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    En 2026, conceptos centrales como “contenido”, “entretenimiento” y “redes sociales” terminarán de transformarse. No es una exageración. Es el resultado directo de la consolidación de la inteligencia artificial como infraestructura cultural.

    OpenAI firmó un acuerdo con Disney para que Sora genere videos sociales con más de 200 personajes de Disney, Marvel, Pixar y Star Wars. El deal comienza en 2026, dura tres años, incluye una inversión de mil millones de dólares y otorga a Disney warrants para comprar más participación. Algunos de estos videos podrán verse en Disney+.

    Traducción: el “todos van a poder postear un video bailando con Darth Vader” ya no es exageración cultural, sino un nuevo (o evolucionado) modelo de negocio.

    Casi al mismo tiempo, Netflix anunció un movimiento espectacular: Adquirir Warner Bros., incluyendo HBO, HBO Max y todo su universo de estudios y franquicias. La transacción se valúa en 82.7 mil millones de enterprise value y 72 mil millones de equity.

    Estas dos noticias, juntas, marcan un antes y un después. Ya no estamos en una guerra de suscriptores. Estamos en una guerra por infraestructura cultural. Las pantallas dejaron de ser el destino: ahora compiten por el derecho de alimentar los motores que crean nuevas pantallas:

    El zeitgeist se está reescribiendo… Siempre lo describí como un péndulo: intuición humana y predicción algorítmica chocando en un mismo feed. Pero ese péndulo ahora se mueve a velocidades impresionando.

    Sora 2 (la plataforma de social media de OpenAI) se lanzó el 30 de septiembre de este año con una promesa potente: generar video y audio sincronizado, con efectos sonoros, y compartir. El demo no era lo más importante. Lo importante era el feature “characters”: puedes meterte en escenas generadas por IA con alta fidelidad después de grabarte unos segundos en video. Es decir: tu cara también es IP. Tu voz también. Tu carisma también.

    Aquí entra Disney con un gesto sutil pero poderoso. El acuerdo no incluye voces ni likeness de talento. Puedes usar a Darth Vader, pero no su voz. Puedes usar la figura, pero no el actor. Es una línea ética pensada para sobrevivir en la era del deepfake trivial.

    Y hay una razón de fondo. De acuerdo con fuentes WPP, PwC y el Foro Económico Mundial los humanos solo detectamos si un contenido es generado por IA el 51% del tiempo. Peor aún, cuando se trata de imágenes o video, la precisión baja del 50%.

    Eso cambia todo. Si no distinguimos lo real de lo sintético, entonces el valor ya no está en la producción, sino en la distribución, la firma cultural, el derecho de uso y el control del IP.

    Netflix lo entiende. Por eso, al comprar Warner, no solo adquirió contenido. Adquirió universos. “Friends”, “Harry Potter”, “Game of Thrones”, “The Sopranos”, “The Wizard of Oz”, “DC Universe”.

    Ahora imagina ese universo convertido en playground generativo. No porque Netflix quiera reemplazar todo con IA. Sino porque el usuario lo va a pedir: quiero mi versión de Central Perk. Quiero mi escena con Hermione. Quiero mi cameo en Gotham.

    ¿Y si los estudios se resisten? El mercado no negocia con moral. Negocia con deseo. Por eso Sora no se lanzó como “herramienta”. Se lanzó como red social. Feed personalizable. Remix. Videos colaborativos. Interfaz diseñada para crear más que consumir. Pero el solo hecho de tener un feed de video generativo ya es gasolina premium para el motor de la adicción social.

    OpenAI lo sabe. Por eso limitará las generaciones diarias para adolescentes. Admiten que les preocupan el doomscrolling, la adicción y la aislación. La ironía es perfecta: para evitar la adicción, hay que pelear contra lo que hace adictivas a las redes.

    Pero el algoritmo no lo es todo. De hecho su magia depende del sentido de humanidad… En cualquier semana random, un CEO abraza a una colega con la que tiene una relación extramatrimonial en un concierto de Coldplay y termina siendo chisme corporativo global. O el tipo que levanta una hoja de vida en un concierto de los Jonas Brothers y se convierte en símbolo de ansiedad laboral.

    No salieron de un prompt. No los predijo un modelo. Salieron de mezcla irrepetible: vergüenza, humor, empatía y morbo. El algoritmo no los crea. Los encuentra, los amplifica, los multiplica.

    Ahí está la tesis: el zeitgeist del futuro será un péndulo entre intuición y predicción. Sentiremos cultura y también nos la sugerirán. A veces sintetizada. A veces real. Siempre inevitable.

    Este péndulo no solo cambia el contenido. Cambia la estética de la época. Empieza a crecer un fenómeno que no habíamos previsto: el cansancio visual. Mientras algunas marcas entran en modo prueba-y-error con IA, otras reivindican la “prueba de que hubo manos humanas”.

    Coca-Cola lanzó dos anuncios navideños generados con IA. Ambos recibieron backlash. McDonald’s en Países Bajos lanzó un spot hecho por IA y fue delistado de YouTube. El spot decía: “escóndete en McDonald’s hasta enero”. Provocación o desesperación.

    El debate ya no es “si se puede”. Es “si se debe”. Y más importante: ¿la gente quiere verlo? Apple lo entendió diferente. Su anuncio “A Critter Carol” fue filmado con títeres reales, bosque miniatura a tres pies del suelo, efectos digitales mínimos, tipografía hecha a mano, y grabado con iPhone 17 Pro.

    En un mundo saturado de AI slop, la artesanía empieza a sentirse como lujo. Taylor Swift también leyó bien la atmósfera. Su video ‘The Fate of Ophelia’ debutó primero en cines por solo 48 horas antes de llegar a YouTube. Recaudó 33 millones de dólares en tres días. El mensaje no fue “lo hicimos sin IA”. El mensaje fue “esto vale la pena verlo en persona”.

    Y si 80% del contenido ya es curado por algoritmos de IA, entonces estamos en una fábrica de realidades paralelas, todas compitiendo por atención en el mismo espacio donde vive tu vida real. Sí, habrá watermarks. Pero los incentivos son más fuertes que los sellos. En internet, cuando algo se vuelve obstáculo, se vuelve objetivo.

    Por eso Disney, mientras se asocia con OpenAI, también se pone agresivo. Axios reportó demandas de Disney y Warner Bros. Discovery contra Midjourney, y cease & desist enviados a Google y Character.AI. La estrategia es clara: licencio cuando puedo, litigo cuando no.

    Y Netflix ya tiene claro que el verdadero rival cultural no es otro streamer. Es YouTube. Reuters lo dice con datos: YouTube tiene 13% del mercado en EE.UU. Netflix espera subir de 8% a 9% con la compra de Warner.

    Entonces sí. Todos vamos a poder postear videos bailando con Darth Vader… ¿estaremos listos como personas y sociedades para este nuevo Zeitgeist? 

    Sobre el autor:

    * Luis Chacón es consultor global de negocios; enfocado en consumo masivo, estrategia competitiva, innovación, y prospectiva.

     Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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