnología, sin embargo, justo en estos dos puntos, negocios y tecnología, es donde se está depositando una fe y un optimismo falso y exagerado en la IA, haciendo de esta nueva tecnologìa el nuevo profeta.

    “La IA dominara todo lo hecho de palabras, incluido la filosofia, la religion, leyes y libros”

    Yuval Nola Harari

    World Economic Forum 2026

    Argumento muy controversial y para mi gusto sin ningún fundamento real, Es muy evidente que los evangelistas de esta tecnología buscan sorprender de mas, pero despues de 3 años de promoesas incumpidas, y usos my basicos para las herramientas de IA a nivel masivo parecen estar llevando a esta burbuja a su punto de estallido, después de todo gastar trillones de dólares para que la mayoría de los usuarios le pidan a ChatGpt recomendaciones de restaurantes no es exactamente la visión del futuro que nos prometieron.

    Cada revolución tecnológica ha traído consigo una promesa de salvación. La inteligencia artificial no es la excepción. Hoy no solo la usamos para optimizar procesos o escalar negocios; la estamos colocando, silenciosamente, en un lugar mucho más peligroso: el de la verdad absoluta, la autoridad moral y la respuesta correcta.

    En el fondo, la obsesión con la IA no es sólo eficiencia. Es algo más profundo. Es el viejo deseo humano de crear un dios a nuestra imagen y semejanza… pero esta vez con propiedad intelectual, términos de uso y derechos reservados.

    Hablamos de “modelos que saben”, “sistemas que deciden” y “algoritmos que predicen mejor que las personas”. Les delegamos juicios, conversaciones, creatividad e incluso empatía. Y en ese proceso, comenzamos a robotizar lo humano, convencidos de que la fricción emocional es un bug y no una característica esencial de la vida.

    La ironía es brutal: en nuestro intento por eliminar el error humano, también estamos eliminando el criterio, la duda y la responsabilidad. Cuando una decisión viene “recomendada por la IA”, deja de ser nuestra. El algoritmo se convierte en profeta, y nosotros en seguidores cómodos.

    Pero ningún modelo entiende el bien y el mal. Ninguna IA tiene conciencia, valores ni contexto moral propio. Solo refleja los sesgos, intereses y limitaciones de quienes la estrenaron. Aun así, actuamos como si fuera neutral, objetiva, incuestionable. Como si no pudiera equivocarse.

    En nombre de la automatización, estamos sustituyendo conversaciones por interfaces, vínculos por flujos y liderazgo por dashboards. Queremos eficiencia en relaciones que, por naturaleza, son imperfectas. Queremos respuestas rápidas para preguntas que deberían incomodarnos. Queremos soluciones tecnológicas para problemas profundamente humanos.

    En industrias creativas como el gaming, esto se vuelve evidente. No es la tecnología la que crea experiencias memorables, sino la intención humana detrás de cada decisión: qué historia contar, cuándo callar, cuándo sorprender, cuándo fallar. La IA puede ayudar a construir mundos, pero no puede decidir por qué deberían importar.

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    La era del ‘Fake Interactive’

    Mientras escribo esto salió a la luz el nuevo motor de Google, Genie, que sin ser nada más que un “tech demo” y sin ofrecer nada de sustancia real nos podría impulsar a la era del “fake interactive” , la simple promesa de crear mundos 3D interactivos con puro texto parece demasiado buena para ser real y es, no es una propuesta real, sin embargo fue suficiente para espantar al mercado y golpear las acciones de las empresas desarrolladoras de videojuegos por qué el mundo, a ciega, pensó que esto podría reemplazar el esfuerzo humano, creativo, técnico y multidisciplinario que desarrollar un videojuego, esto esta muy, pero muy lejos de la realidad. Lo que sí se podría empezar a ver es una serie de “videos interactivos” usando propiedad intelectual de terceros de manera ilegal (por que es de lo que se alimenta la herramienta) promoviendo ideas, juegos y plataformas falsas, haciendo que la sociedad entre en la era del “fake interactive”  y salgan cientos de “gurús expertos” buscando capitalizar en el pánico.

    El riesgo real no es que la IA nos quite el trabajo. Es que nos quite la responsabilidad de pensar. Que dejemos de entrenar criterio porque confiamos en sistemas que “saben más”. Que busquemos en la tecnología respuestas existenciales que nunca estuvo diseñada para dar.

    La historia nos ha enseñado que cada vez que la humanidad busca falsos profetas (sean ideológicos, económicos o tecnológicos) el problema no es el ídolo, sino la fe ciega que depositamos en él.

    La inteligencia artificial no necesita ser destronada. Necesita ser desmitificada. Volverla herramienta, no oráculo. Asistente, no juez. Amplificador de inteligencia humana, no su reemplazo.

    Porque si seguimos intentando crear a Dios en forma de algoritmo, no solo perderemos el control de la tecnología. Perderemos el hábito de pensar por nosotros mismos.

    Y ningún sistema puede devolvernos eso.

    “Por sus frutos los conoceras”. así va otra frase famosa y seguimos sin la intención de darle un ángulo religioso a este artículo, pero aplica muy bien para este momento en el ciclo de vida de la IA, ¿Veremos este año propuestas reales, aplicables y generadoras de valor y dinero en la IA? o ¿Será otro año donde esta revolucionaria tecnología se siga usando para tener conversaciones con ChatGpt, hacer videos falsos, y llenar internet de basura generada critica?

    Por sus frutos conoceremos a esta tecnología y a sus evangelistas.

    Sobre el autor:

    Gonzalo A Girault Facha

    Socio Fundador Radient Game Studios

    “We are what we play”

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    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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