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    Por Sebastián Moglia Claps*

    Una empresa privada en San Francisco decidió hace unas semanas quién tiene acceso a la herramienta más poderosa que existe. No fue un gobierno, no fue la ONU, no hubo votación, ni tratado, ni consulta. Fue Anthropic,los creadores del maravilloso Claude, que muchos usamos.

    Hablemos de lo que pasó, con datos, sin vueltas ni eufemismos.

    Anthropic lanzó Mythos, un modelo de inteligencia artificial que en pocas semanas encontró vulnerabilidades críticas en todos los sistemas operativos principales, en todos los navegadores de uso masivo y en infraestructura que tiene entre diez y veintisiete años de antigüedad sin que nadie la hubiera detectado. 

    Un modelo que identificó y explotó de forma completamente autónoma una vulnerabilidad de diecisiete años en FreeBSD, sin intervención humana después de la instrucción inicial. 

    Miles de vulnerabilidades de día cero, muchas de ellas críticas, en cada sistema operativo importante y en cada navegador principal y no estamos hablando de un asistente que redacta correos más rápido, estamos hablando de algo que puede tirar por tierra la infraestructura financiera de un país antes de que alguien en ese país sepa que existe.

    El Banco de Inglaterra habló de “abrir por completo el mundo del riesgo cibernético.” El ministro de Finanzas de Canadá lo comparó con cerrar el estrecho de Ormuz, un medio ruso lo llamó “peor que una bomba nuclear.” No son metáforas de periodista de tecla rápida, son las palabras y opiniones de gente que administra infraestructura crítica y que de pronto entendieron que la ventaja que creían tener puede evaporarse con un prompt en lenguaje natural.

    Y aquí viene lo que más debería importarnos.

    Anthropic eligió quién tiene acceso: cuarenta organizaciones en total, todas vinculadas a infraestructura tecnológica global. Amazon, Apple, Microsoft, Cisco, CrowdStrike.

    Reino Unido fue el único país, fuera de Estados Unidos, que obtuvo acceso oficial. La Comisión Europea se reunió con Anthropic al menos tres veces y no logró ni eso. Todo el resto del mundo, afuera.

    Hasta el día de hoy, no existe un tratado de no proliferación de IA, no hay inspecciones compartidas, no hay reglas consensuadas ni acuerdos globales sobre quién debería tener acceso a estos sistemas ni cómo debería manejarse su uso. 

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    Eso no es un tema tecnológico, es un tema de poder y de quién tiene (o va a tener), el sartén por el mango.

    Los países que no participan en el desarrollo de los modelos de IA más avanzados, no tienen voz cuando se reparten los accesos, cuando se definen las restricciones o cuando se escriben las reglas. La cruda realidad es que Son comensales en una mesa donde les sirven el plato que otro les sirve.

    Aquí es donde quiero ser muy directo con los que leen esto desde una agencia, desde un equipo de marketing o desde una dirección de tecnología en México: la conversación que tenemos en nuestra industria sigue siendo sobre herramientas. Qué prompt funciona mejor, qué automatización ahorra más tiempo o cómo integrar IA en el funnel. Todo eso está muy bien, todo eso tiene valor, pero es la conversación de quien opera en la superficie sin ver el fondo.

    El fondo es que las capacidades ofensivas de la IA pueden expandirse más rápido que las defensivas, creando un período de riesgo muy alto antes de que se establezca un nuevo equilibrio. Y en ese período, los que no entienden de qué se trata el juego van a descubrir que no estaban jugando, si no que eran los juguetes del juego.

    No digo que una agencia en México tenga que desarrollar su propio modelo avanzado de IA, eso sería ridículo, una estupidez, lo que digo es que los profesionales y las empresas que operamos en el ecosistema digital tenemos que empezar a pensar en términos de control y propiedad tecnológica, no solo de eficiencia operativa. 

    Tenemos que entender que el acceso a estas fantásticas y asombrosas herramientas no es, aunque nos duela admitirlo, un derecho adquirido, es una concesión revocable, otorgada por quienes realmente controlan la infraestructura.

    Los modelos avanzados de IA ya son una ficha geopolítica y Mythos lo confirmó con una claridad que no deja mucho margen para la mirada tonta e ingenua. 

    Y para mí, déjenme decirles, no es solo un tema de quién tiene el control de estas tecnologías, cosa que ya es algo bastante delicado, porque no es lo mismo que estén en manos de gente (digamos), que cree en la democracia y la libertad del ser humano o de un dictador, de lo que muchos llaman todavía, “el mundo occidental” o China, si no también si estas tecnologías, en algún momento, no pueden llegar a escaparse del control de cualquier humano o gobierno.

    Porque digámoslo clarito, la IA no es cualquier tecnología, un misil nuclear no se dispara solo por su propia voluntad, necesita de alguien que “apriete el botón” o de la orden, ¿pero qué pasa con una tecnología como la IA que aprende solita y que puede tomar decisiones por su cuenta? ¿Podemos en algún momento perder el control de ella?

    Algunos dirán que si, otros que no, pero la verdad es que nadie puede decir a ciencia cierta si eso va a ocurrir o no. Hoy, depende de nosotros, mañana, quién sabe.

    Y para cerrar por hoy el tema y quedarnos pensando, el punto no es si esto nos afecta, el punto es si estamos viendo el tablero completo o solo la casilla donde estamos parados.

    Los arquitectos leen el tablero completo, la gran mayoría, solo espera a que alguien les diga dónde poner el siguiente ladrillo.

    Sobre el autor:

    *Sebastián Moglia Claps

    Linkedin: sebastianmoglia

    Twitter: @Sebastianmoglia

    Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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